Situación de riesgo y estrategias de autoprotección. Defensoras de la tierra, el territorio y el medio ambiente en América Latina

 -Primera entrega-

La Iniciativa Mujer Rural y Derecho a la Tierra presenta este especial sobre la situación de las mujeres defensoras de la tierra y el territorio en América Latina, a propósito del #8M y en homenaje a las mujeres que han sido asesinadas o están en riesgo por sus luchas. 

Colombia 

Conflicto armado y múltiples violencias contra las mujeres negras y afrocolombianas

Por: Red Nacional de Mujeres Afrocolombianas Kambirí

Fotografías: Red Kambirí.
“Resulta que en la comunidad casi no sacamos fotos, cuando uno va en los botes es que toma la foto; cuando ya uno llega no toma fotos porque por todos lados usted ya sabe...”
 

Así comenzó la Red Kambirí

En 1990 un grupo de mujeres afrocolombianas conformó una asociación que estaba encaminada a visibilizar y enaltecer los aportes de las mujeres negras en la construcción nacional. Fue hasta el año 2000 en que se da la primera Asamblea Nacional de Mujeres Afrocolombianas y se conforma la Red Nacional de Mujeres Afrocolombianas Kambirí, que desde sus objetivos principales se ha planteado en trabajar en pro de la eliminación del racismo y las diferentes formas de discriminación a las que están sometidas no solo las mujeres afro sino la población en general.

Kambirí, palabra que en dialecto africano significa “permítame entrar a esta familia”, reúne a mujeres desplazadas, amas de casa, trabajadoras sociales, psicólogas, docentes, cantaoras, poetas y lideresas de comunidades en 17 departamentos del país. Esta red, que inició con 170 mujeres promueve la organización, la participación y el desarrollo de las capacidades de las afrocolombianas a través de la comunicación, la difusión y la defensa de sus derechos.

Los riesgos de ser mujer en Colombia

Fotografías: Red Kambirí.

 

A pesar de que Colombia es un país pluriétnico y multicultural y que en su Constitución existen artículos que protegen los derechos de los pueblos indígenas, afrodescendientes y rom, y se ha avanzado en materia legislativa por preservar y defender cada vez más sus derechos, la realidad es otra. La vida de las mujeres afro está en un riesgo de amenaza latente por diversas razones.

Las mujeres negras que habitan algunos territorios en Colombia padecen todo tipo de violencias. Esto, sumado al hecho de habitar lugares en donde el conflicto armado aún hoy permanece, o donde se están desarrollando conflictos ambientales o por la tierra y el territorio. Han sido víctimas directas de estos conflictos y han sufrido en su individualidad y en sus comunidades profundas violaciones a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario, por parte de todos los actores armados legales e ilegales.

Ese es el caso de una mujer de Auro Buey, un corregimiento del medio atrato en el departamento del Chocó. “Ella relata que les cocinaba a los miembros de la antigua FARC, mientras eso sucedía, el que llegaba a supervisar su labor se encargaba de violarla varias veces hasta dejarla tirada en el piso. Luego, la obligaban a levantarse y a continuar con esta tarea de alimentarlos. Cuenta que a veces quedaba tan temblorosa que se le regaba la olla y la obligaban a recoger todo, lavar y continuar con este oficio. Según ellos, esto era un castigo por tener varios hijos en el ejército. La amenazaban además con que, si les contaba a ellos, los matarían.” Comenta Ana Berta Panesso, lideresa de la Red Kambirí.

La vulneración a las mujeres no queda ahí. En la mayoría de los casos hay consecuencias psicológicas y físicas que les impiden continuar la vida en dignidad. Son situaciones comunes que se ven en los territorios, donde además de sufrir las violencias derivadas del conflicto armado, las mujeres sufren violencia doméstica muchas veces ejercida por sus mismos esposos, presentando además de las afectaciones psicológicas, enfermedades de transmisión sexual o enfermedades uterinas complejas, sin mucha atención.

A pesar de que aún no se ha realizado un trabajo serio que demuestre las cifras de las violencias basadas en género en este territorio, la organización a la que pertenece Ana Berta sí sabe que existe violencia: patrimonial, psicológica, económica, sexual y feminicidios.

Hasta ahora las mujeres están comenzando a reconocerlas y a comunicarlas con mucha timidez pues en algunos casos son re victimizadas. “Las defensoras de derechos humanos vivimos en alto riesgo de ser objetivo militar de grupos armados y también en riesgo de ser re victimizadas, nos sentimos abandonadas por el estado” afirma Ana Berta.

 Es por esto que dice que:

Los riesgos más altos contra las mujeres se dan en violencia sexual y en reclutamiento infantil contra sus hijos.

Estos riesgos no solo afectan a las mujeres sino a sus núcleos familiares y a la red de la comunidad, pues la presencia de actores armados, en el peor de los casos no garantiza la permanencia en los territorios y muchas familias pueden llegar a sufrir de desplazamiento forzado.

 Ana Berta Panesso pertenece a la Comunidad de la Manza en el municipio del Medio Atrato en el departamento del Chocó. Es una comunidad habitada por 250 familias, de estas, 150 son mujeres. Su organización, perteneciente a la red Kambirí, nace en 2016 con el objetivo de superar las múltiples violencias a las que están sometidas las mujeres en su territorio. Además de poder lograr empoderarlas para que conozcan y asuman la defensa de sus derechos dentro y fuera del hogar, superar las múltiples vulneraciones y lograr tener una vida digna.

 La Asociación de Mujeres Emprendedoras del Medio Atrato es una organización sin ánimo de lucro y pretende para 2022 que se les de el estatus de mujeres víctimas a las mujeres que están participando de este proceso.

El sueño de Ana Berta es que “las mujeres puedan recorrer sus lugares ancestrales sin miedo, libres y en paz, pero sobretodo que puedan desarrollar los temas de empoderamiento económico, que aún no se trabajan”.

 La organización que lidera Ana Berta Panesso, actualmente está acompañada de la Red de Defensoras, de la Red Departamental de Mujeres Chocoanas y de la Red de Mujeres Afrocolombianas Kambirí. Esta alianza está trabajando para incidir en el empoderamiento de las mujeres, niños y niñas de la comunidad

Kambirí, una red que une a las mujeres afrocolombianas

Una de las estrategias de la Red ha estado orientada al empoderamiento de las lideresas defensoras de derechos humanos, desde un trabajo participativo de las mujeres afro en su autocuidado y protección, mediante talleres y encuentros colectivos en diversos espacios del territorio colombiano que permita avanzar en enfoques y medidas diferentes a las que proporcionan las instituciones públicas en los casos de amenazas e intimidaciones en contra de las lideresas. Para la Red ha sido muy importante afianzar el trabajo colectivo para poder potenciar su accionar frente a la identificación de riesgos y fortalecer la participación y la incidencia de las mujeres afrodescendientes en todos los espacios, desde los más locales hasta los de nivel nacional.

Para las mujeres de la Red Kambirí la parte de su ancestralidad y espiritualidad es muy importante. Porque desde ahí, es donde se han construido las prácticas de cuidado y autocuidado de la comunidad afrodescendiente en el país. Desde la forma de hablar y comportarse, hasta su modo de pensar y reflexionar en comunidad hacen parte de esa sabiduría ancestral. Además de rituales de protección han consolidado el trabajo en algunos territorios de las Guardias Cimarronas, con estas estrategias las mujeres han podido construir e incorporar sus propios mapas de riesgo para actuar y protegerse en comunidad. 

Por esta y muchas razones más, el aporte a la construcción de paz a partir del reconocimiento de las mujeres afrodescendientes es lo que ha llevado a la Red Nacional de Mujeres Afrocolombianas Kambirí a continuar con su labor como defensoras de los Derechos Humanos en Colombia.

 


La Iniciativa Mujer Rural y Derecho a la Tierra de la International Land Coalition (ILC) articula a 23 organizaciones rurales, académicas y no gubernamentales de 13 países de América Latina y el Caribe. El Cinep - PPP es hoy el punto focal de esta Iniciativa.

Este texto hace parte del Especial #8M producido por la Iniciativa Mujer Rural y Derecho a la Tierra de ILC. Te invitamos a conocer las demás entregas:

Segunda entrega: Argentina: Defensoras ambientales frente a desalojos en Salta.

Tercera entrega: Guatemala. Recuperación de tierras ancestrales y permanencia en el territorio.

Cuarta entrega: México. Defensa del territorio y resistencia a megaproyectos de energía eólica.

Quinta entrega: Entrevista. El trabajo invisible y los riesgos por ser mujer defensora de la tierra en Guatemala.

Durante la Mesa Multiactor de Seguridad y Protección a líderes y lideresas del Caribe que realizaron Cinep/PPP y Codhes, como parte de la Plataforma ENI Colombia, conversamos con Juan Manuel Bustillo, quien documentó el panorama de los defensores de derechos territoriales en la región: “Las amenazas en el Caribe se concentran especialmente sobre los líderes reclamantes de tierras”.

Desde hace unos meses, las alertas por las amenazas a la seguridad de los líderes sociales han preocupado a la sociedad colombiana y las denuncias siguen en aumento. Las regiones más azotadas en el país por ese tipo de violencia en los últimos meses han sido Catatumbo y Cauca. Sin embargo, en la región Caribe el tema tiene una dinámica particular, asociada a contextos extractivistas y de explotación de recursos naturales, además de que hay un alto subregistro en los datos por el miedo a denunciar.

Juan Manuel Bustillo, delegado de la Mesa Multiactor de Seguridad y Protección del Caribe para documentar el panorama de los defensores de derechos territoriales en la región, explica y analiza los hallazgos, las preocupaciones y expectativas que tienen los líderes frente a las medidas para garantizar su protección y realizar su trabajo de defensa de derechos.

¿Qué está pasando con los líderes en el Caribe?

 Juan Manuel Bustillo: Las víctimas son principalmente personas que encabezan la defensa de las comunidades y las reclamaciones del derecho a la tierra y el territorio, es un grupo que incluye campesinos, afros y pueblos indígenas de los distintos departamentos.

Las agresiones y persecuciones tienen varias manifestaciones: la más visible, pero no suficientemente registrada, son los homicidios de líderes. Hay otras manifestaciones que no son de dominio público ni generan tanta preocupación de las autoridades como las amenazas de muerte, hostigamientos, atentados contra la vida e integridad física de las personas, detenciones arbitrarias, en menor medida, casos de desaparición forzada y de secuestro. Esto impide el derecho que tenemos todos, y en particular los líderes, de defender el derecho a la tierra y el territorio.

¿Quiénes están amenazando?

J.M.B: Los registros de distintas fuentes gubernamentales, no gubernamentales, locales, comunitarias y departamentales muestran que la autoría corresponde a grupos paramilitares, especialmente a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC). Hay una gran cantidad de casos de autoría desconocida porque no se ha podido determinar quién está detrás de los hechos y hay un caso a manos de la fuerza pública, el de la Fuerza Conjunta del Nudo de Paramillo, que fue ampliamente conocido.

La identificación de los responsables, tanto materiales como intelectuales, le corresponde a la Fiscalía en particular, que ha avanzado en adecuar la normatividad y la estructura institucional para las investigaciones, pero no se han obtenido suficientes resultados de esas pesquisas judiciales.

¿Cuál es su análisis sobre las acciones de las autoridades y entidades para proteger a los líderes?

J.M.B:: En Colombia hay un marco normativo y un marco institucional de defensa de los derechos humanos, en particular de garantías para los defensores, que se empezó a construir alrededor de los años 90. Estos marcos se han alimentado a partir de las preocupaciones de la comunidad internacional y de los defensores: la Defensoría tiene el Sistema de Alertas Tempranas que es bastante sofisticado, con la Ley de Víctimas se creó la Unidad Nacional de Protección y el Acuerdo Final reforzó las medidas.

Como existía una preocupación particular sobre los líderes y lideresas, el Acuerdo incluyó una serie de medidas para garantizar el trabajo y la vida de los defensores y movimientos sociales y políticos, para mitigar o desmantelar las fuentes de riesgo como las organizaciones paramilitares, estructuras que ya debían haber sido desmontadas tanto en su parte armada como política y económica.

Los líderes han manifestado que las medidas de protección no son adecuadas ni suficientes, ¿qué han encontrado ustedes?

J.M.B:: Esta afirmación es verídica y tiene dos componentes para explicarla: 1) Las medidas de la UNP para ofrecer protección material y concreta no son preventivas ni atacan los factores y causas generadoras de riesgos, tienen una cobertura limitada, son lentas, de carácter individual y tiene un enfoque de género y étnico bastante limitado, entre otras críticas.

2) Por su parte, el Sistema de Alertas Tempranas (SAT) ya existía y solo fue mejorado con el Acuerdo Final, que también incluye un sistema y protocolo de protección de organizaciones y comunidades en el territorio y la creación de una unidad especializada de investigación de los crímenes contra defensores. Pero todas estas medidas son repetición de las que ya existen; se ha avanzado en su formulación, pero no en la implementación a nivel local, son poco conocidas por las comunidades y los líderes, quienes afirman que muchas de las autoridades locales tampoco las conocen y, por lo tanto, no saben de sus obligaciones.

¿Qué hay detrás de estas amenazas?

J.M.B:: Por un lado, sectores políticos y económicos que se oponen a las medidas de transformación rural que contiene el Acuerdo Final y ven en los líderes a unos promotores de las medidas del Punto 1, relacionadas con la reforma rural integral y el desarrollo rural.

Por otro lado, en el nivel local y territorial, hay algunos sectores que siguen viendo las movilizaciones sociales y la reivindicación de derechos territoriales como una cuestión ilegítima que atenta contra el establecimiento, contra el orden del poder político y, sobre todo, de la distribución de la tierra y el desarrollo de proyectos de extracción, entre otros.

¿Cuáles son los departamentos del Caribe más afectados?

J.M.B:: Los registros dicen que desde la firma del Acuerdo y hasta el 30 de junio de 2018, el más afectado es Córdoba, aunque también hay altas cifras en Bolívar, Sucre y Cesar. El problema se ha hecho visible, entre otras razones, porque la comunidad internacional está atenta de la implementación del Acuerdo Final. Paradójicamente, después de la implementación se disparó la crisis de persecución contra los defensores. Sin embargo, hay un alto subregistro de los casos, se conocen especialmente los homicidios y hay menos información de las amenazas y los hostigamientos.

¿Hay una dinámica como región Caribe o cada departamento tiene una dinámica propia?

J.M.B:: Hay unos aspectos en común como que las personas amenazadas, víctimas de ataques y homicidios, son las mismas que han exigido la titulación de la tierra, que se amplíen los resguardos, que se restituyan los predios y se repare colectivamente, al mismo tiempo que son quienes se han quejado por la falta de acción de las autoridades.

Pero, por supuesto, en cada departamento hay un contexto que hace particular las persecuciones y está determinado por la presencia de actores armados, la ausencia de las FARC, la militarización de los territorios y la expansión y consolidación de las estructuras paramilitares. Además de eso, en cada territorio hay uno o dos proyectos de desarrollo económico a gran escala interesados en la tierra, el territorio y los recursos naturales, mineros, del subsuelo o el agua. Se puede hablar de los megaproyectos de extracción de La Guajira y Córdoba o de los proyectos agroindustriales en Montes de María, entre otros.

¿Qué resultado esperaban de esta mesa?

J.M.B:: Lo que queremos principalmente es que la Procuraduría implemente la Directiva 002 de 2018 que expidió y que le permite hacer seguimiento en las regiones. El problema es que está haciendo una labor preventiva, pero no está haciendo uso de sus dientes para sancionar a los funcionarios que no cumplen la labor de garantizar la protección y seguridad de los líderes. Hasta el momento no ha habido una sola sanción a ninguna entidad, aún a sabiendas de que se tiene un mecanismo para hacerlo. Si la Procuraduría le abriera investigaciones a los funcionaros que hablan en contra de las víctimas, podría generar medidas preventivas entre los funcionarios.

Con la Mesa se busca que haya un diálogo para generar compromisos que sirvan para reducir los riesgos de los defensores en la región Caribe, con una articulación profunda entre las entidades, que en otras mesas y regiones ya se da. Finalmente, que se afronten las causas que hay detrás de los ataques y no sólo se implemente medidas policiales.

 

 

 

El Servicio Jesuita a Refugiados se pronuncia ante la crítica situación que se está viviendo en el Catatumbo. Hace un llamado al gobierno nacional para que se tomen medidas urgentes en pro de las comunidades que acompañan en esta región y los retos que plantea esta problemática para el trabajo que se realiza en la frontera con Venezuela. 

 
 

 

 

 

 

 Los próximos 19 y 20 de abril, líderes y lideresas de varias zonas del Caribe se encontrarán por primera vez para revisar los procesos de construcción de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, PDET, que se adelantan en 40 municipios del Caribe Colombiano.

 
 

 

 

 

 

El año 2017 fue el más crítico en los 8 años de mandato de Juan Manuel Santos, según el informe Piedra en el zapato que presenta la organización Somos Defensores. Según este informe, durante 2017 fueron agredidos 560 defensores de DD.HH dentro de los que se contabilizan 106 asesinatos, 370 amenazas, 0 atentados, 23 detenciones arbitrarias, 9 judicializaciones y 2 hurtos de información sensible.

En este informe, se puede encontrar un análisis comparativo entre otros informes emitidos por otras organizaciones sociales y de DD.HH en 2017 sobre el tema de agresiones a defensores y defensoras en Colombia. Además de esto, el informe presenta una serie de propuestas que buscan construir salidas conjuntas a esta problemática y hace un llamado, en tiempos electorales, a los candidatos a la Presidencia, para que este sea un tema prioritario en sus gobiernos, en caso de ser elegidos.