Esto opinaron seis víctimas del conflicto sobre la memoria y la situación de sus comunidades en medio de la crisis social y sanitaria en Colombia por el Covid19. Compartimos resumen y video de la segunda emisión de  #DiálogosEnCuarentena realizada en conmemoración del Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las víctimas.


Desde Tumaco, Chocó, Bojayá, Antioquia y Montes de María, víctimas, líderes y lideresas sociales conversaron sobre "Memoria, líderes sociales y víctimas en tiempos de pandemia" en un diálogo virtual convocado por el CINEP/PPP y el movimiento Defendamos La Paz. La charla abrió espacio a hacer visibles las gran vulnerabilidad de las comunidades históricamente excluidas, en cuyos territorios, además del confinamiento sanitario, se ha recrudecido el confinamiento armado. 

Desde el Chocó, Luz Marina Becerra, miembro de Afrodes Colombia, insistió en la carencia de servicios básicos como el agua afirmando que “para nosotros por la exclusión histórica el confinamiento es más difícil”.  Luz Marina mencionó, con jocosidad y preocupación a la vez, que les mandan a lavar las manos con frecuencia cuando en muchas poblaciones afro ni siquiera tienen acceso al agua. 

A la vulnerabilidad creada por la emergencia sanitaria, se suma la violencia latente a la que se han visto expuestas históricamente estas comunidades. Las amenazas, desplazamientos y asesinatos a los pueblos empobrecidos, entre ellos 6 líderes que han sido asesinados durante cuarentena, no paran. Tal fue el caso de John Restrepo, líder de la comunidad Lgbt en Medellín quien fue atacado en su propia casa en un barrio popular de Medellín durante el confinamiento. Otros no corrieron con su suerte y perdieron la vida como ha sido el caso también de firmantes de paz de Farc asesinados en este periodo. 

Según Leyner Palacios quedarse en casa es incluso aumentar el riesgo. Palacios insistió en la necesidad de crear un corredor humanitario en el Pacífico donde preocupa la violencia que no se detiene ni con la pandemia.

Menderson Mosquera, en Antioquia, se refirió a las poblaciones confinadas por la guerra en el Bajo Cauca, Dabeiba y Mutatá, en donde las directrices nacionales han sido débiles y no se han integrado todas las medidas tomadas por el gobierno frente a la pandemia. Para Mosquera es necesario que las ayudas alimentarias no se dejen en manos de “politiqueros” sino que se entreguen con prioridad. Ellos y ellas como integrantes de la Mesa Departamental de Participación Efectiva de Víctimas no han contado, explica, con posibilidad alguna de incidir en la escogencia de la entrega de ayudas en sus municipios.

Además, Jhon Jairo Romero, desde España, explicó la fragilidad de las víctimas que se encuentran en el exterior y solicitan con urgencia medidas de protección. John Jairo también destacó la solidaridad que ha recibido de otros colombianos y las muestras de afecto y apoyo que observa en Colombia. Para él, la pandemia también está “sacando lo mejor de nosotros”. 

Entre tanto, José Luis Foncillas, coordinador de la Casa de Memoria de Tumaco, enfatizó en las preocupaciones de muchos -no solo de las víctimas- por la “oficialización” de la memoria de parte del Estado. 

“La memoria no es del Estado es de las poblaciones vulnerables, las víctimas y los colombianos, debe ser un espacio autónomo, no debe ser un instrumento para que el gobierno de turno cuente lo que quiera”.

Desde Tumaco, Foncillas señala que varios grupos ilegales en el Pacífico Nariñense han estado distribuyendo panfletos amenazantes y recordó que horas antes incluso atacaron una misión médica dejando una persona muerta.

Por su parte, Claudia Cueto, en Montes de María, habló de la importancia de la memoria desde las comunidades recordando la experiencia del Mochuelo en los Montes de María. En dicha región varios líderes sociales han sido amenazados en medio de la pandemia y están sorteando su seguridad además de la sobrevivencia.

"Una lección que nos está dejando el COVID-19 es que el Estado debe avanzar en prevención y no solo en reacción a la coyuntura. No tenemos un sistema de salud adecuado menos aún en territorios afro", afirmó Luz Marina Becerra.

Para las víctimas hay una debilidad del Estado para responder a la emergencia sanitaria y social generada. Para varios, la pandemia develó la corrupción y la fragilidad del sistema económico y político de Colombia que, sumadas a la violencia histórica, podrían llevar a la desaparición de comunidades como el caso de los Wayuú en La Guajira.

Los presentes estuvieron de acuerdo también en el rechazo a los posibles actos de corrupción para entregar alimentos o bonos por parte del gobierno nacional, y exigieron protección para sus territorios. Además, se sumaron a la propuesta de la Red Colombiana de Lugares de Memoria de lograr que el Museo Nacional de la Memoria (promovido desde el Centro Nacional de Memoria Histórica pero que es un escenario de reparación a las víctimas según la ley) tenga una dirección independiente del gobierno. 

Las víctimas mostraron, una vez más, su fuerza y su valor e invitaron a los colombianos a estar de pie exigiendo la garantía de sus derechos y apoyándose mutuamente en lazos de fraternidad y solidaridad. A continuación el conversatorio completo: 

 

Por: Paola Llinás Aragón y Katalina Vásquez G.

El pasado 6 de abril culminó el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias: “Lecturas críticas, voces diversas y horizontes políticos en el mundo contemporáneo” en Bogotá. Durante tres días un público variado y de diferentes lugares de América Latina reflexionó sobre la memoria y la historia oral, sus usos, metodologías, experiencias, procesos investigativos, en un ambiente lleno de contradicciones. Además del Encuentro, los investigadores y académicos se reunieron con diferentes grupos sociales, campesinos, afrodescendientes, indígenas en varios lugares de  Colombia y suscribieron la siguiente carta en donde hace un llamado de solidaridad con el mantenimiento de la implementación del Acuerdo de Paz. 

El 4, 5 y 6 de abril se desarrollará en Bogotá el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias: “Lecturas críticas, voces diversas y horizontes políticos en el mundo contemporáneo”. Durante tres días un público variado y de diferentes lugares de América Latina reflexionará sobre la memoria y la historia oral, sus usos, metodologías, experiencias, procesos investigativos, en un ambiente lleno de contradicciones.

Este encuentro estará a cargo de las organizaciones miembro de la Red Latinoamericana de Historia Oral (RELAHO), entidad académica de Latinoamérica y el Caribe para la articulación, intercambio y difusión de la investigación. Este año, Colombia celebrará el Bicentenario de su independencia por medio de ceremonias institucionales, oficiales y gubernamentales, lo que hace que este tipo de encuentros tengan una relevancia en un país como Colombia en donde se están dando actualmente varias tensiones y disputas por el tema de la memoria.

Como Colombia será país anfitrión, se darán a conocer nuevos trabajos sobre lo que distintas comunidades han expresado acerca de la violencia política por el incumplimiento de buena parte lo que se acordó con las Farc. Así, se reflexionará acerca de distintas investigaciones sobre el pasado reciente que se abordan desde la historia y la memoria con diferentes formatos comunicativos y artísticos como la danza, la literatura, la fotografía, los videos y el teatro.

Entre los invitados están:  Vera Carnovale, doctora en Historia, docente de la Universidad Nacional San Martín e investigadora Adjunta del CONICET; Raúl Zibechi, escritor, periodista y activista uruguayo que se ha dedicado al trabajo con movimientos sociales en América Latina; Pere Petit, presidente de la Asociación Brasilera de Historia Oral (ABHO) y Josefina Vásquez Awad, trabajadora Social de la Universidad Industrial de Santander, con maestrías en Antropología y Antropología Visual  de Universidad Católica de Lima, entre otros.

A propósito del contexto latinoamericano, investigadores sociales se están planteando preguntas sobre el modelo neoliberal en el continente, las crisis económicas que han tenido varios países y el aumento de propuestas políticas neoconservadoras que llegaron al poder y que no han temido en utilizar cualquier método para mantenerlo. Con estos cambios también han surgido transformaciones, como las pérdidas de las conquistas de los trabajadores a principios de siglo XX o el cambio del sueño americano a una pesadilla para millones de latinos. La Historia que se está escribiendo a partir de esos cambios pasará inevitablemente por la oralidad.

Muchos investigadores, comunidades, docentes, entidades, universidades y colectivos utilizan la historia oral en su amplia gama de posibilidades para realizar investigaciones. Es por eso que el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias será un espacio en el que se podrá fortalecer la construcción de redes de trabajo sobre estos temas, establecer un espacio para la divulgación de los aportes de la investigación y la enseñanza de historia oral y memorias y debatir los horizontes políticos de América Latina a la luz de las lecturas críticas sobre la historia en el mundo contemporáneo.

Para conocer más sobre el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias consulta: http://colectivohistoriaoral.org/

 

Laura Cristina Vásquez

Equipo de Comunicaciones

Las memorias son formas de traer el pasado al presente y proyectarlo al futuro. En ese sentido adquieren de nuevo vida dándole sentido a los grupos humanos para su existencia y constituyéndose en fundamento de sus identidades. Pero la memoria no es una sola, es plural y heterogénea, y suele entrar en disputa con otras por el sentido de ese pasado en conexión con el presente. Lo mismo se aplica para los movimientos sociales en general, y con más razón, para los colombianos dado el contexto actual en el que tiene tanta importancia los trabajos de la memoria, y no solo de las víctimas directas de la violencia. Hacia allí apunta el sistema de justicia transicional implementado por los acuerdos de La Habana y en especial el trabajo de la Comisión de Verdad. Ahora bien, no toda memoria se construye sobre traumas violentos, las hay también sobre logros y triunfos, e incluso sobre episodios cotidianos no necesariamente épicos.

En esta convocatoria del número 213 de la Revista Controversia se busca reflexionar sobre eventos y contextos de memorias disputadas en los movimientos sociales colombianos y del continente.  

Fechas:

  • Apertura: 15 de diciembre de 2018
  • Cierre: 29 de marzo de 2019
  • Publicación:diciembre de 2019
  • Editor del dossier: Javier Lautaro Medina
  • Correos: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Consulta aquí el Manual de publicación para autores

 https://www.revistacontroversia.com

En el marco del segundo seminario regional de interculturalidad desarrollado en Cartagena, Sandra Raggio, docente de la Universidad Nacional de la Plata y Directora general de la Comisión por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, participó con profesores de la región caribe en la discusión sobre el papel de la memoria desde la escuela. 

¿Por qué es importante hacer ejercicios de memoria?

En principio la memoria es una construcción social que existe y que tiene que ver con la conformación de los grupos sociales, de las comunidades. La activación de los procesos de memoria en comunidades que han sido atravesadas por procesos de violencia, que han desestructurado las relaciones sociales, tiene que ver con poder reconstruir esa comunidad y reconstruir los lazos en clave de poder vivir juntos y de otra manera. Esta es la memora como un trabajo social, cultural y político. La memoria es profundamente política en el sentido en que la memoria puede ser usada para consolidar el poder de determinadas minorías que legitiman la dominación, que reivindican la violencia o puede ser una memoria ligada a los sectores populares, a las grandes mayorías, que les permitan pensarse en relación con ese poder. Las secuelas de los periodos de violencia son muy largos y difíciles de superar y la memoria es el trabajo de las comunidades por superar ese pasado.

¿Existe una forma correcta de hacer memoria?

Si, claro está, no de validez universal. Uno se posiciona desde algún lugar, porque la memoria siempre implica una posición, no hay memoria desde un lugar neutral, pero para uno hay una memoria que es la correcta. Esa memoria es aquella que es capaz de construir y generar nuevas expectativas de futuro que tengan que ver con vivir mejor, con superar los pasados duros, asociadas a los procesos de democratización de la sociedad que  es a fin de cuentas la conquista de derechos.  La memoria correcta tiene que ver con poder asociarse, y que esos procesos de memoria estén asociados con los procesos de democratización y con procesos de ampliación de derechos.  Hay algunos usos de las memorias que no se orientan a responder a los derechos de las mayorías. En ese sentido, sí hay algunas formas correctas de hacer memoria.

¿Cómo deben las comunidades apropiarse de esas memorias para exigir la reivindicación de sus derechos?

En principio, la primera demanda de las víctimas es la exigencia del reconocimiento del daño, es decir, ser reconocidos como víctimas. La memoria como trabajo, como acto voluntario, implica hacer cosas: juntarse con otros, testimoniar, conversar, registrar, narrar, tener actos colectivos. La memoria no es solo un relato o un registro de los hechos sino que eso tiene que construir sentido, tiene que clamar por justicia. No solo una justicia punitiva, puede ser una justicia restaurativa, una justicia reparadora. La memoria tiene un efecto reparador sobre la comunidad. Un simple registro de los hechos no tiene valor por sí misma. Adquiere valor cuando repara a la comunidad que necesita que lo que le hicieron sea reconocido, sea visibilizado, no sea negado, no sea silenciado.

 Esos son actos de reparación. El muerto no volverá, pero por lo menos se le reconoce que su muerte fue injusta y eso no es menor. La memoria tiene mucho para que las comunidades vuelvan a ser comunidades. El trabajo de la memoria es volver a repensarnos colectivamente, la pregunta, después de la violencia, es ¿Quiénes somos?  Porque la violencia afecta profundamente las identidades.

¿Qué hacer frente a los actores estatales que son sentenciados a hacer actos de perdón, pero que realmente no sienten ninguna intención de hacerlo?

La función del Estado no es solo enunciar, sino que debe actuar. No se trata solo de reconocer un acto. Debe realizar otro tipo de acciones para reparar a las comunidades que se vieron afectadas por los actos de sus miembros. Esa formalidad de actos de perdón, no repara a nadie. Capaz que repara más el hecho de que sean obligados a hacerlo que el mismo acto formal.

¿Se puede lograr un relato unificado del conflicto?

Es difícil hablar de una única memoria o una versión consenso. La dinámica de la memoria es básicamente la disputa. La memoria existe en la medida en que disputa y se enfrenta con otras. Los regímenes totalitarios siempre imponen una mirada única del pasado, para borrar el futuro. Más que crear un relato unificado, hay que construir un piso, una base de dónde partir. En Argentina eso se hizo con la producción de la verdad jurídica. Uno puede tener muchas discrepancias con la forma en que la justicia narra los hechos, pero hay un reconocimiento de que esos hechos sucedieron.  Cuando el Estado no reconoce lo que hizo, o lo que dejó de hacer, es muy difícil que la memoria que se construya sea creíble.  Lo principal es que el Estado reconozca su participación y luego cree el relato de qué hicieron los otros. Eso, por lo menos, es lo que hace particular el caso argentino, que hay una clara responsabilidad del Estado en el ejercicio de la violencia. Hay que diferenciar también las características de cada país. La violencia colombiana no es comparable con los procesos de violencia argentina.  Cada actor involucrado debe hacerse cargo de su responsabilidad, y en el caso colombiano es lo que complica el proceso, que el Estado es uno más.

¿A qué se refiere el término de la memoria feliz?

Es un proceso de recuperar las historias de lucha, de una organización, de lo que  vino a destruir la violencia. Es pensar uno qué ha sido, para plantear en qué quiere convertirse. La memoria feliz es poder repensarse antes de la violencia, porque uno de los primeros efectos de la violencia es borrar las identidades anteriores, entonces hay que repensarlo. No para volver a ser lo que fuimos, sino para incorporarlo a nuestra propia identidad. Hay que pensarse memorias mucho más largas independientemente de la violencia. Las comunidades indígenas, los pueblos originarios tienen memorias así, no de 30 o 40 años sino de 100 o 200 años. Estas memorias más cortas hay que lograr incrustarlas en las más largas para construir los relatos locales y así llegar a un relato nacional.

¿Cómo es hacer memoria en Argentina?

Es siempre un desafío. La memoria siempre trae desafíos. Hoy estamos en un momento histórico muy diferente al de hace 10 años y hace 20 años. La violencia marcó tanto al pueblo argentino que constantemente están reactualizándose, están en la agenda política, y atraviesan a la cultura, la trama social y sobre todo están atravesando a las nuevas generaciones.  La dictadura empezó hace 41 años y aún, a los jóvenes que nacieron en la democracia, la dictadura es un proceso que les sigue significando, siguen interesados en saber qué pasó y se siguen viendo implicados en la dictadura.

¿Qué consejos dejaría a los colombianos para trabajar la memoria?

A mí me parece que más allá de las posibles limitaciones del acuerdo, hay una memoria de abajo y hay una dinámica de las comunidades que es sumamente interesante y que sería muy importante activarla, más allá de las políticas del Estado. Me ha parecido muy interesante en el caso colombiano la participación que tiene  las mismas comunidades locales para reconstruirse. Esa territorialización de la memoria es muy importante que no se pierda. Ojalá que el acuerdo de paso a esos proceso locales de las comunidades para construir memoria y para repensarse hacia el futuro. Otro consejo es que no asuste que la memoria es un conflicto y una disputa permanente. La memoria no es un remanso. Pero puede haber disputa en otros términos que no sean tramitados por medio de la violencia.

 

Miguel Martínez

Equipo de comunicaciones