Este es nuestro más reciente editorial, compartido en el programa Notas Humanas y Divinas que se emite todos los domingos por la Cadena Básica Nacional de RCN.

¿Cómo recomponer un mundo devastado por el coronavirus a través de una economía equitativa, justa y sostenible? Es la pregunta del informe que Oxfam Internacional entregó el pasado mes de enero.

El documento centra su atención en cómo el Covid-19 dejará cientos de millones de personas sumidas en la pobreza y cómo esta pandemia pasará a la historia como la primera vez en que la desigualdad se incrementó al mismo tiempo en todos los países del mundo. Para Kristalina Gueorgieva, directora general del Fondo Monetario Internacional, la pandemia tendrá un impacto profundo. El incremento de la desigualdad dará lugar a una generación perdida en la década actual.

La encuesta realizada por Oxfam para este informe aplicada a 300 personas economistas de 79 países, da como resultado que el 87% de especialistas prevé que la desigualdad de ingresos aumentará con la pandemia. Y, más de la mitad de las respuestas dicen que es probable o muy probable que la desigualdad de género aumente, y dos tercios expresan que lo mismo sucederá con la desigualdad racial. De otra parte, dos terceras partes de economistas consideran que sus Gobiernos no han planificado medidas para luchar contra el aumento de la desigualdad.

En cambio, los impactos de la pandemia sobre los multi millonarios del mundo son mínimos: en tan solo 9 meses las mil mayores fortunas del mundo han recuperado su nivel de riqueza previo a la pandemia, mientras que para las personas más pobres esta recuperación podría tardar más de una década. La fortuna de los multi millonarios del mundo aumentó cerca de 4 billones en esos 9 meses. Hoy esta fortuna suma cerca de 12 billones de dólares. Este incremento de la fortuna de los más ricos del mundo en medio de la pandemia, bastaría para evitar que nadie cayese en la pobreza y para financiar una vacuna universal contra la COVID-19. A pesar de estas dramáticas afirmaciones, el informe de Oxfam interpela a los Gobiernos y les urge a darse cuenta de la ventana de oportunidad, cada vez más pequeña que tienen, para construir una economía justa tras el paso de la pandemia. Una economía que proteja al planeta y acabe con la pobreza. Para lograrlo, deben transformar con urgencia el sistema económico actual que profundizó el patriarcado, la dominación blanca y los principios neoliberales. Si los gobiernos empiezan a tomar medidas para reducir la desigualdad, en una década habrá 860 millones de personas menos en situación de pobreza. El futuro depende de las decisiones que tomemos ahora Estamos en un momento crucial para la humanidad.

En la carta Fratelli Tutti el Papa Francisco expresa que el neoliberalismo es un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a los desafíos cambiantes. La libertad de mercado no puede estar por encima de los derechos de los pueblos, ni de la dignidad de los pobres. El golpe de la pandemia obligó por la fuerza a volver a pensar en todos los seres humanos y no solo en los beneficios de algunos. La pandemia nos llama a repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia.

Por: Luis Guillermo Guerrero Guevara.

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En medio de esta compleja pandemia mundial las personas trabajadoras de la salud tienen contratos laborales precarios, salarios cada vez más bajos y en varias entidades pasan hasta dos años y no les pagan.

Pero el gremio de la salud no solo debe afrontar a diario la pandemia que nos agobia, también tienen que vérselas con los bancos, los arrendatarios, las empresas de servicios públicos y hasta las casas de cobranza. La situación económica de una gran cantidad de trabajadores y trabajadoras de la salud es crítica: no tienen derecho a primas, ni vacaciones, ni cesantías, con largos turnos de servicio y un sin número de irregularidades laborales, que de manera increíble existe sobre un sector que debería tener todas las garantías para trabajar bien en medio de semejante pandemia.

La Federación Nacional de Sindicatos Médicos (Fecolmed) y sindicatos regionales de salud, han denunciado esta situación ante el presidente de la República, el ministro de salud, de trabajo, ante la Supersalud, la Procuraduría, la Fiscalía, la Contraloría, la Defensoría del Pueblo y absolutamente a nadie le interesa el gremio médico. Las directivas sindicales dicen:

“solamente en los programas diarios de las seis pm del presidente nos llaman héroes, dicen que estamos guerreando en primera línea. Si realmente les interesara, no creen que ya nos deberían solucionar el problema, pero no les interesa en absoluto, porque la salud no da votos”.

El Gobierno Nacional, es quien debe tomar cartas en el asunto y ver quién se está quedando con el dinero de la salud, si son las EPS o son las IPS o si son los mercaderes o ladrones de cuello blanco de la salud. Es un problema gravísimo porque la gran mayoría de trabajadores y trabajadoras de la salud está contratada por órdenes de prestación de servicios, supuestamente concertados con cooperativas que se convirtieron en sindicatos de papel, que se quedan con los grandes recursos y que tercerizan y explotan a los trabajadoras y trabajadores de la salud. A pesar de que la ley dice que el talento humano en salud es un personal misional y que debe estar contratado única y exclusivamente de forma directa por el Estado, no se ha creado un régimen especial para el talento humano en salud, como lo tienen las Fuerzas Armadas o el gremio docente, de tal manera que no quede totalmente desamparado como quedó luego de entrar en escena la ley cien que privatizó la salud. Pero, lo peor, es que ni el Estado ni las empresas ni las instituciones de salud plantean alternativas ni tampoco hacen eco de las soluciones que plantea el gremio trabajador de la salud.

En mayo del año pasado, con motivo de la Jornada Mundial de la Enfermería, el Papa Francisco expresó:

“la pandemia ha evidenciado muchas deficiencias en la atención sanitaria. Es urgente que los gobiernos inviertan en sanidad, como bien común primario, fortaleciendo las estructuras y designando más personal de salud. Es importante reconocer efectivamente el papel esencial que desempeña esta profesión para el bienestar de la sociedad. Por eso, tienen derecho y merecen estar más valorados e involucrados en los procesos que afectan a la salud de las personas. Es importante mejorar sus condiciones de trabajo y garantizar sus derechos para que puedan llevar a cabo su servicio con plena dignidad".

Por: Luis Guillermo Guerrero Guevara.

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A pesar de estar en el mayor pico de contagio por el virus, varios analistas sociales han preguntado sobre las tendencias sociales que se vislumbran en el mundo post pandemia. El periódico Vanguardia de México, publicó un artículo de Carlos Glatt, en el que expuso varias tendencias basadas en análisis de diversos expertos.

Una primera tendencia es la llegada acelerada de nuevas formas o paradigmas de trabajo. Se impone la hiper -conexión virtual, la presencia física, en una gran cantidad de trabajos es un escenario más, ya no es el único ni es imprescindible. El trabajo en línea desde nuestras casas o sedes adaptadas, se consolidará con nuevos ambientes tecnológicos y se crearán espacios para grandes encuentros digitales. Nadie quiere volver a la invivible vorágine del tráfico en las grandes ciudades, largos tiempos en trancones, cansancio, inseguridad y contaminación. Los enormes edificios de oficinas tendrán que ser reformados para otros usos. Muchos trabajos se pueden realizar dentro o fuera de una ciudad y generar el mismo o mejor valor. La empresa que no inviertan por lo menos un 10% en nuevas tecnologías desaparecerá. La forma de contratar personal se replanteará. Contratar a los mejores del mundo es cada vez más accesible. No habrá diferencia entre contratar personal local y extranjero. Hoy todos somos globales.

Otra tendencia muestra que la virtualidad está ganando espacio en escenarios socioculturales como las iglesias, museos, gimnasios, cines, bibliotecas y lugares de entretenimiento. La presencia en estos lugares puede llegar a ser limitada y costosa, tanto por el mantenimiento de la infraestructura como por el acceso a ellos.

Por otra parte, la educación profundizará el esquema híbrido, entre presencial y virtual; pero con innovadores desarrollos tecnológicos. El sistema médico se adaptará a lo digital, una cita médica en teleconferencia será cada día más normal. La gente se enfermará menos de pandemias si manejamos bien los alimentos y se trabaja el gran problema del hambre, la desigualdad y el desarrollo mundial. Finalmente, será urgente para la sociedad y las grandes industrias trabajar diversas estrategias científicas e interculturales frente al cambio climático, si queremos que el planeta sea una casa común, con inclusión, equidad y justicia para todas las especies.

En noviembre del año pasado el Papa Francisco, en Asís, exhortó a jóvenes empresarios a promover modelos económicos mundiales pos-pandemia que incluya a los pobres. Y añadió:

“el futuro, debe ser una época que nos recuerde que no estamos condenados a sostener modelos económicos cuyo interés se limita a la ganancia inmediata y a políticas públicas lucrativas sin importar sus consecuencias sociales y ambientales. Se debe ir más allá de satisfacer las necesidades más básicas. Tenemos que aceptar estructuralmente que los pobres tienen la dignidad suficiente para participar en nuestras reuniones y discusiones y traer pan a sus propias mesas”

Por: Luis Guillermo Guerrero Guevara.

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Seguro que la mayoría de nosotros quisiéramos haber recibido como regalo de navidad una vacuna contra el Coronavirus que fuera poderosa, eficiente, duradera y capaz de liberarnos de los miedos y limitaciones que produce esta enfermedad. En estos momentos existe la vacuna contra el Covid-19, al parecer se venía investigando, antes de la aparición de la pandemia su fabricación, lo que favoreció que, en menos de un año, los laboratorios farmacéuticos más prestigiosos del mundo avanzaran con rapidez. Más de diez potenciales vacunas contra el coronavirus, hace pocas semanas, se encontraban en la fase tres de sus ensayos clínicos y ahora varias de ellas pasaron a la última etapa antes de la aprobación por parte de las agencias reguladoras en Europa y los Estados Unidos. Así las cosas, la comunidad científica mundial recibió con gran entusiasmo las buenas noticias sobre la vacuna desarrollada por las compañías farmacéuticas: Pfizer y BioNTech, un 95% de efectividad, ningún efecto secundario preocupante y buena protección para personas mayores de 65 años y de diferentes razas y etnias.

Pero estas empresas no son las únicas, desde noviembre el laboratorio Moderna informó que su inmunizador había registrado una tasa de efectividad del 94%. De igual manera la Universidad de Oxford en Inglaterra y AstraZeneca mostraron los resultados de su compuesto con un 70,4% de efectividad y puede llegar a más de un 90%. También existe la vacuna china CoronaVac (de Sinovac). Existe también la vacuna rusa Sputnik cinco, ya aprobada por el gobierno ruso con un 92% de efectividad. Por su parte, Johnson & Johnson, también creó una vacuna cuyas pruebas se han realizado en países latinoamericanos, entre ellos Colombia, pero aún falta terminar la fase tres para su aprobación. Otra vacuna es la Novavax, cuyos estudios se llevan a cabo en el Reino Unido y Estados Unidos, pero sus resultados tardarán hasta febrero del año entrante. Finalmente, existen otras dos vacunas en desarrollo, pero sin información definitiva: la CanSino de China que está en pruebas de fase tres en Pakistán, Arabia Saudita y México; y, la Covaxin desarrollada en India que acaba de entrar a la fase tres de ensayos clínicos.

Ahora bien, podemos ser optimistas y tener el beneficio de la vacuna todos los seres humanos. Pero, ¿la idea es volver al mundo que tenemos? ¿a una normalidad que creó el tipo de vida que hemos venido generando? ¡¿Una forma de desarrollo y de relación de la especie humana con las demás especies de la naturaleza, que en buena parte no funciona bien?! La pandemia visibilizó con claridad y gravedad que cada día se está ampliando la brecha entre la concentración de la riqueza y el aumento de la pobreza en el mundo. Se acelera cada día la desigualdad social en la distribución del ingreso, en la redistribución de la riqueza y en el acceso y uso de los patrimonios naturales, lo que ha traído más problemas estructurales y se ven venir mayores complicaciones sociales en el mediano y largo plazo con relación a la igualdad de oportunidades en la salud, la educación, la economía, la política, la profunda falta de reconocimiento de la diversidad cultural y el deterioro galopante de los patrimonios naturales y la contaminación del planeta. Necesitamos también una vacuna contra la pandemia de la desigualdad, contra la insaciable tendencia del ser humano a acaparar los beneficios de la naturaleza, una vacuna contra el ego humano que desactive la enfermedad de la injusticia y nos libere virus del egoísmo personal y colectivo.

El papa Francisco pidió, en una audiencia con miembros de la fundación italiana Banco Farmaceutico en septiembre de este año, que la vacuna contra Covid-19 sea universal y no solo esté al alcance de los países más ricos para que todos, incluso los más pobres, puedan curarse de esta pandemia. Y añadió:

"La reciente experiencia de la pandemia, además de una gran emergencia sanitaria en la que ya han muerto más de un millón de personas, se está convirtiendo en una grave crisis económica, que genera pobres y familias que no saben cómo salir adelante. Sería triste si en la entrega de la vacuna se diera prioridad a los más ricos o si pasara a ser propiedad de esta o aquella nación y no fuera para todos. A nivel ético, si existe la posibilidad de tratar una enfermedad con un fármaco, este debe estar al alcance de todos, de lo contrario se crea una injusticia”. 

Por: Luis Guillermo Guerrero Guevara.

El CINEP/Programa por la Paz continúa prestando su servicio con dedicación en medio de la enfermedad y crisis que nos impactan. Hemos estado en comunicación constante con las comunidades con quienes trabajamos en la región Pacífico, Sur de Córdoba, Sur de La Guajira, Cartagena de Indias, Sierra Nevada de Santa Marta, Valle del Cauca, frontera colombo-venezolana, Sur del Tolima, Boyacá, Eje Cafetero, Putumayo, Amazonas, Bogotá y Soacha. A la par avanzamos en nuestros compromisos con cooperantes, entidades no gubernamentales, académicas y actores del sector público, por medio de encuentros virtuales. Y, aunque no somos una entidad humanitaria, estamos realizando algunas acciones en este sentido, pues las comunidades donde hacemos presencia están afectadas y no podemos quedarnos con los brazos cruzados. Con sentido de solidaridad, nos movilizamos y hacemos gestión de recursos para apoyar a los más vulnerables.

Como nos recuerda el profesor Jorge Giraldo Ramírez, “ante la vulnerabilidad y la fragilidad manifiesta de los seres humanos –manifiesta aún más con la pandemia que no reconoció clase social- hay que generalizar una ética basada en la consideración, la responsabilidad, y el cuidado. La consideración igual de cada persona demanda reflexión y contemplación; la responsabilidad demanda afecto y personalización; y el cuidado demanda lentitud y compasión”1.

Nos preocupan, en esta coyuntura, el riesgo de extinción de nuestros pueblos indígenas, la profundización de la desigualdad social y la fragilidad de la democracia, así como la transgresión de las garantías para la vida de líderes sociales y comunidades campesinas, y la débil implementación del Acuerdo de Paz. Por eso animamos a todos nuestros amigos y públicos a continuar juntos en nuestras causas pacíficas por una sociedad justa, sostenible y en paz. Que las vulneraciones a las y los excluidos de siempre y las que afloran en cuarentena no se vuelvan costumbre. Y que la indignación y defensa de los derechos humanos sigan siendo nuestra apuesta de vida.

Luis Guillermo Guerrero Guevara.

Director General CINEP/Programa por la Paz.


Giraldo R. Jorge. Consideraciones sobre la crisis. En: Pensar la Crisis. Perplejidad, emergencia y un nuevo nosotros. – Medellín: Ed. Eafit, 2020.