Este es nuestro más reciente editorial, compartido en el programa Notas Humanas y Divinas que se emite todos los domingos por la Cadena Básica Nacional de RCN.

¿Quién es Joe Baiden? Joseph Robinette Biden, nació en Pensilvania, el 20 de noviembre de 1942. Ejerció como vicepresidente de los Estados Unidos durante los 8 años de la presidencia de Barak Obama, de 2009 a 2017. Y fue senador por el Estado de Delaware 36 años, 1973 a 2009. Toda una extensa y vasta experiencia en la vida política de los Estado Unidos.

Biden realizó sus estudios en la Universidad de Delaware y en la Facultad de Derecho de la Universidad de Siracusa obtuvo el título de doctor en derecho en 1969. Biden, pertenece al partido demócrata. Fue presidente de la comisión de relaciones exteriores del senado. Se opuso a la Guerra del Golfo en 1991, pero apoyó la expansión de la alianza militar del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, en Europa del Este y su intervención en las Guerras Yugoslavas de los años 90. Respaldó la resolución que autorizaba la guerra de Irak pero se opuso al aumento de tropas estadounidenses en el 2007. Se desempeñó como presidente de la Comisión de Justicia del Senado, ocupándose de temas como la política de drogas. Trabajó en el impulso de la ley de violencia contra las mujeres, si bien tuvo una acusación de agresión sexual por una mujer, que no ha prosperado. Es un político pro comunidad LGBT; apoyó el matrimonio igualitario y en su campaña prometió más leyes para proteger los derechos de esta comunidad. Además, por sus posiciones contra el racismo recibió amenazas de muerte, y su enfoque frente a las políticas migratorias señalan un horizonte más moderado, por eso el voto latino de apoyo a Biden fue evidente.

Que haya ganado Biden, como dijo Van Jones de la CNN, significa que “el carácter sí importa, que decir la verdad sí es importante y que ser una buena persona vale la pena”. Y añadió, “podrán estar un poco más tranquilos sin Donald Trump en la Casa Blanca: los inmigrantes, separados de sus hijos de manera arbitraria; los negros que han tenido que enfrentar, en los últimos años, el abuso de racistas que se han sentido empoderados con el racismo del presidente de Estados Unidos; y, los musulmanes que han sufrido los trinos de Trump quien los hace sentir no bienvenidos en su propio país”.

De otra parte, como lo afirmó Juanita León y Carlos Hernández en La Silla Vacía, aunque el triunfo de Joe Biden no cambiará substancialmente la relación bilateral con Colombia, que él y no Trump esté en la Casa Blanca sí crea un “tono”, un ambiente y una noción más “aceptable” en la política. Ahora bien, fue significativo que, durante la Cumbre Concordia Américas, realizada el año 2018 en Bogotá, Biden instó al presidente Iván Duque a no renunciar al proceso de paz con las FARC y expresó:

“el acuerdo de paz fue un gran avance y no debe ser algo minimizado ni ignorado. Es importante moverse de la negociación a la implementación”.

El Papa Francisco, en septiembre de 2015, en su discurso al Congreso de los Estados Unidos, estando presente el entonces vicepresidente Biden, expuso la problemática de los migrantes y los refugiados y la prioridad de atender con dignidad a millones de personas que viajan al norte en busca de una vida mejor. Pidió un trato humano, justo y fraterno. Apoyado en Laudato Si, pidió la atención urgente a los graves problemas ambientales, establecer acciones y estrategias osadas para implementar una ‘cultura del cuidado’ y una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente producir riqueza, pero de manera fecunda, cuidando la vida humana, la naturaleza y mejorando el mundo para todos y no para unos pocos. Esperemos que Biden no haya olvidado esta invitación del Papa.

Luis Guillermo Guerrero Guevara.

Los amigos de la guerra están buscando nuevos escenarios para defender su riqueza y acrecentarla. Las potencias mundiales muestran sus garras desafiantes y buscan multiplicar aliados para reforzar sus causas. El ataque con misiles ordenado por el presidente Trump contra Siria ha generado una tensión negativa en el mundo. Para entender este difícil contexto es necesario remitirse al largo conflicto del medio Oriente o conflicto árabe, y que pasa por dos grandes asuntos: las diferencias religiosas y culturales entre musulmanes, judíos y cristianos, y, en segundo lugar, los intereses de las potencias mundiales por los territorios que contienen los recursos energéticos, especialmente el petróleo.

El pretexto que ha reavivado esta tensión mundial es la guerra civil en Siria, entre rebeldes y simpatizantes de Bachar Al Asad, un dictador, hijo de otro dictador, y que ha puesto en juego la debilitada y aparente paz mundial, lo que puede derivar en una guerra de grandes proporciones, difícil de controlar por organizaciones mediadoras como la ONU, pues ella ha perdido por completo el liderazgo para generar acuerdos útiles y efectivos entre los países miembros. En consecuencia hoy estamos en manos de líderes mediáticos, mesiánicos, impulsivos, incoherentes, gestores corruptos de grandes fortunas económicas personales y poco preparados para dirigir un Estado y generar relaciones internacionales tolerantes, respetuosas e inteligentes. Tanto Trump, como Putin presidente de Rusia y Kim Jong-un, mandatario de Corea del Norte, son fieles representantes de este tipo de supuestos estadistas. De ellos, cualquier salida se puede esperar, pero lo más crítico es que organismos como la Unión Europea, la OTAN, lo mismo que muchos países con intereses, como Israel y hasta nuestro gobierno colombiano, los han respaldado, porque saben que están en juego muchos intereses económicos.

No hay duda, se vienen años difíciles y lo más angustioso es que no abundan líderes ni instituciones mundiales que promuevan espacios de reconciliación, hoy todos quieren defender a todo costo sus dominios económicos, hacer un desarrollo sin gente, unas sociedades empobrecidas y sobrantes, peor que esclavos; y una dinámica cada vez mayor de crecimiento de riquezas en pocas manos. En el Mensaje de Cuaresma de este año el Papa Francisco nos recuerda: “El apóstol Pablo dice que la codicia es la raíz de todos los males. Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico. En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz”.

* Editorial presentada el domingo 2 de abril del 2017, en el programa radial de RCN “Notas humanas y divinas”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara Director CINEP/Programa por la Paz

El presidente Trump busca una ofensiva frontal contra todo aquello que, según él, ha debilitado a los Estados Unidos. Por eso, su agenda incluye reformas a la política migratoria que traerá cambios profundos a la población hispana. Varios son los aspectos que Trump va a intervenir: la deportación de inmigrantes con récord criminal. La persecución a quienes no poseen papeles en regla. Discrecionalidad en dar permisos especiales a quienes llegaron a Estados Unidos siendo niños y a los padres de ciudadanos estadounidenses y residentes legales permanentes. La aplicación de medidas de seguridad nacional para combatir el extremismo islámico violento. Imponer tributos a las remesas. Sanciones a ciudades que facilitan la llegada de migrantes como Los Ángeles y Nueva York. Y, la más controvertida de las medidas: construir un muro en la frontera sur con México para frenar a los migrantes ilegales.

En Estados Unidos viven más de treinta y cinco millones de migrantes, once millones son indocumentados. Trump ha prometido deportar entre dos y tres millones, revirtiendo el legado indulgente de Obama. Pero el gobierno de Trump no puede deportar legalmente a las personas solo por su nacionalidad, sino con base en delitos criminales o administrativos, como ser indocumentado. Sin duda que estas eventuales deportaciones y la reducción de arribos a Estados Unidos, afectarán las transferencias de remesas que suman ciento treinta mil millones de dólares al año. Fenómeno particularmente duro para México, Centro América y países como Colombia.

En estos momentos los migrantes ilegales y quienes no han podido definir su situación, temen las deportaciones masivas y sienten la presión del gobierno y la sociedad. La política de Trump ha logrado poner 7, en el programa radial de RCN “Notas humanas y divinas”.a los migrantes, especialmente a los indocumentados, bajo la visibilidad mediática, señalándolos como una amenaza social y económica para la seguridad norteamericana. Pero desde la realidad de los migrantes, ellos son víctimas de un modelo de desarrollo global, desigual e inequitativo, generador de una economía concentrada que beneficia la acumulación del capital en pocas manos; que impulsa procesos de exclusión social y cultural; y que hace ver a las víctimas como las responsables de los desequilibrios sociales.

El documento de Aparecida en el número cuatrocientos catorce nos dice: “Entre las tareas de la Iglesia a favor de los migrantes, está indudablemente la denuncia profética de los atropellos que sufren frecuentemente como también el esfuerzo por incidir, junto a los organismos de la sociedad civil, en los gobiernos de los países para lograr una política migratoria que tenga en cuenta los derechos de las personas en movilidad”.

* Editorial presentada el domingo 5 de febrero del 2017, en el programa radial de RCN “Notas humanas y divinas”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara
Director general Cinep/Programa por la Paz