Este es nuestro más reciente editorial, compartido en el programa Notas humanas y Divinas que se emite todos los domingos por la Cadena Básica Nacional de RCN.

Naciones Unidas en Colombia publicó, a finales del año pasado, el cuarto informe sobre los niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado del país, abarcando el período comprendido entre el primero de julio de dos mil dieciséis y el treinta de junio del año pasado, en el contexto de la implementación del Acuerdo Final de Paz.

Si bien ha disminuido el número total de violaciones graves contra menores, en parte por la firma del Acuerdo de Paz; sin embargo, los grupos armados existentes ampliaron su presencia territorial, incluso en zonas abandonadas por las FARC-EP, situación que continúa exponiendo a los niños, niñas y adolescentes a violaciones graves, en particular al reclutamiento, la utilización y la violencia sexual y restricciones al derecho a la educación. Durante estos últimos meses hemos visto, especialmente en el sur occidente del país, en Cali, en Leiva y Samaniego-Nariño, graves hechos de masacres y diversos tipos de violaciones sobre los menores y jóvenes. Presuntamente estos hechos están ligados al control del poder local y de los negocios ilegales de la minería y el narcotráfico, por parte de organizaciones como el ELN, las Autodefensas Gaitanistas, también conocidas como el Clan del Golfo, el EPL o Pelusos, Los Caparrapos (anteriormente vinculados a los Gaitanistas), y las disidencias de las FARC.

El informe de Naciones Unidas expresa que esta situación se ve agravada por la presencia limitada de la autoridad del Estado en esas zonas, tanto a través de las instituciones de seguridad como de las entidades civiles. Pero igualmente porque las estrategias utilizadas desde los organizamos de seguridad del Estado no son eficientes ni efectivas. Y la connivencia entre sectores corruptos del Estado en todos sus estamentos y de sectores económicos con capitales ilegales, agregan a esta dinámica, el uso de la violencia como estrategia de dominación. En estos contextos los menores y adolescentes corren altos riesgos de ser reclutados y manipulados por las organizaciones armadas.

Durante el período del informe, el año dos mil dieciocho fue el que arrojó el mayor número de violaciones graves, cuatrocientos treinta, lo que supone un aumento del setenta y siete por ciento, frente al año anterior. El reclutamiento y la utilización de menores y adolescentes es la violación más destacada. Además, entre dos mil dieciséis y diecisiete, el número de menores y adolescentes desplazados disminuyó de cuarenta y un mil a treinta y nueve mil, pero en el año dos mil dieciocho aumentó a más de cincuenta y cinco mil y, durante el primer semestre del año pasado se registraron más de veinticuatro mil, cifras verdaderamente alarmantes y aterradoras.

Finalmente, el informe hace un llamado a los grupos armados para que pongan fin de inmediato a las muertes de niños, niñas y adolescentes. También insta a las partes en conflicto para que adopten medidas adicionales de protección a menores y adolescentes durante las operaciones militares, mediante el principio de precaución, y se eviten enfrentamientos en las zonas donde hay civiles y menores y se trabaje para que se ponga fin a la violencia sexual.

El arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, Luis José Rueda Aparicio, en reciente comunicado expresó: “Rechazamos con vehemencia las masacres perpetradas contra jóvenes en Cali y Samaniego (Nariño), de ninguna manera podemos callar ante el hostigamiento y presión despiadada de los grupos armados ilegales, contralas comunidades urbanas y rurales, con lo cual limitan la libertad de nuestros pueblos, generan una anticultura de muerte y de miedo. No podemos callar ante estos grupos que torturan a campesinos, indígenas y afrocolombianos, a hombres y mujeres. No podemos callar ante las amenazas y asesinatos de reincorporados en el proceso de paz, no podemos callar cuando las fuerzas macabras pretenden destruir a sangre y fuego la esperanza de los colombianos”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara.

Director General CINEP/Programa por la Paz

Vera Zamudio, coordinadora nacional de incidencia del Servicio Jesuita a Refugiados (organización miembro de la Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia -COALICO) cuenta en qué consiste la campaña del Día de la Manos Rojas.

¿Qué es la campaña de las Manos Rojas?

Vera Zamudio: La campaña del Día de las Manos Rojas, es una conmemoración que hacemos cada año el 12 de febrero, recordando las directrices que se dieron desde el comité de los derechos del niño de Naciones Unidas, cuando declara el protocolo facultativo para la prohibición de la participación de los niños y las niñas en los conflictos armados y las guerras.

Desde el 12 de febrero de 2002 cada año, las diferentes organizaciones que trabajamos con los niños y niñas hacemos un trabajo de visibilización y sensibilización en cuanto a la importancia de no vincular a los niños y a las niñas a los conflictos armados y a la guerra.

¿En qué consiste la Campaña?

V.Z: Cada año se hacen cosas distintas, partiendo de un análisis de contexto e identificación de los principales retos y desafíos que se tienen en torno al tema, siempre enfocados en el reclutamiento y uso de niños y nias. Este  año en particular, estamos pensando en lógica de implementación de acuerdos y construcción de paz, queremos fortalecer todo el trabajo en términos de protección y de prevención.

¿Cuáles son los logros alcanzados?

V.Z: Hemos logrado que se instale la idea de prohibir el uso y reclutamiento de los niños y niñas en sectores juveniles, en sectores barriales de las comunidades, con las víctimas del conflicto,  también involucrar a la institucionalidad local y todas las entidades que  tienen responsabilidad u obligación con los niños y niñas, les invitamos a pensarse seriamente este tema. Durante los últimos años, el mayor logro que hemos tenido es que el mensaje llegó a la mesa de conversaciones en La Habana y eso permitió abrir las puertas para empezar a tocar el tema de reclutamiento de los niños y las niñas en este conflicto armado.

¿Por qué se caracteriza la campaña este año?

V.Z: Hay algo muy interesante este año que tiene que ver con escuelas seguras, hemos hablado bastante de la importancia de generar entornos protectores, porque el análisis que hacemos es sobre los procesos de desvinculación de todos los niños que en este momento están en el conflicto armado, pero también sabemos que Colombia tiene unos desafíos muy fuertes en términos de otros actores que están copando esos espacios, que están llegando a esos territorios y se están fortaleciendo, particularmente los grupos paramilitares posdesmovilización y en eso requerimos hacer un trabajo muy fuerte en prevención y protección de estos niños y niñas.

Queremos generar un entorno más proclive a entender la escuela como un espacio que debe ser protegido pero que también es protector, todas nuestras intenciones están puestas en pensarnos en construcción de paz, prevenir el reclutamiento y el uso en la escuela, generando procesos de protección en estos entornos.

¿Cómo puede participar la sociedad civil en la Campaña?

V.Z: Tenemos dos actividades centrales en Bogotá y todas las personas que se quieran acercar son bienvenidas: una de ellas es el domingo 12 de febrero, vamos a hacer un trabajo de sensibilización en el Parque Nacional de 9:00 a.m. a 1:00 p.m. desarrollando actividades de sensibilización con los niños,  con los jóvenes, con sus familias. Al medio día habrá un concierto.

Y el día jueves 16 de febrero vamos a tener un conversatorio donde esperamos que diferentes entidades del Estado que son responsables del tema, con sociedad civil y también con jóvenes que han vivido este reclutamiento puedan conversar, es un conversatorio político académico: Para la guerra ni una niña, niño ni joven más, para la paz estamos listos ¡YA! Será En el Centro de Memoria, Paz y reconciliación. Entrada libre, inscripciones.

¿Por qué se denomina las Manos Rojas?

V.Z: Lo que hacemos muy simbólicamente en casi todos los espacios en los que conmemoramos el 12 de febrero, es pintarnos la palma de la mano de rojo, el pintar la palma de la mano y ponerla en señal de alto, es una acción simbólica para decir detengamos el uso y reclutamiento de niños y niñas. Es una imagen que viaje alrededor del mundo y aquí en Colombia cuando nos encontramos en las escuelas con los niños, con los docentes, con los padres a trabajar y a pensarnos esta problemática siempre estamos pintándonos la mano de rojo, queremos que se detenga esta situación.

 
Jennipher Corredor
Equipo comunicaciones