En el marco de la feria del libro de Bogotá, el Cinep/PPP lanzó el libro Cuando la copa se rebosa: Luchas sociales en Colombia 1975-2015. Este texto recoge información registrada durante 40 años en la Base de datos de luchas sociales del Cinep/PPP y la analiza a profundidad en 5 capítulos.

Durante el conversatorio del lanzamiento, Camilo Borrero expresó su análisis de los capítulos del libro. “Yo divido este libro en dos partes: unos artículos convencionales, que es lo que se espera de un libro de tipo histórico; y otra más novedosa, que analiza la movilización social con nuevos conceptos que permiten otro tipo de análisis”, dijo.

Los capítulos convencionales de los que habla Borrero son el 1, 2 y 5 del libro. Los primeros dos ejes, escritos por Mauricio Archila, se centran en la trayectoria de las luchas sociales en Colombia y en la relación que han tenido con el Estado. Por su parte, en el quinto capítulo, Leonardo Parra explica las transformaciones del mundo laboral entre 1975 y 2015 y explica las razones de la baja sindicalización en el país y las pérdidas de las conquistas históricas de los trabajadores a partir del estudio del sector eléctrico.

Los análisis más novedosos que comentó Borrero son el 3 y 4 del libro. En estos, las autoras no solo hacen un análisis convencional de tipo histórico de las acciones sociales colectivas, sino que introducen nuevos elementos que complejizan las miradas sobre cada tema. Martha Cecilia García en su capítulo examina las diferentes visiones de desarrollo que han impulsado movilizaciones sociales en diferentes casos regionales. Además, Ana María Restrepo, complejiza la mirada de las luchas sociales a partir de su relación el espacio bajo los conceptos de espacio y región.

Con esta distinción, presentamos parte de la información recopilada en Cuando la copa se rebosa: Luchas sociales en Colombia 1975-2015

 

 

Baja sindicalización y flexibilidad laboral, ¿realidad del trabajador colombiano?

¿Cuáles han sido los cambios en el mundo laboral colombiano expresado en las luchas laborales? Leonardo Parra, investigador del Cinep/PPP, expone en Transformaciones del mundo laboral 1975-2015 como la subcontratación, la flexibilidad laboral y el bajo sindicalismo han configurado el mundo laboral colombiano. El investigador ejemplifica esta situación con el sector eléctrico debido a su aportación al Producto Interno Bruto, su privatización y que el 90% de los trabajadores están tercerizados.

Parra hace un recorrido histórico por el sector reconstruyendo las luchas laborales de los trabajadores en los años 70 al 90, la reconstrucción de los factores de la privatización y la incursión de las empresas extranjeras. Y concluye con la consecuencia que generó en el mundo del trabajo la privatización del sector eléctrico, que tiene que ver con la erosión de las condiciones laborales de los trabajadores como un plan estratégico de las nuevas empresas.                         

La apropiación del espacio en los movimientos sociales

La Base de Datos de Luchas Sociales del Cinep/PPP (BDLS) da cuenta de la historia y la memoria de las movilizaciones en el país de 1975 a 2015, y ha registrado más de 23.000 protestas. Ana María Restrepo en el capítulo El espacio en movimiento. Cómo pensar la producción del espacio en cuarenta años de luchas sociales en Colombia se enfoca en entender la relación entre la protesta y el espacio, y propone una lectura espacial de estos datos históricos. 

A partir de las comprensiones de región, territorio y lugar, la autora se aproxima a diferentes posibilidades de lectura para entender el papel del espacio en la movilización social. Respecto al lugar, Restrepo indica que tiene un papel fundamental en la protesta social porque, por ejemplo, cuando se escoge como lugar una vía para un bloqueo, esto no solamente habla de la necesidad de hacerse oír, sino del ejercicio de organización colectiva y de la “marcación espacial para disputar, en últimas, el espacio social”. 

Sobre el territorio la autora analiza este como un espacio colectivo y personal donde incide el control y donde se desarrollan, cada vez más “protestas por motivos ambientales que reivindican la posibilidad de existencia en ese espacio”. Y en lo que respecta a la región su lectura permite revelar cómo esta dimensión define aspectos de la vida de las persona, presencias espaciales y, presenta el Catatumbo como ejemplo de un escenario de luchas por el desarrollo regional.  

Miradas del desarrollo en las luchas sociales

En 200 años de independencia, A Colombia se le ha categorizado como un país en “vía de desarrollo” que necesita seguir el modelo europeo para alcanzarlo. De ahí que la construcción de país se haya pensado en esta perspectiva.Pero, ¿qué efectos tiene esto para la vida económica, social y cultural de las comunidades y los pueblos?? Martha Cecilia García, investigadora del Cinep/PPP, analiza estas implicaciones en el capítulo Visiones de desarrollo en las luchas sociales 1975-2015, a través de la revisión de  distintas nociones de desarrollo expresadas en en 40 años de luchas sociales. 

En Colombia, ¿la salud es un acto de caridad o un derecho?, ¿es primordial el derecho de la gente a su tierra o la generación de energía?, ¿se crean municipios para reconocer territorios o disfrutar su independencia fiscal y las riquezas naturales que posee?, ¿qué es más importante, proteger los recursos naturales o su uso comercial?

La autora retoma seis eventos para responder a estas preguntas y ahondar en su estudio sobre las visiones de desarrollo: 1) la lucha por el derecho a la salud, 2) la construcción de hidros (hidroeléctricas y represas), 3) la creación de municipios como estrategia de ascenso en el ordenamiento territorial, 4) el dilema entre la ecología y el. progreso, 5) la ilusión del desarrollo regional y 6) el extractivismo minero energético. De cada uno García hace un recuento de diversos eventos contenciosos que, tal como lo señala, “dejan al descubierto las divergentes y opuestas nociones de desarrollo que se expresan” y evidencian las consecuencias de las nociones neoliberales que han contribuido a configurar las denominadas “víctimas del desarrollo”.  

Estado, ¿amigo o enemigo?: el control de las protestas

La relación entre el Estado y los movimientos sociales ha estado marcada por varias dinámicas: enfrentamiento, conflictividad y fortalecimiento mutuo, aunque esta última no se perciba así. En el capítulo Control de las protestas: una cara de la relación Estado y movimientos sociales, 1975-2015 Mauricio Archila, describe y analiza el control estatal de las protestas, enfocándose en el rol que cumple la Policía , por un lado, porque es un tema poco estudiado y, por otro, porque es un actor principal en el cumplimiento de esta función. Además, según el autor, este enfoque es clave para el rumbo de la participación ciudadana en el escenario del posconflicto. 

En el capítulo, Archila reconoce que la relación Estado y movimientos sociales tiene varias caras y da cuenta de dos de ellas: la represión y la negociación. Respecto a la primera se detiene a analizar choques violentos, acciones de presencia de la fuerza pública e ilegalización de las protestas; por su parte, sobre la segunda, se tuvieron en cuenta acuerdos o diálogos. 

El autor indica que hay que desvincularse de las visiones idealizadas que se tienen de ambas figuras: “los actores sociales como puros e incontaminados de violencia” y el Estado como “el rostro de la represión”.  Además, llama la atención sobre el discurso sobre la protesta en el que “no se concibe como un derecho ciudadano, sino en el mejor de los casos se asimila a un crimen”. 

Archila no solo realiza un recuento histórico de la represión policial, sino que demuestra con cifras los años en los que han sido más altos los actos de violencia estatal contra los manifestantes e indica que “la función reguladora estatal se atrofió mientras creció la coersión”. 

 

Descarga una muestra del libro aquí: Cuando la copa se rebosa, luchas sociales en Colombia 1975-2015

Equipo de comunicaciones

Coordinadora de comunicaciones: Mónica Osorio Aguiar
Comunicadora digital: Laura Inés Contreras Vásquez
Comunicador gráfico: Miguel Martínez
Periodistas asistentes: 
María Fernanda Vera y Lida Bocanegra

Asesores temáticos:
Martha Cecilia García
Ana María Restrepo
Santiago Garcés

 

Desde Cinep/Programa por la Paz lamentamos profundamente el fallecimiento de Camilo Castellanos, incansable defensor de los Derechos Humanos y constructor de paz. Camilo fue investigador de este centro por más de 10 años y director de la revista Cien Días. Extendemos nuestra solidaridad con su familia en estos momentos de dolor y hacemos un pequeño homenaje a partir de los recuerdos de sus colegas y amigos que se cruzaron por su vida en esta infatigable lucha de búsqueda de la paz y la justicia social. También hacemos mención a algunas de sus publicaciones y del conversatorio por los 30 años de la Revista Cien Días. 

 Algunas de sus publicaciones:

Es común ver en las protestas sociales la acción del Esmad pero a diferencia de lo que se cree sólo el 3% de los eventos registrados entre 1975 y 2016 por la Base de Datos de Luchas Sociales del Cinep/PPP presenta disturbios en su realización[1]. Sin embargo, el cambio de actitud de la fuerza policial en las protestas sociales cambiaría la forma en cómo nacionalmente se comprenden y esto lo entendieron los investigadores del Cinep/PPP.

En la búsqueda de un aporte para la construcción de la paz, tras la firma del Acuerdo Final, la Policía Nacional por medio de la Unidad Policial para la Edificación de la Paz (Unipep), creó un modelo de construcción de paz con el fin de generar un servicio de policía diferenciado, focalizado y articulado que fomente la paz territorial y la solución comunitaria de conflictos para generar una paz estable duradera, así lo relata la coronel Alba Patricia Lancheros Silva, jefe de la Unidad.

Para la creación de este servicio, la Policía Nacional decidió contactarse con diferentes organizaciones y crear estrategias de trabajo en conjunto. Así fue como se hizo un convenio con Alianza para la Paz, Interpeace y Cinep/PPP para la creación del proyecto “Transformación de Conflictos Sociales y Paz Territorial” que tenía como objetivo capacitar a los policías para prevenir y manejar la violencia derivada de los conflictos sociales en los territorios. 

Su desarrollo se hizo desde diferentes aristas. Primero, se construyó un perfil de policía con énfasis en diálogo y trabajo comunitario, después se hizo una convocatoria interna en la Unipep a la que se presentaron 80 policías a quienes se les aplicaron pruebas psicotécnicas y de personalidad, se revisó su hoja de vida y finalmente se seleccionaron 31 policías. Según Víctor Barrera, coordinador de la línea de Conflicto y Estado del Cinep/PPP, “hubo un filtro que tenía que ver que no existieran antecedentes de choque con las comunidades, o estar en unidades de la policía que se caracterizan por reaccionar con la fuerza más que otras. Entonces obviamente aquí esperamos que fueran más personas de vigilancia, patrulleros, que permitieran trabajar sobre la base de la experiencia previa”.

Segundo, se realizó un diagnóstico acerca de conflicto social a nivel nacional tomando como énfasis la protesta social. Para ello, comenta Barrera, “la información del Cinep fue como la columna vertebral de todo el proyecto, nos permitió mirar los datos, analizarlos y trabajarlos para identificar qué municipios tomar y nos permitió construir la línea base de los diagnósticos municipales que fue la información previa que se llevaron los equipos de Mediación y de Diálogo para trabajar en los territorios”. Esta información contenía las dinámicas de protesta social en el territorio, el tipo y estructura de las organizaciones y los reclamos, lo cual, les permitió “diseñar una estrategia un poco anticipada para poder aproximarse a los líderes y construir confianza con las comunidades con las que trabajaron”, añadió Barrera.

Tercero se construyó una definición de protesta social en conjunto donde se analizaba las percepciones que tenían los involucrados. “Un policía cuando va y atiende, él lo identifica como una aglomeración de personas en espacio público”, comentó Barrera, por ello se trabajó en una definición de protesta más amplia y que involucra lo que esta representaba. La protesta social, para el proyecto, quedó definida como “una acción colectiva que tiene dos características: que es contenciosa y no convencional. Lo contencioso quiere decir que es un desafío público al poder, a cualquier instancia de poder, sea el Estado o sea un ente privado, en una asimetría de fuerzas. Lo no convencional, es entenderla como una acción colectiva que no sigue unas pautas establecidas, un reglamento o alguna regulación”, indicó el investigador.   

Con esta información se escogieron cinco municipios (Puerto Asís, Putumayo; Buenaventura en el Valle; Chaparral en Tolima; Apartadó en Antioquia y Montelíbano en Córdoba) donde se pudieron observar las distintas tendencias de protestas. Se trataba de “municipios muy fríos en protesta social, municipios muy calientes, municipios donde hubo mucha protesta social en los ochentas y luego disminuyó”, aclara Barrera. También pudieron identificar el rol de los policías y los resultados, como se muestra en el siguiente mapa.

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Rompiendo prejuicios

Para la capacitación, “entendimos un poco cuál es el procedimiento y qué dificultades se enfrentan en el servicio de policía”, comenta Barrera, “el policía es por definición práctico, no es teórico, siempre está en un límite entre la extralimitación y la omisión; por eso, ellos tienen un arreglo informal y es: ‘el mejor procedimiento de Policía, es el que no se hace’”. Según el investigador esto quiere decir que un policía nunca quiera aplicar un procedimiento porque sabe que esto tiene unas consecuencias y asume unos riesgos y “así sea el mejor procedimiento ajustado a la norma, siempre va a haber alguien insatisfecho”, dice.

Al entender estas percepciones, los investigadores empezaron a trabajar dos componentes: uno teórico y el otro de formación emocional. En el primero, “se buscó fortalecer principalmente la capacidad de entender mejor los conflictos y su dinámica en la sociedad, a partir de un análisis contextual, participativo e histórico”, comenta la coronel Patricia de la Unipep. Y en el segundo, se les brindaron herramientas de manejo de emociones, comunicación asertiva, formas de acercamiento a las comunidades y el uso del lenguaje.

En territorio uno de los aprendizajes que mayor se vio representado fue el control de emociones, así lo recuerda Víctor Barrera: “las primeras sesiones siempre eran una hora o una hora y media de comunidades señalando a los policías de todos los antecedentes de abuso que habían tenido y los policías manejando emociones, interactuando con las comunidades y tratándoles de decir que ellos estaban precisamente para hacer un trabajo distinto al que habían hecho otros policías”. Para la coronel Patricia este ejercicio permitió tender puentes entre la institucionalidad y las comunidades, resaltando el rol mediador de la Policía y aclarando que “la mayoría de inconformidades sociales no estaban relacionados con Policía Nacional, sino con otras instituciones del Estado y entidades privadas”. 

Una de las cosas que reconoce Víctor Barrera es que la formación se dio en muchas vías, una de ellas fue el cambio que sufrieron los investigadores del Cinep/PPP acerca del quehacer policial, “la realidad es mucho más compleja que un policía que van con un bolillo a pegarle a la gente, digamos, esa es como la imagen que se tiene y realmente eran policías que tenían mucha dificultad para operar, dificultades en el servicio, que enfrentan grandes dificultades emocionales para tramitar todo eso que tiene”.  

Estas jornadas de capacitación también permitieron vislumbrar reglas informales que se daban en el tinto, en la conversación o en el almuerzo y que no irradiaban a toda la institución porque los policías podrían tener un problema con su superior o un proceso disciplinario. Un ejemplo que llamó mucho la atención del equipo de investigación del Cinep/PPP fue el trabajo que iniciaron los policías con la Universidad Surcolombiana, en Neiva, que se caracteriza por una enemistad histórica entre estudiantes y policías. Los estudiantes al verse afectados por la infiltración de ‘capuchos’ en la protesta, ya que deslegitiman su reivindicación, comenzaron a hablar con los policías. Por debajo de cuerda, les indicaban cuando conocían que se iban a meter a la marcha para que los policías los capturaran. Otro ejemplo eran los espacios de diálogo que se abrían entre las comunidades indígenas y el Esmad cuando el conflicto había escalonado en violencia entonces “eran los dos cansados de haberse agarrado todo el día, un líder indígena y alto rango del Esmad se sentaban a conversar y decían está muy berraco, yo estoy mamado, usted esta mamado paremos dos horas y volvemos en un rato”, cuenta Barrera.

La protesta en escena

Dentro del proyecto se incluyó, además, un componente dedicado a los medios de comunicación debido a la identificación como tercer actor, que no participaba en la protesta, pero tiene un efecto importante en su interpretación y en las decisiones políticas que se realizan al respecto. Por ello, el trabajo se centró en “generar un espacio académico de formación y debate sobre la forma de narrar el conflicto y de la protesta social en el país, en específico, en los municipios priorizados”, aclara la coronel Patricia.  

Estos encuentros sirvieron para entender, con ejemplos concretos, cómo los periodistas cubrían la noticia. Como el caso del corresponsal de RCN en Putumayo, así lo narra Víctor Barrera, “él es un contratista, con una precariedad laboral brutal que tiene que ir por la chiva, por la novedad, que bajo la línea editorial del medio para que se lo publiquen. Y por ser de RCN, por tener solamente un chaleco, se le cerraban un montón de puertas. Entonces en eventos de protesta social, nadie le daba entrevistas, él no es que no quisiera entrevistar a los cocaleros, eran los cocaleros diciendo usted es RCN, ustedes nos estigmatizan entonces no le vamos a dar entrevistas”.

En estos espacios también fue posible que Consejo de Redacción y la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) mostrarán sus resultados y análisis sobre las infracciones cometidas por los policías a los periodistas y a pesar de la resistencia inicial se logró entablar un diálogo para mirar cómo los periodistas podrían hacer un cubrimiento más habilitante al derecho de la protesta y, a la vez, cómo la Policía les podía generar mayores garantías en situaciones de protesta social.

Aprendiendo juntos

El desarrollo de este proyecto les dejó muchos aprendizajes tanto a la Policía como al equipo de investigadores del Cinep/PPP. El más básico, para Barrera, era conocer “las condiciones específicas bajo las cuales ellos están desarrollando su servicio” superando el estereotipo de que “los policías pueden hacer lo que se les da la gana” y comprendiendo la carga emocional que esto conlleva. Para la coronel Alba Patricia, los aprendizajes son dos: el diálogo y el trabajo en equipo, que “no serían nada novedoso, ese es uno de nuestros fines, pero que en estos territorios se ha notado de manera diferencial”.

Del trabajo en conjunto, la coronel reconoce este hecho como algo histórico puesto que “nunca se había realizado entre dos instituciones tan distintas en pensamiento e interpretación de la realidad social” y fundamental, ya que, “la visión del Cinep/PPP muy diferente a la nuestra permitió encontrarnos a sí mismos como institución, los acercamientos con varias organizaciones sociales nos permitieron recomponer relaciones con distintos grupos y movimientos que aportaron en el desarrollo exitoso al proyecto”. Para Barrera fue “un mensaje público muy poderoso en términos de decir Cinep/PPP y Policía estamos sentándonos a hablar sobre garantías de protesta y tomando acciones concretas para que esto suceda”.

Los resultados del proyecto son la creación de un perfil con énfasis en diálogo y acercamiento comunitario, un diplomado en Transformación Pacífica de Conflictos Sociales, un diagnóstico nacional y territorial de conflictividad social de la cual nace una estrategia de relacionamiento interinstitucional y una Guía de Transformación de Conflictos Sociales en el Servicio de Policía. El más importante para la Coronel Alba Patricia, “un incremento de confianza e imagen institucional en los territorio intervenidos” y según Barrera, el éxito del proyecto esta en que las comunidades ahora demanda este servicio de policía y los comandantes de los departamentos, al principio desconfiados, reconocieron su labor. 

La segunda fase de este proyecto ya está en planeación. En ella se piensan adicionar de 10 a 15 municipios y formar a 250 policías. Se buscará dar a conocer a las comunidades sus servicios y que estos sean los que soliciten el servicio. En las capacitaciones se quiere continuar con el aprendizaje basado en la experiencia, en donde los mismos policías generen las soluciones a las dificultades a las cuales se enfrentan. Porque como lo dice la coronel Patricia “trabajar por la paz de Colombia vale la pena”.     

[1] Policía Nacional, Alianza para la Paz y Cinep/PPP. (2018). Transformación de Conflictos Sociales. Diagnóstico Participativo.

*La información presentada en el mapa fue recopilada en la entrevista a Víctor Barrera, coordinador de la línea de Conflicto y Estado del Cinep/PPP.

Lida Bocanegra
Equipo de Comunicaciones 

 

Grupos armados y construcción del orden social en la esquina sur del Tolima es un libro que gira en torno a las dinámicas de construcción y configuración territorial y social de la esquina sur del Tolima, dada tanto por actores armados, como por agentes estatales. La esquina sur, conformada por los municipios de Chaparral, Planadas, Ataco y Rioblanco se le asocia el nacimiento de las FARC en ese territorio. Por esta razón, históricamente se le vinculó como un ‘pequeño Caguán’ y como un escenario de constante guerra y violencia naturalizada por sus habitantes.

Andrés Aponte, autor del libro, describe como fue el proceso de construcción histórica de este territorio, para entender esas dinámicas y de qué manera a lo largo del libro desmiente algunos imaginarios a partir del relato de sus habitantes. Esto con ayuda de una metodología cualitativa y cuantitativa.

En esta entrevista, Aponte relata las metodologías usadas para ahondar en la investigación de la esquina sur del Tolima y su historia de orden social y político. Cuenta los enfoques y estrategias utilizadas para la recopilación de las voces que aparecen en el texto y finalmente la forma en como los imaginarios de esta comunidad se van desmintiendo, para reivindicar la lucha y persistencia de sus habitantes frente al conflicto armado que vivieron.

¿Cuál es la génesis de este libro?

Andrés Aponte: Este libro surge en el marco del proyecto de Educapaz, ahí se me encomendó hacer un trabajo investigativo en relación a como se había configurado el Estado en esta zona y cuál había sido su relación con el ámbito educativo. Resulta que cuando empecé a indagar y a buscar literatura existente sobre los temas en específico me encontré con que había un vacío impresionante sobre esta parte del país, que, si bien había sido muy estudiada la primera mitad del siglo XX también había una ausencia de literatura en todo sentido. Entonces, me propuse reconstruir una pequeña historia regional de la zona para así saber qué tipo de presencia del Estado había, cómo se había desarrollado en relación con el conflicto armado y con la educación.

¿Cómo es ese primer acercamiento con la comunidad?

A.A.: En el trabajo de campo nunca hay una guía ni unos parámetros específicos a seguir, siempre va surgiendo todo como al día a día, los ires y venires que trae un trabajo, de cierta manera, sin ruta. Mucho más guiado por el voz a voz, es decir, “¿a usted le interesa tal tema? vaya hable con fulanito que vive en tal zona y tiene experiencia sobre esto” y así me fui desplazando por las distintas localidades de la esquina sur. También, aproveché mucho los espacios de educación que se hicieron por parte de la Javeriana y del Cinep/PPP, en el cual contaron con asistencia de profesores y personas ligadas a los gremios productivos, ellos también fueron una fuente importante de información.

¿Ahí mismo se desarrollaron los talleres de cartografía descritos en el libro?

A.A.: Sí, ahí fue donde se desarrollaron, fue una idea que surgió inspirado en una autora estadounidense que trabaja eso para el caso salvadoreño y pensé que no se había hecho eso en el caso colombiano de ver cómo las personas propias de la comunidad percibían y representaban, no solamente, la manera en cómo se relacionaban con el actor armado, sino también la misma lógica de la violencia.

En cuanto a la cartografía social ¿Cómo evitó el sesgo de esa información?

A.A.: Muchas veces la corregí con información que ya tenía de otras entrevistas, con la lectura de algunas fuentes secundarias que, de cierta manera, refrendaban o falseaban lo que habían dicho. Muchas veces me corregían en fechas, lugares, etcétera. También, dependiendo de los momentos, porque no hay datos estadísticos para los años sesenta, setenta y ochenta, entonces esto me toco hacerlo muchas veces con prensa o con otras entrevistas. Para el presente si se pudo hacer con datos estadísticos, lo que permitió que muchos de los relatos y experiencias vivenciales particulares se pudieran elevar o falsear a la luz de esa información cuantitativa.

¿En qué momento usted encuentra el enfoque del libro?

A.A.: Hace más o menos un año, es decir, después de dos años de investigación, logro decantar todo el material que había encontrado y dilucidar el enfoque. Estuvo más abocado por una historia muy rica, en el sentido de que se empezaron a cuestionar, con los hallazgos que tuve, tres imaginarios relacionados con la esquina sur. El primero, era que siempre se había creído que esta era una zona de dominio completo de las FARC, de un dominio incontestado y prolongado desde su nacimiento hasta el presente; el segundo, fue que esta era una zona donde, precisamente, por esa presencia de las FARC, estaba relacionado como a un espacio de constante despliegue de la violencia, de alguna manera que las personas estaban acostumbradas a vivir al rugir de las balas y, el último, que consideraba que el sur del Tolima era como una extensión del Caguán en pleno corazón del país.

Con estos hallazgos pude interpelar esos lugares comunes para mostrar que las cosas eran mucho más complejas de lo que se tendía a asociar con esas tres representaciones que tiene el país integrado sobre esta zona.

¿De qué manera organizó las entrevistas individuales para que en el libro hubiera a partir de esas voces una construcción de la historia de la Esquina Sur del Tolima?

A.A.: Dividí las entrevistas por temas, es decir, si me hablaban de ámbitos de regulación del actor armado, de economías ilegales, de afectación del conflicto armado de las lógicas de violencia y por periodos de tiempo. Entonces, ese tema en particular de acuerdo a una fecha particular y esa fue la manera en que las fui organizando para construir un relato que parece al unísono, pero construido a partir de varias voces.

¿Cuáles fueron los actores que usted priorizó durante la investigación para narrar esa construcción de orden social?

A.A.: Los principales protagonistas son los actores locales, las personas de la zona; no obstante, para tratar de falsearlos, para elevar sus relatos o también para comprenderlos a la luz de las dinámicas regionales y nacionales también indagué con personas vinculadas al Estado regional, es decir, a la gobernación o autoridades locales, miembros de la fuerza pública e incluso a guerrilleros.

¿A lo largo de la investigación como cambian las expectativas de lo que iba a ser el libro?

A.A.: A medida que fui consolidando toda la información, me di cuenta que tenía el material suficiente para hacer el libro. Al inicio parecía un documento corto de avance de investigación o un pequeño artículo, pero dada la magnitud de información que tenía y la calidad en cuanto a la riqueza descriptiva de cómo se daban los procesos y cómo eran percibidos me di cuenta de que tenía el material suficiente para escribir un libro resultado de investigación.

¿Cuál era la visión que tenia de la esquina sur del Tolima antes de la reconstrucción que hace en esta investigación y cuál es la que tiene ahora?

A.A.:Es un lugar del cual estoy profundamente enamorado y vinculado en el sentido que siento profunda admiración por sus pobladores. Me enseñaron y me ayudaron a interpelar la literatura sobre el tema. Creo que los pobladores y los civiles moldean sus preferencias por la violencia, pero también pueden resistirla y van aprendiendo cómo resistirla. La esquina sur del Tolima es el mejor ejemplo de esto porque si bien no tenían las capacidades organizativas de otros lugares, no habían experimentado otros procesos o dificultades, tuvieron la capacidad de mantener a raya el actor armado cuando tenían que hacerlo.

  

 

Descarga aquí el libro: Grupos armados y construcción del orden social en la esquina sur del Tolima 

María Fernanda Vera
Equipo de Comunicaciones 

 

En el año 2018 se configuró una alianza entre el Cinep/PPP, la Fundación Gaia Amazonas y la Fundación Natura que, con apoyo de la Inter- American Foundation (IAF), orientó sus esfuerzos a fortalecer las estrategias participativas de construcción de paz en los pueblos indígenas de 13 Asociaciones de Autoridades Tradicionales Indígenas (AATI) del suroriente amazónico colombiano: Vaupés, Guainía y Amazonas.

Hablar de estrategias participativas de construcción de paz con enfoque territorial y colectivo, requiere establecer tres ejes analíticos: visión de la concepción de paz en el territorio, conflictividades desarrolladas en el mismo y las estrategias colectivas para la gestión pacífica de conflictos y la generación de alternativas sostenibles para la construcción de la paz.

Durante el desarrollo de este proceso de acompañamiento realizado por la Alianza con estas 13 AATI, se identificó que las autoridades de dichos territorios indígenas entienden el “vivir bien” como vivir en paz. Es decir, esa es su visión de paz territorial, caracterizada por el desarrollo de procesos de fortalecimiento del ejercicio de gobierno propio, a través del uso y manejo tradicional del territorio, y el respeto a sus estructuras sociopolíticas, económicas de sostenibilidad y de gobierno.

Sin embargo, este “vivir bien” se ha visto afectado históricamente por conflictividades asociadas a procesos económicos y socioculturales impuestos, y por visiones de desarrollo y ordenamiento territorial ajenas a la cosmovisión de los territorios indígenas amazónicos. En este sentido, en el marco de la alianza, se apoyó la construcción desde la voz de las autoridades indígenas, de una caracterización de 4 conflictividades identificadas por ellos, como aquellas que se mantienen en el tiempo, se transforman y tienen vocación de permanencia: colonización, minería, narcotráfico e imposición de la educación convencional.

A partir de lo anterior, se identificaron diversas iniciativas que se desarrollan en los territorios indígenas de estas 13 AATI, como formas de resiliencia y resistencia, que apuntan a la consolidación de su visión de paz a escala regional y local.

En este contexto, la alianza se reunió con las autoridades de las 13 AATI del 2 al 4 de septiembre en Bogotá, con el fin de consolidar estos resultados y generar un espacio de incidencia política con entidades de gobierno y otros actores aliados, propiciando un diálogo en torno a las conflictividades y estrategias participativas de construcción de paz en el suroriente amazónico.

Entender la paz como un derecho fundamental, es clave, en tanto se reconoce que se encuentra en el nivel de una política de Estado y no de una política de gobierno; sin embargo, visibilizar las realidades territoriales locales y regionales permite consolidar apuestas locales de paz, posibilitando la comprensión de esta desde una visión global e integral de la misma.

Amazonía, territorio de paz

Erika Parrado, investigadora de la línea de Iniciativas de Paz y una de las gestoras de este proyecto nos comparte cuáles fueron los aportes de Cinep/PPP en la participación de este convenio, los principales aprendizajes y las lecciones aprendidas de los intercambios de experiencias.

¿Cuáles fueron los aportes del Cinep/PPP a este proyecto?

Erika Parrado: Uno de los principales aportes fue complementar lo que GAIA y Natura venían trabajando en el tema del fortalecimiento a las organizaciones indígenas con una mirada desde la construcción de la paz.

Y el otro, en profundizar en metodologías situadas de manera que las investigaciones locales no solamente se seleccionaran de manera arbitraria, sino que respondieran a esa relación entre conflicto y paz. Desde Cinep/PPP propusimos una metodología de mapeo de conflictividades y mapeo de iniciativas de paz. Ya teniendo en cuenta ambos mapeos, surgen 5 investigaciones locales. La idea era que estas investigaciones dieran cuenta de estrategias de construcción de paz utilizadas para resolver alguna de esas conflictividades mapeadas. Ese es el aporte, en términos metodológicos y también en el camino que se genera para llegar a esas investigaciones.

¿Cuáles son los principales aprendizajes de las investigaciones?

Son muchos. En este caso, no era hacer investigación y acción participativa sino dar un paso más allá y explorar desde otras metodologías colaborativas. Lo colaborativo parte de un punto diferente porque ya no es solo la participación para la transformación de la realidad social, sino que es reconocer que el conocimiento que se genera ahí es igual de válido al conocimiento científico y académico.

Para nosotros fue un reto porque los talleres y los espacios de formación tenían que pensarse en función de unas metodologías que fueran atractivas y claras, no en lenguaje técnico, sino en un ir y venir entre las experiencias acumuladas por ellos y lo que nosotros podíamos brindar o facilitar. Entonces siempre salían ejercicios asociados al contexto, a la cotidianidad para poder luego dar el salto a las investigaciones. Así, ellos se daban cuenta que investigar no es algo que solo lo puede hacer quien tiene un título universitario, sino que ellos investigan todo el tiempo.

Por ejemplo, tener toda la experiencia en el manejo de plantas medicinales tradicionales es un gran ejercicio de investigación. Lo que pasa es que, su registro es un registro oral. Entonces otro aprendizaje es también explorar otros registros, reconocer que lo escrito no es la única forma de transmisión de conocimiento. Por ejemplo, el sonido, las imágenes, el video, incluso los ejercicios de memoria oral, son mucho más potentes y la escritura no tanto.

Uno de los aprendizajes es que no hay modelos únicos para la investigación, es decir, que no hay moldes, que no hay un “a,b,c” de la investigación, sino que ameritó hacer un trabajo particular con cada uno de los cinco grupos de investigación de manera que ellos mismos se dieran cuenta que el tema que ellos habían escogido lo habían escogido por algo y que ellos tenían herramientas para realizarlo pero que también esa misma información la tenían que hacer sencilla para poder regresarla a sus comunidades, pues ese era el sentido más importante de la investigación.

¿Cómo fue el proceso de intercambio de experiencias?

Al comienzo se planteó que se hiciera con 13 asociaciones de autoridades tradicionales indígenas y estas en conjunto iban a escoger cuáles 5 se querían profundizar. Los criterios eran muchos, desde pensar en la carga de trabajo que ya tenían las organizaciones, como aquellos que no habían tenido la oportunidad de trabajar en investigaciones. Se seleccionaron cinco caso distintos y esta diversidad hacía que tratáramos de pensar las metodologías de los espacios como espacios de intercambio de experiencias. Primero, porque es muy difícil que ellos se puedan encontrar en territorio, también porque las distancias son muy grandes y los costos son muy altos y porque son de grupos étnicos distintos.

Entonces tener a jóvenes que se están formando en liderazgos políticos, también daba la posibilidad para que ellos mismos se dieran cuenta qué habilidades podían aprender de los demás. Y en conocimientos estaba la cuestión de aprender de otros temas. Por ejemplo, PANI, que tiene un proceso que está arrancando de mujeres, aprendía mucho de ATIZOT que ya llevaban un largo camino en este proceso de mujeres. ACURIS que tiene 2000 plantas medicinales catalogadas aprendió de unos jóvenes de cómo hacer un catálogo con lo que ellos tienen. Era muy enriquecedor ver que a través de estos espacios en común se construía una confianza entre ellos y comenzaban a preocuparse por las demás investigaciones y por las personas detrás de estos procesos.

Las comunidades indígenas del suroccidente amazónico construyen paz

Mujeres gestoras de vida, conocimientos y saberes - AATIZOT

La Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas de la Zona de Tiquié (AATIZOT) documenta el proceso organizativo de las mujeres en el territorio como un aporte a la construcción de paz. 

 Gobernanza ambiental y construcción de paz para el pueblo Ñamepaco - ACURIS

La Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas de las Comunidades Unidas del Río Isana y Surubi (ACURIS) documenta los tres sectores que fortalecen el Plan de Vida como un aporte a la construcción de paz.

 

La importancia del conocimiento ancestral para el buen vivir - AATIVA

Las Asociaciones de Autoridades Tradicionales Indígenas del Eje Vaupés ATIVAM, AATIAM, ASOUDIC y ASATRAIYUVA, documentan la recuperación de prácticas culturales y el manejo sostenible de los bosques como un aporte a la construcción de paz. 

 

Pervivencia e identidad cultural del pueblo Miraña-Bora - PANI

 

La Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas PANI documenta los saberes y prácticas de la medicina tradicional como un aporte a la construcción de paz.

Construyendo la maloca del pensamiento etnoeducativo - AIZA 

La Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas AIZA documenta la implementación del modelo etnoeducativo propio como un aporte a la construcción de paz. 

 

 

Entrevista: Laura Inés Contreras Vásquez
Equipo Comunicaciones