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En San Pablo Nariño se proclamó el primer Territorio Campesino Agroalimentario del Norte del Nariño y el Sur del Cauca, en total serán proclamados 62 territorios a nivel nacional, nueve de ellos en el departamento de Nariño.

El evento de proclamación contó con la presencia de alcaldes, congresistas, concejales, gobernadores, organizaciones sociales, cooperación internacional y más de cuatro mil personas de  municipios de Nariño y Cauca. Junto con la proclamación se hizo el nombramiento y posicionamiento de la Junta Campesina de Gobierno Cultural del Territorio, constituida por 51 personas de 14 municipios de Nariño y tres del Cauca, así como también el nombramiento de los Coordinadores de la Protección del Territorio y la aprobación del Plan de Vida Agua y Dignidad Campesina del Territorio.

La propuesta de construcción del Territorio Campesino Agroalimentario en el Norte de Nariño y Sur del Cauca es concebido y organizado por familias, comunidades y organizaciones campesinas orientado por una autoridad campesina y un Plan de Vida digna, resultado de procesos organizativos, sociales, políticos, económicos y culturales. El Plan de Vida Digna es le camino que traza la comunidad para organizar su trabajo a corto, mediano y largo plazo. Es un proceso integral, ya que incluye todos los aspectos de la vida comunitaria.

Durante el discurso de proclamación Robert Daza, miembro del Coordinador Nacional Agrario-CNA anunció "Nos declaramos en minga por la construcción del territorio para la vida campesina donde la agricultura sea la que nos garantiza los medios para el bienestar de nuestra familia y comunidad. Nos comprometemos a hacer minga para cuidar, proteger y garantizar el agua, la tierra, el territorio para la gente y no para los intereses de las empresas transnacionales, en especial las mineras. Nos comprometemos a organizar y trabajar en comunidad para sacar adelante los proyectos que dignifiquen nuestra vida campesina. Nos comprometemos a luchar por la infraestructura necesarias para el bienestar y progreso, nos comprometemos a recuperar y engrandecer nuestra cultura campesina. Nos comprometemos a desterrar toda forma de discriminación en especial hacia las mujeres y la niñez, nos comprometemos a cuidar la vida, la gente y el medio ambiente". 

Bajo los principios de autonomía, participación y convivencia en los territorios agroalimentarios los campesinos y campesinas construyen relaciones sociales y comunitarias, tienen una relación directa y especial con la tierra, la naturaleza y el agua, fruto de procesos y prácticas sociales y productivas donde se unen el pasado y el presente en la construcción de vida digna y el buen vivir en el campo.

En el marco del convenio Construyendo Paz con Equidad desde Nariño Cinep/PPP en alianza con el Comité de Integración del Macizo Colombiano- CIMA- y el Comité de Integración del Galeras - CIGA-  acompaña el proceso de los Territorios Campesinos Agroalimentarios como propuesta de construcción de paz en el departamento de Nariño.

 

 

 

Al cumplirse el primer año del convenio Construyendo paz con equidad desde Nariño*, se realizó el pasado 9 de diciembre en Pasto el foro Retos para el posconflicto y construcción de paz . El encuentro tuvo como objetivo ofrecer a los sectores y organizaciones sociales elementos para la comprensión de las dinámicas del territorio y del país. Para ello se presentaron tres paneles sobre temas que interesan a la región del macizo nariñense: 1) trayectorias de los conflictos sociales y políticos 2) territorios y defensa del agua 3) movimientos sociales y participación

El primer panel planteó, desde la geografía del departamento de Nariño, un recuento de las causas, origen y desarrollo del conflicto así como la intensificación de la violencia durante la última década. Según la profesora Lydia Inés Muñoz Cordero, miembro de la Academía Colombiana de Historia, "las zonas álgidas son: en la costa, los municipios de Tumaco, Barbacoas e Iscuandé y en la cordillera Policarpa, Cumbitara, Leiva y El Rosario, lugares donde deben aplicarse planes especiales de contingencia y salvaguardia de la vida como valor primario y eje de todas las acciones a seguir ". 

Durante el segundo panel referente a territorios y defensa del agua, se hizo énfasis en el desconocimiento de las vocaciones productivas de la región, puesto que por ley se ha destinado a zonas de reserva forestal buena parte del territorio lo que ocasiona conflictos con los campesinos por el escaso acceso y derecho que tienen de la tierra, distinto sucede con las comunidades negras e indígenas, quienes con el reconocimiento constitucional de comunidades étnicas tienen prioridad en los procesos de titulación. Para el profesor Franco Ceballos "para pensar la relación agua-territorio son fundamentales tres dimensión: comunitaria, natural y espiritual, al hablar sobre el derecho al agua es importante considerar no solo el derecho humano sino también los derechos del agua y del territorio, derecho a la existencia, derecho a la generación armónica de sus ciclos vitales y a una reparación integral por los daños  que ocasiona el hombre".

El panel sobre movimientos sociales y participación habló sobre la posibilidad de que el movimiento indígena, afro y campesino se puedan juntar como movimiento agrario, explicó Soraya Yie "como sucedió durante el paro agrario en 2013 donde se vio una articulación de los movimientos, mantener la articulación da fuerza pero la unidad ha sido frágil, el riesgo es que cuando no se mantienen la unión se pueden reforzar fronteras, son fronteras que sirven para consolidar sistemas de distribución desigual, lucha entre vecinos y entre parientes".

Los asistentes al foro coinciden en que para la construcción de paz es necesaria la innovación y los aportes desde cada uno de los municipios del departamento, que las comunidades sean comprometidas y participen desde las ideas que surgen en los territorios, que no se impongan modelos desde afuera que hacen perder la identidad y la visión de desarrollo de los nariñenses.  Vea también: Retos de la población civil en el posacuerdo

 

 

       

*El Convenio denominado “Construyendo Paz con Equidad desde Nariño”, es una iniciativa de trabajo conjunto entre la Fundación Humanismo y Democracia -H+D-, institución sin ánimo de lucro cuyos nes son la promoción, desarrollo, protección y fomento de estudios e investigaciones sociales y la Cooperación al Desarrollo; y el Centro de Investigación y Educación Popular –CINEP- fundación sin ánimo de lucro que anima el cambio social, trabaja por una sociedad más justa, democrática y en paz, con una opción preferencial por las víctimas del conicto colombiano. A su vez, trabaja en articulación con la Fundación SUYUSAMA y FUNDESUMA/CIMA Nariño. Este Convenio cuenta con nanciación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo –AECID-. El Convenio se ha propuesto fortalecer y visibilizar a las mujeres, a través de sus organizaciones, redes y procesos, apoyando sus iniciativas de desarrollo local y construcción de paz.

 

San Andrés de Tumaco es el segundo puerto más importante después de Buenaventura. Ubicado al extremo suroccidental del departamento de Nariño, Tumaco es un municipio biodiverso: la playa, la montaña y la selva hacen de este no sólo uno de los lugares con mayor posibilidad de ecoturismo sino que se ubica en una zona geográfica compleja.

Desde finales de la década del noventa, Tumaco dejó de ser un lugar con una mínima presencia de actores armados y violencia para convertirse en uno de los casos emblemáticos de los nuevos escenarios del conflicto armado colombiano.

Continuamos con nuestra serie ¿Qué pasa en las fronteras de Colombia? Municipios al límite y le damos paso al análisis de la realidad que vive hoy Tumaco.

Invitados:

*José Luis Fonsillas, Dióscesis de Tumaco

*Andres Aponte de CINEP/ Programa Por la Paz

*Ariel Palacios de C.N.O.A. (Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas)