Este es nuestro más reciente editorial, compartido en el programa Notas Humanas y Divinas que se emite todos los domingos por la Cadena Básica Nacional de RCN.

A pesar de estar en el mayor pico de contagio por el virus, varios analistas sociales han preguntado sobre las tendencias sociales que se vislumbran en el mundo post pandemia. El periódico Vanguardia de México, publicó un artículo de Carlos Glatt, en el que expuso varias tendencias basadas en análisis de diversos expertos.

Una primera tendencia es la llegada acelerada de nuevas formas o paradigmas de trabajo. Se impone la hiper -conexión virtual, la presencia física, en una gran cantidad de trabajos es un escenario más, ya no es el único ni es imprescindible. El trabajo en línea desde nuestras casas o sedes adaptadas, se consolidará con nuevos ambientes tecnológicos y se crearán espacios para grandes encuentros digitales. Nadie quiere volver a la invivible vorágine del tráfico en las grandes ciudades, largos tiempos en trancones, cansancio, inseguridad y contaminación. Los enormes edificios de oficinas tendrán que ser reformados para otros usos. Muchos trabajos se pueden realizar dentro o fuera de una ciudad y generar el mismo o mejor valor. La empresa que no inviertan por lo menos un 10% en nuevas tecnologías desaparecerá. La forma de contratar personal se replanteará. Contratar a los mejores del mundo es cada vez más accesible. No habrá diferencia entre contratar personal local y extranjero. Hoy todos somos globales.

Otra tendencia muestra que la virtualidad está ganando espacio en escenarios socioculturales como las iglesias, museos, gimnasios, cines, bibliotecas y lugares de entretenimiento. La presencia en estos lugares puede llegar a ser limitada y costosa, tanto por el mantenimiento de la infraestructura como por el acceso a ellos.

Por otra parte, la educación profundizará el esquema híbrido, entre presencial y virtual; pero con innovadores desarrollos tecnológicos. El sistema médico se adaptará a lo digital, una cita médica en teleconferencia será cada día más normal. La gente se enfermará menos de pandemias si manejamos bien los alimentos y se trabaja el gran problema del hambre, la desigualdad y el desarrollo mundial. Finalmente, será urgente para la sociedad y las grandes industrias trabajar diversas estrategias científicas e interculturales frente al cambio climático, si queremos que el planeta sea una casa común, con inclusión, equidad y justicia para todas las especies.

En noviembre del año pasado el Papa Francisco, en Asís, exhortó a jóvenes empresarios a promover modelos económicos mundiales pos-pandemia que incluya a los pobres. Y añadió:

“el futuro, debe ser una época que nos recuerde que no estamos condenados a sostener modelos económicos cuyo interés se limita a la ganancia inmediata y a políticas públicas lucrativas sin importar sus consecuencias sociales y ambientales. Se debe ir más allá de satisfacer las necesidades más básicas. Tenemos que aceptar estructuralmente que los pobres tienen la dignidad suficiente para participar en nuestras reuniones y discusiones y traer pan a sus propias mesas”

Por: Luis Guillermo Guerrero Guevara.

Este es nuestro más reciente editorial, compartido en el programa Notas Humanas y Divinas que se emite todos los domingos por la Cadena Básica Nacional de RCN.

Seguro que la mayoría de nosotros quisiéramos haber recibido como regalo de navidad una vacuna contra el Coronavirus que fuera poderosa, eficiente, duradera y capaz de liberarnos de los miedos y limitaciones que produce esta enfermedad. En estos momentos existe la vacuna contra el Covid-19, al parecer se venía investigando, antes de la aparición de la pandemia su fabricación, lo que favoreció que, en menos de un año, los laboratorios farmacéuticos más prestigiosos del mundo avanzaran con rapidez. Más de diez potenciales vacunas contra el coronavirus, hace pocas semanas, se encontraban en la fase tres de sus ensayos clínicos y ahora varias de ellas pasaron a la última etapa antes de la aprobación por parte de las agencias reguladoras en Europa y los Estados Unidos. Así las cosas, la comunidad científica mundial recibió con gran entusiasmo las buenas noticias sobre la vacuna desarrollada por las compañías farmacéuticas: Pfizer y BioNTech, un 95% de efectividad, ningún efecto secundario preocupante y buena protección para personas mayores de 65 años y de diferentes razas y etnias.

Pero estas empresas no son las únicas, desde noviembre el laboratorio Moderna informó que su inmunizador había registrado una tasa de efectividad del 94%. De igual manera la Universidad de Oxford en Inglaterra y AstraZeneca mostraron los resultados de su compuesto con un 70,4% de efectividad y puede llegar a más de un 90%. También existe la vacuna china CoronaVac (de Sinovac). Existe también la vacuna rusa Sputnik cinco, ya aprobada por el gobierno ruso con un 92% de efectividad. Por su parte, Johnson & Johnson, también creó una vacuna cuyas pruebas se han realizado en países latinoamericanos, entre ellos Colombia, pero aún falta terminar la fase tres para su aprobación. Otra vacuna es la Novavax, cuyos estudios se llevan a cabo en el Reino Unido y Estados Unidos, pero sus resultados tardarán hasta febrero del año entrante. Finalmente, existen otras dos vacunas en desarrollo, pero sin información definitiva: la CanSino de China que está en pruebas de fase tres en Pakistán, Arabia Saudita y México; y, la Covaxin desarrollada en India que acaba de entrar a la fase tres de ensayos clínicos.

Ahora bien, podemos ser optimistas y tener el beneficio de la vacuna todos los seres humanos. Pero, ¿la idea es volver al mundo que tenemos? ¿a una normalidad que creó el tipo de vida que hemos venido generando? ¡¿Una forma de desarrollo y de relación de la especie humana con las demás especies de la naturaleza, que en buena parte no funciona bien?! La pandemia visibilizó con claridad y gravedad que cada día se está ampliando la brecha entre la concentración de la riqueza y el aumento de la pobreza en el mundo. Se acelera cada día la desigualdad social en la distribución del ingreso, en la redistribución de la riqueza y en el acceso y uso de los patrimonios naturales, lo que ha traído más problemas estructurales y se ven venir mayores complicaciones sociales en el mediano y largo plazo con relación a la igualdad de oportunidades en la salud, la educación, la economía, la política, la profunda falta de reconocimiento de la diversidad cultural y el deterioro galopante de los patrimonios naturales y la contaminación del planeta. Necesitamos también una vacuna contra la pandemia de la desigualdad, contra la insaciable tendencia del ser humano a acaparar los beneficios de la naturaleza, una vacuna contra el ego humano que desactive la enfermedad de la injusticia y nos libere virus del egoísmo personal y colectivo.

El papa Francisco pidió, en una audiencia con miembros de la fundación italiana Banco Farmaceutico en septiembre de este año, que la vacuna contra Covid-19 sea universal y no solo esté al alcance de los países más ricos para que todos, incluso los más pobres, puedan curarse de esta pandemia. Y añadió:

"La reciente experiencia de la pandemia, además de una gran emergencia sanitaria en la que ya han muerto más de un millón de personas, se está convirtiendo en una grave crisis económica, que genera pobres y familias que no saben cómo salir adelante. Sería triste si en la entrega de la vacuna se diera prioridad a los más ricos o si pasara a ser propiedad de esta o aquella nación y no fuera para todos. A nivel ético, si existe la posibilidad de tratar una enfermedad con un fármaco, este debe estar al alcance de todos, de lo contrario se crea una injusticia”. 

Por: Luis Guillermo Guerrero Guevara.