Este es nuestro más reciente editorial, compartido en el programa Notas humanas y Divinas que se emite todos los domingos por la Cadena Básica Nacional de RCN.


Elijamos dignidad, no indigencia, es el título de una propuesta que hace Oxfam internacional para aportar a la construcción de un plan de rescate económico justo a nivel global, frente a la crisis del coronavirus. Los efectos del virus se pueden manejar si la solidaridad se aplica, si las políticas públicas de los Estados priorizan la protección de su población; y si los países ricos proporcionan apoyos económicos estratégicos a las naciones en desarrollo y más empobrecidas del planeta.

La suspensión de diversas actividades laborales en medio de la propagación del Covid19 tiene un enorme impacto económico mundial. La Organización Internacional del Trabajo calcula que podrían perderse en el mundo ciento noventa y cinco millones de puestos de trabajo. Esto significaría que las familias en el mundo no podrían acceder a tres punto cuatro billones de dólares en ingresos. A esto se suma que globalmente son dos mil millones de personas que trabajan en el sector informal, lo que significa que, en países de renta media, como Colombia, los informales suman el sesenta y siete por ciento de las personas ocupadas. Esto representa más de ciento cuarenta millones de informales en América Latina. Personas que no podrán cumplir largas cuarentenas porque el día que no trabajen no comen, su salud será frágil, con riesgo de contraer enfermedades y débil capacidad de trabajo.

En este contexto, las próximas decisiones que tomen el Banco Mundial, el FMI y los países del G20, deben ser efectivas si quieren mitigar los impactos económicos negativos. Se deben tomar medidas que beneficien directamente a las personas más empobrecidas y no solo rescatar grandes empresas. Por su parte, la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo ha solicitado dos punto cinco billones de dólares para rescatar la economías de los países en desarrollo y pobres.

Según Oxfam, entre las medidas posibles están: Primero: conceder subvenciones en efectivo para reforzar prestaciones sociales a empleados de bajo ingreso, esto activa la economía y las empresas asegurarán la fuerza laboral. Segundo: rescatar empresas de manera responsable. Dar prioridad a las pequeñas y medianas y rescatar empresas grandes que tomen en serio los intereses laborales. Tercero: suspender la deuda externa durante un año y condonarla cuando sea necesario. Cuarto: emitir derechos especiales de giro para estimular la economía global. Quinto: que los Estados ricos incrementen la cuota de ayuda a los Estados pobres, partiendo de su compromiso de destinar el cero punto siete por ciento de su PIB, incluyendo la respuesta del plan humanitario global ante el Covid19. Y, finalmente, una sexta medida es aplicar impuestos solidarios de emergencia, gravando beneficios extraordinarios, la riqueza de personas más ricas, productos financieros especulativos y actividades de impacto negativo en el medio ambiente.

Sin la aplicación de estas medidas la crisis sumirá en la pobreza a quinientos millones de personas en el mundo, perdiéndose hasta tres décadas de lucha contra la pobreza. El Padre Cantalamessa, en la homilía del viernes santo en la Basílica de San Pedro, expresó: “La pandemia del Coronavirus nos ha despertado bruscamente del peligro mayor que siempre han corrido los individuos y la humanidad: el del delirio de omnipotencia. Destinemos los ilimitados recursos empleados para las armas para los fines cuya necesidad y urgencia vemos en estas situaciones: la salud, la higiene, la alimentación, la lucha contra la pobreza, el cuidado de lo creado. Dejemos a la generación que venga un mundo más pobre de cosas y de dinero, si es necesario, pero más rico en humanidad”.

 

 

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director general CINEP/Programa por la Paz.

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Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional, formuló hace un mes que el mundo caerá en una recesión económica peor que la del año dos mil nueve por causa del coronavirus. Coincide con esta apreciación economistas como Jeffrey Frankel, profesor de la Universidad de Harvard, quien dice al ser entrevistado por la BBC Mundo: la rápida expansión del virus está provocando pánico en los mercados financieros. La fuga de capitales, el desplome de los precios del petróleo, el cese de actividades en el sector de la construcción, el cierre de rutas aéreas y de turismo; la inestabilidad de las bolsas asiáticas, europeas y norteamericanas, sumado a la devaluación de las monedas frente al dólar y la incertidumbre de cuánto va a durar esta pandemia, hacen parte de la inminente amenaza de contracción económica mundial.

Por su parte, Marcos Casarin, economista jefe para América Latina de Oxford Economics, los inversores están prefiriendo refugiar sus capitales en el dólar en la medida que el brote se propaga. Y agrega, todo dependerá de cuántos bloqueos de emergencia se impongan más allá de marzo. Para Casarin, la combinación entre caída del petróleo, el desplome de las monedas y el coronavirus, es negativo para Latinoamérica. Brasil, Chile y Colombia están entre los países más afectados por la devaluación de sus monedas durante este año. Argentina, ya en recesión, verá una recesión más profunda y los que están al borde de ella, como México, se verán arrastrados. Para Jan Hatzius, economista del banco Goldman Sachs, habrá que ver si las autoridades de salud pueden retrasar la propagación del virus a través de un aumento en las pruebas, restricciones en las reuniones masivas y cuarentenas de personas infectadas. La profundidad de la crisis dependerá de cuán lejos y rápido se propagará el virus, cuánto tiempo pasará hasta que se encuentre la vacuna y qué tan efectivos serán los gobiernos para mitigar el daño.

Una pregunta importante es, ¿cómo afectará el virus a las personas trabajadoras en el país? Según el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario y la Universidad EAI de Medellín, solo el treinta y uno punto ocho por ciento de los trabajadores informales, algo más de diez millones, podrían realizar su actividad por teletrabajo, el resto, cuatro millones doscientos mil, dejarán de percibir ingresos y si no existen políticas públicas para cubrir sus necesidades básicas, tendrán que salir de sus casas a conseguir ingresos. Todo esto deja ver el profundo problema de la informalidad del empleo en Colombia y las graves consecuencias de un modelo económico que tiene como centro solo el crecimiento de capitales, pero no la calidad de vida de las personas.

El Papa Francisco en su bendición extraordinaria Urbi et Orbe, expresó: “Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Nos encontramos asustados y perdidos. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar”.

 

 

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director general CINEP/Programa por la Paz.

Editorial: El cuidado de la vida

  • Jul 04, 2020
  • Publicado en Prensa

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En la memoria de la humanidad se registran epidemias y pandemias tan significativas como la peste bubónica que aniquiló un importante número de los habitantes de la Edad Media. Desde la peste de Atenas en plena guerra del Peloponeso que pudo afectar hasta trescientas mil personas y en la que murió el gran Pericles, o la peste Justiniana en el siglo sexto que mató entre veinticinco y cincuenta millones de personas, hasta el tifus, la malaria, el VIH/Sida, el polio o el coronavirus actual, la humanidad se ha visto desafiada por el cuidado de la vida.

Una epidemia es una enfermedad que afecta a un grupo humano determinado en un ámbito temporal concreto, mientras que una pandemia es una epidemia que afecta un área mucho mayor, un continente o incluso el planeta entero.

El once de marzo pasado, tras declarar oficialmente al coronavirus como una pandemia, el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Gebreyesus, aseguró que miles de personas están luchando por sus vidas en los hospitales y que el número de muertes y casos aumentará en los próximos días. Y añadió: “Estamos profundamente preocupados por los niveles alarmantes de contagio y de su severidad, pero también de los alarmantes niveles de inacción”.

Pero el coronavirus no es la primera pandemia a la cual nos enfrentamos desde inicios del siglo veinte. A principios del veintiuno, varias epidemias se manifestaron, pero, pese al pánico desencadenado, fueron menos mortíferas que las grandes pandemias gripales del siglo veinte, como la Gripe española de 1918 y 1919 que eliminó cinco veces más personas que los combates de la primera Guerra Mundial o la Gripe asiática de finales de los años cincuenta que dejó más de un millón de muertos o la Gripe de Hong Kong de finales de los años sesenta que inmoló otro millón de personas. Pero el peor de todos ha sido el VIH/SIDA, que desde los años ochenta hasta hoy ha dejado treinta y dos millones de muertos, según la ONU-Sida. Pandemia que está relacionada con poblaciones pobres en contextos de desigualdad y exclusión social.

Las recomendaciones físicas para no propagar el coronavirus están suficientemente explicadas, todo se resume en una buena higiene de manos y respiratoria, así como resguardarse en la casa. Pero existen también movimientos ciudadanos que nos invitan a manejar el virus con ciencia, conocimiento y ejerciendo una ciudadanía responsable. Iniciativas de solidaridad cívica que expresa nuestra mejor versión como sociedad. Grupos de autoayuda, vecinas que se ofrecen para atender personas mayores, jóvenes que ayudan cuidando niños y niñas de trabajadores que no pueden quedarse en casa; grupos creativos que apoyan el sistema de salud con actividades artísticas en las redes sociales y otras ofertas voluntarias y solidarias. Hay mucho por hacer para cuidar la vida.

La Conferencia Episcopal colombiana, en un comunicado emitido la primera semana de este mes, invita a realizar una atención pastoral especial a los enfermos y reitera que este es un momento propicio para confiar en la eficacia de la oración, acrecentar la práctica de la misericordia y fortalecer la fraternidad

 

 

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director CINEP/Programa por la Paz

 

Este es nuestro más reciente editorial, compartido en el programa Notas humanas y Divinas que se emite todos los domingos por la Cadena Básica Nacional de RCN.


El pasado 26 de febrero, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia publicó el informe que evalúa la situación de derechos humanos en el país durante el año pasado. El documento enfatiza la violación a los derechos civiles y políticos de las personas defensoras de derechos humanos, el modo de proceder de las fuerzas militares y de policía en situaciones de seguridad ciudadana, la lucha contra la impunidad y las desigualdades en el disfrute de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. También examina la implementación del Acuerdo Final de Paz en perspectiva de derechos.

Si bien el Comisionado reconoce los esfuerzos del Gobierno y el compromiso de los excombatientes de las FARC en el proceso de reincorporación, el informe manifiesta, entre otros puntos, su preocupación por la persistencia de los altos niveles de violencia sobre personas defensoras de derechos humanos, comunidades campesinas, indígenas, negras y afrodescendientes, el incremento de privaciones arbitrarias de la vida y las graves violaciones a los derechos humanos contra niñas y niños en medio del persistente conflicto armado.

El documento, resalta la acción de los grupos criminales como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia o también llamadas Clan del Golfo, los Caparros y la mafia, así como de las organizaciones criminales transnacionales que emplearon extrema violencia en las disputas por el control de las economías ilícitas del narcotráfico, minería, despojo de tierras y la cooptación del Estado local y regional en Antioquia, Cauca, Chocó, Córdoba, Huila, Nariño, Guanía y Putumayo, entre otros departamentos.

Manifiesta su profunda preocupación por las disidencias de las FARC, la vuelta a las armas de algunos ex comandantes del equipo negociador de La Habana y la persistencia en la lucha armada del EPL y el ELN.

El informe registra 36 masacres con 133 personas asesinadas, la cifra más alta registrada desde 2014, además de 108 asesinatos de personas defensoras de derechos humanos, incrementándose en un 50% comparado con el año 2018. Algunas de estas personas que participan en procesos judiciales y que involucran a altos funcionarios del Estado y miembros de las fuerzas militares, son víctimas de hostigamientos. Por eso, una conclusión tajante del Comisionado es que defender los derechos humanos sigue considerándose una labor de alto riesgo en Colombia. 

A esto se suma que los esfuerzos para establecer una presencia integral del Estado son insuficientes o corruptos. Particularmente, las autoridades civiles, incluyendo la Fiscalía General de la Nación y las Fuerzas Armadas y de Policía, no cumplen de manera adecuada, eficiente y correcta su misión en un importante número de situaciones.

Los señores obispos de Apartadó, Quibdó y Tadó, en septiembre del año pasado, exhortaban a la comunidad del Chocó y al país diciendo: “Ante las problemáticas de un territorio fuertemente golpeado por el conflicto armado y la delincuencia organizada, es absolutamente necesario aspirar a gobernar con perspectivas de paz. Se requieren políticos y gobernantes constructores de paz, porque como afirma el papa Francisco: la buena política está al servicio de la paz. En este sentido, el reclamo por el desarrollo debe inspirarse en criterios de humanismo, sustentabilidad y autonomía territorial”.

 

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director General del CINEP/Programa por la Paz

Editorial: Democracias Frágiles

  • Jul 04, 2020
  • Publicado en Prensa

Latinoamérica vive un estado de ebullición social, política y económica. En las últimas semanas las democracias del continente han mostrado sus grandes limitaciones y sombras. Para infortunio de las grandes mayorías de la población, problemas como el desempleo, los bajos ingresos, el acceso limitado a la salud, la baja calidad de la educación, el impacto ambiental negativo de los megaproyectos minero energéticos sobre los territorios y los patrimonios naturales, la acelerada migración de millones de personas en busca de alternativas y la represión política sobre las propuestas y resistencias de los pueblos, entre otras problemáticas, son manifestaciones de la fragilidad de este tipo de democracias.

En este contexto, irrumpe la protesta de millones de personas y organizaciones provenientes de los sectores populares, especialmente jóvenes que consideran que las medidas de política social y económica los perjudican de manera grave y por eso expresan su profunda indignación saliendo a protestar de manera masiva. Es lo que ocurrió con la deteriorada economía ecuatoriana que, al eliminar el subsidio a los combustibles, reactivó las movilizaciones de los indígenas y otros sectores, obligando al gobierno de Lenin Moreno a derogar las medidas y crear una mesa de diálogo social. En Ecuador la deuda externa sigue creciendo, el precio del petróleo bajó dramáticamente y la dolarización aún se sostiene de forma artificial. La estructura económica ecuatoriana vive en una crisis persistente sin capacidad de reponerse en el corto plazo.

En Chile, considerado el modelo a mostrar, solo bastó con aumentar el valor del pasaje del metro de Santiago, para que la olla a presión social terminara explotando. En el fondo, la aplicación del modelo económico neoliberal que volvió a Chile el laboratorio para Latinoamérica, terminó por profundizar la inequidad social al privatizar la educación, la salud y las pensiones. El crecimiento económico se concentró en una elite nacional e internacional lo que acrecentó la desigualdad y la inequidad; esto llevó a la movilización popular. Centro América y el Caribe es otro hervidero de injusticia social. República Dominicana, Haití, Nicaragua, Guatemala y Honduras se han vivido en los últimos meses movilizaciones populares cada día más continuas. Y si volvemos al sur del continente, en Uruguay, la gente protestó masivamente contra el mayor protagonismo de los militares en la vida pública y política del país. De igual manera Bolivia se enfrenta a una crisis profunda. La caída de Evo Morales es solo la manifestación de los problemas políticos y sociales de fondo.

Pero nuestro país no escapa de esta misma realidad latinoamericana, el procesos político y económico que vivimos es una caricatura del ideal democrático, el paro nacional del jueves pasado lo demuestra y confirma que en el fondo lo que existe es una profunda desigualdad, inequidad y exclusión económica y política de la mayor parte de la ciudadanía. Tanto la Constitución del año noventa y uno como el Acuerdo Final de paz, con sus reformas y reformulaciones en medio de las discusiones políticas, pueden ser herramientas útiles para reconfigurar la democracia, si bien algunas fuerzas que quieren conservar sus grandes privilegios insisten en aferrarse a salidas violentas. El Papa Francisco, durante la cumbre panamericana de jueces sobre derechos sociales y doctrina franciscana, en junio pasado, expresó: "no hay democracia con hambre, ni desarrollo con pobreza, ni justicia en la inequidad. Un sistema políticoeconómico, para su sano desarrollo, necesita garantizar que la democracia no sea sólo nominal, sino que pueda verse plasmada en acciones concretas que velen por la dignidad de todos sus habitantes bajo la lógica del bien común, la solidaridad y una opción preferencial por los pobres".


Luis Guillermo Guerrero Guevara 
Director Cinep/Programa por la Paz