El 7 de octubre, la Misión SOS Colombia entregó su informe final exigiendo garantías a la protesta en Colombia y denunciando las violaciones a derechos humanos que viven los manifestantes en el marco del Paro Nacional desde abril del presente año.

La Misión de Observación Internacional por Garantías a la Protesta Social y Contra la Impunidad en Colombia SOS Colombia, integrada por 41 delegados internacionales, de 12 países, entregó su Informe Final donde sostiene que lo ocurrido en Colombia en las últimas movilizaciones sociales, no puede observarse únicamente como uso desproporcionado de la fuerza por parte de la Fuerza Pública, sino que quienes han hecho uso del derecho a la protesta social han sido víctimas de graves crímenes contra la humanidad.  

La Misión visitó 11 regiones el 3 y el 12 de julio de 2021 y recibió 180 testimonios directos y más de 70 informes de organizaciones sociales.  Uno de los comisionados internacionales, Félix Ovejero, responsable de las Américas del Sindicato Comisiones Obreras de España afirmó en la rueda de prensa que, gracias a los testimonios recogidos por la Misión y las reuniones que sostuvieron con entidades territoriales y organismos de control, pudieron establecer que:

“El tratamiento dado por la Policía Nacional y las Fuerzas Militares hacia la protesta social fue similar a la estrategia militar que utiliza el Estado para combatir a actores armados”. Es decir que “se usaron técnicas de combate con el objetivo de someter y aniquilar a la población civil bajo la figura del enemigo interno”

El informe relata once estrategias de tratamiento de guerra dado a la protesta social en Colombia:

  1. Uso excesivo y desproporcionado de la fuerza.
  2. La utilización de armamento con municiones no permitidas y el uso indebido de municiones permitidas para causar mayor letalidad sobre la salud y la vida.
  3. Casos de víctimas manifestantes heridas con armas blancas y de fuego que portaban miembros del ESMAD.
  4. Métodos de persecución a participantes, brigadas de salud, defensoras de derechos humanos, personas heridas producto de las intervenciones de la Fuerza Pública, medios alternativos de comunicación, algunos integrantes de iglesias y cualquier persona que decida apoyar o participar de una u otra forma de las manifestaciones.
  5. Montajes judiciales, implantación de pruebas y/o abuso de poder para la judicialización de personas manifestantes y no manifestantes.
  6. Acciones de terror y control social a través de toques de queda, el uso de macanas para golpear directamente a jóvenes y personas manifestantes, aun cuando éstas estaban resguardadas en casas, estacionamientos, tiendas comerciales o se encontraban heridas.
  7. Infiltración de agentes de policía vestidos de civil en las manifestaciones con el fin de generar escenarios de confrontación y hacer un seguimiento selectivo a personas manifestantes y/o líderes y lideresas.
  8. Se pudo identificar, en algunas regiones como Valle del Cauca, Nariño, Antioquia, Santander y el Eje Cafetero, el fenómeno del paramilitarismo y la presencia de civiles armados que, en connivencia con la Fuerza Pública atacaron con armas de fuego de largo y corto alcance a las personas manifestantes.
  9. Se pudo identificar en distintos testimonios violencias basadas en género manifiestas en tocamientos y lesiones al cuerpo de mujeres durante la protesta con contenido sexual (senos, brazos y cabello principalmente); amenaza de violación contra mujeres manifestantes (incluidas menores de edad), brigadistas, periodistas, abogadas y defensoras de derechos humanos.
  10. Discursos clasistas y racistas como acciones de agresión contra pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y jóvenes de sectores populares.
  11. Utilizar la oscuridad de la noche para perpetrar las agresiones masivas más violentas y la persecución a los manifestantes y no manifestantes.

En su Informe Final por las garantías a la protesta y contra la impunidad, la Misión identificó tres grupos a quienes eventualmente se les puede atribuir responsabilidad penal: 

Agentes del Estado: Fuerza Pública (Policía Nacional, ESMAD, Fuerzas Militares), Ministerio de Defensa y Presidencia de la República

Grupos paramilitares: los cuales en algunos casos habrían actuado en connivencia con la Fuerza Pública

Personas civiles armadas: las cuales, en connivencia con la Fuerza Pública como se evidencia en el material probatorio y audiovisual reunido por la Misión, perpetraron acciones violentas.

Impunidad y daño a quienes se movilizan son intencionados

Jessica Arellano, integrante de ALUNA Acompañamiento Psicosocial de México, expresó la preocupación de la Misión ante la impunidad demostrada en “las pocas investigaciones penales y disciplinarias contra integrantes de la Fuerza Pública”, así como en el seguimiento a la actuación de agentes estatales, empresariales y “del fenómeno paramilitar”.

¿Para qué disparar a los ojos de los y las manifestantes?, ¿cuál es el objetivo de que no puedan ver?, ¿para qué torturar sexualmente a las mujeres y dejar huellas en sus cuerpos físicos y emocionales?, cuestionó Arellano quien comentó 

“La hipótesis de esta Misión es que la actuación de las fuerzas del Estado tiene como objetivo causar un daño profundo a modo de castigo ejemplar”.

Las recomendaciones 

Lisa Haugaard, directora ejecutiva de Latin America Working Group de Estados Unidos, concluyó el evento presentando las recomendaciones de la Misión SOS Colombia al Estado y entidades internacionales en cinco áreas: 

La garantía en el acceso a la justicia a las víctimas de las violaciones de DD.HH. en el marco de las protestas; que se detengan los actos de persecución contra las personas involucrados en las manifestaciones y las personas que brindan apoyo a los manifestantes; el reinicio de un espacio de diálogo por parte del Gobierno con los sectores involucradas en en el Paro Nacional para abordar sus causas estructurales; la realización de una reforma estructural de la Policía y que se garantice el derecho a la protesta para que estos hechos no se repitan.

El informe contiene también 18 acciones inmediatas que se solicitan al Gobierno de Colombia, 8 acciones solicitadas a Instancias Multilaterales Internacionales, 14 acciones que involucran al Estado colombiano, 4 a la Comunidad Internacional y 6 a las empresas.

Encuentre el Informe acá: https://www.cinep.org.co/publicaciones/PDFS/20211008_Informe_Mision_SOS.pdf 

  

 

Encuentre la transmisión del lanzamiento en español acá: https://fb.watch/8vehCeweMk/ 

Encuentre la transmisión del lanzamiento en inglés acá: https://youtu.be/gbc3ec3cuS0 

Por Juanjosé Gutiérrez. Equipo Comunicaciones Cinep / PPP

El 7 de octubre a las 9 am será entregado el informe con la participación de delegados de México, España y Estados Unidos.

A 5 meses del Paro Nacional en Colombia la impunidad sigue reinando en las violaciones a los derechos humanos de los y las manifestantes que exigen al gobierno de Iván Duque respeto al derecho a la protesta, cesar las reformas tributarias y laboral que empobrecerán aún más la clase media y popular, y garantías para la vida y la implementación del Acuerdo de Paz, entre muchas demandas históricas de los jóvenes, y los pueblos indígenas, campesinos, populares, afros y mujeres colombianas.

El informe final de la Misión SOS Colombia con estas preocupaciones y recomendaciones para el Estado colombiano y entidades internacionales será presentado a prensa mundial y público general. Y por eso queremos invitarles a agendarse y participar de la presentación el próximo jueves 7 de octubre desde las 9 de la mañana (hora Colombia).

La transmisión en español será por Facebook.com/CinepProgramaPorLaPaz y las páginas de las demás organizaciones convocantes. En inglés se trasmitirá por Youtube en: https://youtu.be/gbc3ec3cuS0. Para periodistas y medios de comunicación se permitirá el acceso a la sala*.

Participarán de este evento como voceros de la Misión SOS Colombia Félix Ovejero, responsable de las américas del Sindicato Comisiones Obreras de España; Jessica Arellano López, integrante de ALUNA acompañamiento psicosocial de México; y Lisa Haugaard, directora ejecutiva de Latin America Working Group de Estados Unidos. La moderación estará a cargo de la periodista mexicana Laura Carlsen, integrante de Asociadas por lo Justo.

La Misión SOS Colombia documentó 11 patrones de violaciones de DD.HH. durante el Paro Nacional

La Misión de Observación Internacional por Garantías a la Protesta Social y Contra la Impunidad en Colombia se desarrolló del 3 al 12 de julio con la participación de más de  41 delegados internacionales de Europa, América Latina, Estados Unidos y Canadá, y visitó 11 regiones de Colombia: Antioquia, Bogotá y Cundinamarca, Valle del Cauca, Nariño, Atlántico, Bolívar, Cauca, Risaralda, Quindío, Caldas y Santander.

Tras escuchar los testimonios de víctimas, familiares y autoridades, la Misión presentó el pasado  lunes 12 de julio su informe preliminar en el que documentó 11 patrones de violaciones a los derechos humanos durante el Paro Nacional entre los que se encuentran los homicidios selectivos, lesiones personales, tortura, lesiones oculares, violencias basadas en género y desapariciones forzadas.

*Si tiene acreditación de prensa, favor escribir un correo a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. para enviarle el enlace de acceso a la sala de prensa.

Encuentre el comunicado en español a continuación:

  

Encuentre el comunicado en inglés a continuación:

  

 

Por Comité de Comunicaciones Misión SOS Colombia.

Hermann Rodríguez S.J., Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, visitó el Cinep / PPP y resaltó la producción de conocimiento que este centro de investigación ofrece en medio de un país polarizado que necesita análisis y requiere garantizar a los más desfavorecidos sus derechos.

En un contexto convulsionado como el que atraviesa Colombia hoy por cuenta de la crisis humanitaria, la respuesta represiva a la protesta social, el asesinato de líderes y lideresas sociales, las masacres, y la pandemia, el rol del Cinep / PPP cobra especial importancia. Así lo aseguró el padre Hermann Rodríguez, provincial de la Compañía de Jesús, quien visitó el centro de investigación y conversó con sus equipos a finales de septiembre.

Para el sacerdote jesuita, Cinep ha ofrecido elementos de análisis, información, datos y propuestas que han ayudado a todas las obras de la Compañía de Jesús en Colombia, a la iglesia y a la sociedad en general a buscar una construcción de una sociedad más justa y más humana para todos. Para los jesuitas, agrega el padre, tener el acercamiento serio académico profundo a la realidad del país es elemento fundamental. Compartimos su entrevista completa:

¿Cuál es la importancia de la labor que realiza Cinep para Colombia y el mundo?

Estamos en un país muy polarizado en el que cualquier gesto, cualquier acción, cualquier postura que alguien personal o institucionalmente tome puede ser calificada desde una perspectiva o descalificada de otra. Soy consciente de esa realidad y creo que en este contexto el Cinep debe procurar y está procurando ofrecer elemento de análisis para poderse posicionar delante de la realidad que tenemos en el país.

Tenemos un país en el que ha estallado una violencia muy fuerte, una protesta muy fuerte, que viene acumulada de muchos años. A veces pensamos que es solo espontáneo (…) Sin embargo, lo que vivimos este año fue una explosión de un malestar social que viene acumulado de hace muchos años. No quiero hacer comparaciones muy exactas pero en muchos países de América Latina han aparecido estas protestas: en Chile, en México y hasta la misma Cuba. Esa protesta tiene raíces, tiene razones, tiene causas y a nosotros nos interesa entender eso. Y entendemos también que el ejercicio de la protesta pacífica es un derecho y que pues el Estado y el gobierno no pueden desconocerlo sino que tiene que proteger ese derecho de los pueblos.

Por eso nosotros anticipamos un poco en este momento haciendo un análisis de lo que estaba pasando, también reconociendo los excesos que de un lado y del otro puede haber. En este país ha habido excesos siempre y excesos violentos con los que nosotros no estamos de acuerdo pero que tenemos que leer, en términos de interpretar, analizar, no solamente desconocer o simplemente acallar: es escuchar. Y por eso creo yo que el análisis y la postura que ha tenido el CINEP en este contexto es muy importante para el país, porque nos ayuda a entender nuestras raíces de una situación como la que hemos vivido en un contexto de pandemia, y además en un contexto previo a unas elecciones, que pueden modificar un poco el rumbo de nuestro país.

Entonces en ese contexto de convulsión yo creo que el papel de CINEP ha sido muy importante y nos ha ofrecido elementos de análisis, información, datos y propuestas que realmente nos han ayudado a todas las obras de la Compañía de Jesús en Colombia, y también como digo a la iglesia y a la sociedad en general a buscar la construcción de una sociedad más justa y más humana para todos.

¿Cómo nace el Cinep de la mano de la Compañía de Jesús?

El Centro de Investigación y Educación Popular, Cinep, y el Programa por la Paz, que llevan muchos años fundidos en una sola institución, es una obra de la Compañía de Jesús que ya va a cumplir 50 años. En 1972 la Compañía de Jesús, también en otros países de América Latina, consideró pertinente fundar unos centros de investigación y educación que se llamaban CIAS: Centros de Investigación y Acción Social, porque el resurgir de los procesos sociales hacía necesario un estudio y también un acompañamiento a esos procesos que estaban apareciendo en nuestro continente. Entonces el superior general en ese momento, el Padre Pedro Arrupe, pidió a las provincias de los jesuitas en América Latina que tuvieran centros de reflexión e investigación sobre temas sociales, políticos y económicos, de manera que nuestra acción como jesuitas en el campo educativo, de la pastoral social, de la acción parroquial no estuviera como desentendido del contexto en el cual se desarrollaba esa misión. 

El Cinep nace como una obra que le ayuda a los jesuitas en este país a entender el contexto, a entender la realidad en la cual estamos trabajando, de manera que nuestra acción tenga un impacto que realmente sea significativo y pueda tener el alcance que tenemos de forma que no nos quedemos en la superficie sino que vamos a los temas en profundidad. Eso ha supuesto muchas evoluciones, hay muchos procesos que ha tenido en esta historia el Cinep, siempre teniendo en cuenta dos tensiones que se van superando en ciertos sentidos y es la tensión de la investigación, que es más académica, que es más estudio, que es más reflexión, que es más interna con la educación, con la intervención, con el acompañamiento a las comunidades en zonas de conflicto, zonas  complejas y difíciles, la acción del Cinep en este momento de nuestro país es muy pertinente porque la realidad política, social, económica, en la que vivimos merece un estudio, una profundización,  y un análisis  no solamente es  tener la cifras de tener la información, de tener los datos, sino que esa información tenemos que procesarla y entender por dónde va Dios tratando de guiarnos como sociedad, como país, como iglesia también en Colombia.

¿Por qué la Compañía de Jesús apoya a Cinep / PPP en la investigación y educación sobre los derechos humanos?

Para los jesuitas, tener el acercamiento serio académico profundo a la realidad del país es un elemento fundamental. Entonces digo que no solamente nosotros apoyamos esto, sino que es una acción propia nuestra porque nos interesa conocer la realidad del país, de tal manera que el anuncio del evangelio al que estamos llamados lo hagamos de una manera muy concreta en un contexto real.

Encuentre la entrevista en video a continuación:

Por: Equipo Comunicaciones Cinep / PPP

 

Con 87 personas asesinadas y más de 3 mil detenidas en el Paro Nacional, los Diálogos Cinep pusieron “el cuidado” como tema central de conversación con personal médico, un sacerdote, una académica y la moderación del Cinep destacando el papel del diálogo, las mujeres y la comunicación a la hora de cuidarnos en el ejercicio del derecho a la protesta.

Según la Campaña Defender La Libertad, hasta el 21 de julio, en el marco del Paro Nacional en Colombia, 87 personas han sido asesinadas, 1905 “fueron heridas por el accionar desproporcionado de la Polícia Nacional, el ESMAD y civiles armados no identificados”, y 3.365 fueron han sido detenidas, muchas de ellas en el marco de actuaciones “arbitrarias”. Por eso, este 8 de septiembre los Diálogos Cinep volvieron para hablar sobre cuidado y movilización.

Con la participación de Stephania Recalde, investigadora del Instituto de Estudios Interculturales de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali; Julián Zuluaga, médico del bloque popular de la salud de Medellín; y el padre Venanzio Munyiri, director de la Pastoral Afro de la Arquidiócesis de Cali y la moderación de Rodrigo Ante Meneses, los diálogos Cinep permitieron ver las diferentes formas de cuidado en el Paro Nacional. 

El padre Venanzio, misionero de la Consolata y oriundo de Kenia, África, expuso nueve formas de cuidado que la comunidad de Cali aplicó durante las propuestas: 

  1. La presencia en el lugar de los hechos.
  2. La identificación de actores y espacios para saber ubicarse evitando el peligro o alertando sobre el mismo.
  3. La conciencia de estar en medio de una crisis sanitaria y la necesidad de aplicar medidas de bioseguridad.
  4. Los encuentros periódicos y espacios de escucha.
  5. La detección temprana de cualquier amenaza contra la manifestación o quienes están cerca.
  6. La prudencia en el uso de la palabra y la verificación de lo que se comparte.
  7. La permanencia posterior a los hechos, es decir, el acompañamiento luego de terminada la movilización o al establecer una mesa de diálogo.
  8. El cuidado espiritual. 

El religioso también explicó que las ollas comunitarias y los puntos de atención médica sirvieron como lugares de encuentro alrededor de los que se tejió comunidad. Adicionalmente, la demarcación del territorio mediante la resignificación de espacios con el derrumbamiento de estatuas o la creación de monumentos llevó a identificar intereses comunes y arraigo con los espacios. 

Y en cuanto a la comunicación, el padre destacó la necesidad de la escucha, la responsabilidad sobre lo que se dice y se comparte, y el servicio que prestan las redes sociales para denunciar. El Director de la Pastoral Afro de Cali subrayó las acciones artísticas, el deporte y las bibliotecas comunitarias como expresiones “que siempre habían estado allí pero se pusieron al servicio del Paro”; y por último, sostuvo que el enfoque diferencial logró unir las voces de mujeres, personas afros y de pueblos indígenas en torno a clamores comunes por una vida digna.

Stephania Recalde, trabajadora social y autora del artículo “Al otro lado del miedo está el país que soñamos” publicado por la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Valle, destacó el papel que ellas tuvieron al llevar el cuidado “de la casa a la barricada”, manifestando que las mujeres no solo fueron operarias de acciones de cuidado sino también gestoras de estrategias. En ese sentido, recordó la acción de las mamás de la Primera Línea que protegían a quienes se manifestaban y realizaban labores como organizar la alimentación en las ollas comunitarias o exigir el respeto a la vida.

Julián Zuluaga, médico y brigadista de la salud en Medellín, habló del papel que tuvieron las brigadas médicas en curar más allá de los “sufrimientos de la carne”. Para Zuluaga, quienes integraron cuerpos médicos para proteger y cuidar a los manifestantes aprendieron a hablar con otros actores de la movilización para hacer posible este cuidado. “Estos escenarios nos permiten reconocer la otredad que sufre y asumir nuestro papel político”, concluyó.

La permanencia posterior a los hechos: El diálogo como posibilidad

Stephania Recalde analizó el diálogo desde dos perspectivas: de lo comunitario, y hacia afuera. En cuanto al diálogo comunitario recalcó su trascendencia para que diferentes personas se encontraran en espacios como asambleas comunitarias permitiendo “acuerdos entre personas que opinan distinto” para alcanzar agendas conjuntas. De otra parte, el diálogo hacia las instituciones y otras organizaciones “se convierte en una posibilidad de cuidado cuando tiende puentes”, afirmó, concluyendo que ello puede “generar propuestas para mejorar la vida de las personas”. 

Por último, Venanzio Munyiri aseveró que era necesario “pasar de la mesa de diálogo a la cultura de diálogo”, porque entender el diálogo como un camino y no como un fin en sí mismo es “la condición mínima para solucionar un conflicto”. El Padre concluyó señalando que “cuando no hay diálogo consideramos al otro como amenaza, y consideramos su eliminación”.

Esta conversación contó con la moderación de Rodrigo Ante, investigador del Programa Conflicto, Estado y Paz del Cinep / PPP.

Encuentra los Diálogos Cinep sobre Cuidado y Movilización a continuación:

Por Equipo de Comunicaciones Cinep / PPP.

Como parte de la Misión SOS Colombia, Monseñor Bruno-Marie Duffe visitó el país entre el 3 y 12 de julio pasado para escuchar testimonios de víctimas y familiares sobre hechos de violencia ocurridos en el marco del Paro Nacional. 

Testimonio personal de Monseñor Bruno-Marie Duffe sobre la situación social en Colombia.

  1. Lo que viven, desde abril de 2021, muchos ciudadanos colombianos, y particularmente jóvenes, trabajadores sin empleo, mujeres e indígenas, migrantes en su propio país, se puede presentar como una «insurrección social y política». El «Paro Nacional» es una expresión de desesperanza y la expresión clara de una negativa al «demasiado»:

-          Demasiadas desigualdades sociales y económicas.

-          Demasiada corrupción y violencia contra los más pobres.

-          Demasiado desprecio para con los jóvenes, los trabajadores y trabajadoras y los representantes de la sociedad civil.

 

  1. La respuesta del Estado es una «represión violenta, brutal y desmesurada» con acciones extremas: amenazas de muerte contra manifestantes y sus familias; detenciones; torturas; mutilaciones; agresiones sexuales; asesinatos de jóvenes y niños de menos de 16 años.

Esta agresión física – que caracteriza la represión al movimiento social –  quiere destruir, no solamente el movimiento mismo, sino también el cuerpo social, con el maltrato a los cuerpos de los actores.

 

  1. No hay ya referencia al derecho; no hay referencia a los derechos humanos fundamentales: derecho a la vida y a la integridad física y moral; derecho a la protección y a la participación ciudadana. Cada iniciativa popular parece interpretada por el Estado y la fuerza pública como una conspiración que debe ser aplastada.

La desnudez de los ciudadanos – caracterizada por la fragilidad extrema de los rostros (El filósofo Emmanuel Lévinas dijo: «la desnudez del rostro del otro te dice: «¡no matarás!») y particularmente la de los ojos – contrasta, de una manera enorme y dramática, con las máquinas de guerra utilizadas, de manera encarnizada, por la Policía y la fuerza pública, en particular por los miembros del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios). La respuesta de guerra contra el «grito de los pobres» provoca un trauma en todo aquél que tiene la inteligencia del sentido común y del corazón. Hacer la guerra contra su pueblo es, como dijo Hannah Arendt, un error criminal.

 

  1. Esta experiencia ciudadana y comunitaria tiene 3 bases y apoyos esenciales:

- El territorio: barrio; calle; comunidad; «casa común» (a veces viejas casas que son lugares de encuentros, conversaciones y formaciones diversas: política, arte, poesía, organización colectiva…).

- La práctica de la palabra y de la solidaridad concreta (incluso la curación de los heridos y la escritura de una memoria colectiva).

- El debate y el proyecto para el futuro (educación, empleos, desarrollo, afectividad, vida común).

  1. La paradoja más fuerte de esta situación es que los actores de la protesta social viven una experiencia de democracia «directa», frágil pero real.

Se puede hablar de «una ruptura entre dos mundos» que es también la ruptura muy grave del «pacto social»: condición del paso del «estado de guerra permanente» al «estado social durable» (cf. Thomas Hobbes). Los jóvenes encarnan una generación y un futuro que el poder, auto centrado y cerrado en una lógica de supervivencia, no quiere mirar. Esta ruptura social, amplificada por la violencia brutal y ciega de la fuerza pública y, al mismo tiempo, por la impunidad de los actores de crímenes, lleva a pensar en un futuro muy doloroso en Colombia. La ruptura es también entre el mundo social y el mundo político.

 

  1. La ausencia total de mediación es lo que aparece: de lugar o de vínculo para permitir una confrontación verbal entre las posiciones, con un debate contradictorio, lo que hace temer dos consecuencias inquietantes:

- Una «consecuencia ideológica», que puede justificar posturas sin voluntad real de salida del conflicto.

- Y una «consecuencia física», con una amplificación de la violencia hasta un control sistemático a las personas (que ya se está dando). Las dos posturas podrían confirmar que tenemos una nueva forma de dictadura.

Entonces la urgencia sería de crear y mantener espacios de intercambio entre ciudadanos y los que tienen una autoridad local (alcaldes) o más amplia («Defensoría del Pueblo» y personalidades de la Salud; de la Educación; de la Cultura; Premios Nobel; Iglesias). Muchos fueron sorprendidos de hallar un sacerdote en la calle, cerca de ellos, venido de Europa y que tenía su tiempo para escucharlos a ellos (y consolarlos también cuando unos padres lloraban a su hijo muerto en la tortura). Se trata de pensar y actuar mediante una mediación social – o inter-acción – que parece como el corazón de la referencia urgente al derecho humanitario.

 

  1. La referencia a los derechos humanos se reventó con la represión. Nadie cree ya en esa protección fundamental de la dignidad del otro, aunque los jóvenes expresan claramente su deseo de vivir, de vivir juntos y de realizar un proyecto de vida, personal y comunitaria. La dignidad se recibe para darla en la mirada al otro.

El papel de los jóvenes es central en la protesta social. Su deseo es claro: preparar y construir el futuro: formación, empleo, casa digna, vida digna, libertad de expresión, vida afectiva respetada, cultura.

Hay que decir claramente: el asesinato de jóvenes – con tortura, que busca reducir al silencio al que no se quiere escuchar – es una forma de «crimen contra la humanidad ». Los jóvenes son el futuro de Colombia, como en todos los países. Pero son también el futuro de la humanidad. Entonces matar a jóvenes, a sus hijos, es matar también el futuro de la humanidad. La palabra puede parecer dura pero ella describe realmente lo que se vive en Colombia, hoy.

 

  1. La conciliación «imposible» (por el momento presente), justificada, por un lado, por la impunidad, y, por otro lado, con una interpretación «sacrificial», más o menos inconsciente, de la «primera línea» (los que conducen la protesta y viven el riesgo de ser heridos o asesinados) hace pensar que el movimiento va a continuar en los meses que vienen. Cada día se anuncian nuevas muertes violentas de jóvenes. Eso amplifica la desesperanza de un pueblo que tiene tanta sed de paz. Las elecciones (en 2022) parecen para los actores del movimiento social, como el último momento de un mundo que se muere, sin proyecto ni dignidad: un mundo que va a desaparecer. En eso se expresa también “la ruptura” entre los mundos.

¿Es todavía viable una consideración pacífica del otro? ¿Cómo pensar un puente entre los mundos y las generaciones? Podríamos pensar en personalidades morales que hacen mucha falta. Existen personas que tienen una gran consciencia, pero ¿cómo pueden continuar sin apoyo? Aparece aquí el papel determinante de la comunidad internacional… actualmente silenciosa.

 

  1. Sin embargo, en Colombia, en América Latina y en el mundo actual, todos pueden ganar, ofreciendo cuidado – y curación – a los y las que están en la calle. Ellos y ellas llevan en efecto iniciativas que faltan en el desarrollo integral del país. Aprender, desarrollar sus talentos, trabajar, hablar con libertad y crear.

Como dice una inscripción sobre una pared de un barrio, en la región de Bogotá : «Crear es creer; creer es crecer».

Eso expresa el espíritu y el fondo del movimiento popular. No se trata solamente de rechazar un impuesto suplementario (particularmente injusto en un contexto de crisis sanitaria), sino de una petición de respeto a las personas: mujeres, jóvenes, pobres, migrantes, personas homosexuales, personas enfermas o frágiles, líderes sociales, tan maltratados desde años y detenidos como presos políticos. Las peticiones dicen que no se puede vivir en un sistema mafioso en el cual el narcotráfico conduce la economía y la vida pública.

(NB: El narcotráfico permanece en la sombra del país: sabemos que eso solo permite que se continúe un sistema de corrupción, en el que el derecho ha perdido su autoridad y trascendencia.)

 

  1. ¿Cómo se puede salir de la repetición que cierra la puerta a todas las iniciativas de paz?

 Necesita Colombia un proceso que tiene tres referencias determinantes:

- La necesidad de «un Pacto por la vida»: afirmar de nuevo el valor de cada vida, con una consideración a los niños, adolescentes y los que sufren de la injusticia social.

- La necesidad de afirmar de nuevo la autoridad del derecho público y de los derechos humanos que no permita que un movimiento social – con personas que tienen sus manos vacías y que no tienen armas – sea ahogado en sangre.

- La necesidad de una mediación social que es la única posibilidad de salvar el «pacto social», con una práctica, en todos los lugares: escuelas, empresas, barrios y campo, iglesias y casas comunes, de la palabra compartida, del debate y de una responsabilidad común para «el bien común».

La Iglesia puede ser un actor de la Palabra compartida, del diálogo, de la promesa mutua y del perdón. Viviendo con y para el pueblo, en memoria de Jesús, hombre libre e «hijo bien amado del Padre».

Me dijo Jonatan – estudiante que ha perdido un ojo, cuando una granada fue lanzada contra él –  «No puedo volver a ver claramente y eso es duro, pero tengo la vida y quiero continuar el movimiento para una vida mejor».

Y hemos llorado juntos silenciosamente.

Cada noche, yo rezo con Jonatan, con los padres que lloran a sus hijos y con todos y todas.

 

Bogotá, 4 de Agosto de 2021   

Por: Monseñor Bruno-Marie Duffe.