Según la Agencia de la ONU para Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) la cifra de refugiados y migrantes venezolanos superó los cuatro millones en 2019. Esto ejemplifica lo que Francisco Alfaro Pareja, doctor en Estudios de Paz y Conflicto, denominó una “crisis humanitaria, multidimensional y compleja” en el evento Diálogo y negociación en Venezuela organizado por Cinep/PPP y el Instituto Pensar de la Pontificia Universidad Javeriana.

La lectura actual de la crisis en Venezuela, normalmente, se remonta a la caída del petróleo en 2014, que dejó sin recursos al país, y más recientemente al debate político entre Nicolás Maduro y Juan Guaidó; sin embargo, para Alfaro la crisis posee unas raíces más profundas en la historia del país. Según señala el académico se trata de “un conflicto político largo en el tiempo donde Venezuela pasó de ser una democracia liberal a un autoritarismo hegemónico y en medio de eso tuvo una dinámica de regímenes híbridos que le permitió transitar progresivamente e incluso utilizando la democracia mayoritaria o plebiscitaria para llegar a esa deriva”.       

Este paso entre estas formas de gobierno se ejemplificó en la interpretación y aplicación en la legislación. Entre 1983 y 1999, el país hacía uso de la Constitución de 1961. En 1999, Hugo Chávez propuso una nueva constitución que se aceptó por medio de elección popular, esta dividió al país en dos: los que estaban a favor de la constitución actual y los que apoyaban la anterior. No obstante, entre 2007 y 2017 se crearon unas nuevas políticas por fuera de la Constitución correspondientes al socialismo del siglo XXI e hicieron que se fuera perdiendo el carácter democrático del país.

Para Alfaro, “la democracia es también la convivencia con las minorías, respeto a las minorías, alternancia en el poder, pluralismo político, separación de poderes. (...) Todo eso se fue perdiendo en Venezuela progresivamente y derivamos en esto con un acento bastante marcado a partir del año 2015”. Este cambio, por supuesto, se relaciona con la migración de los venezolanos hacia el exterior: más del 75% de los migrantes salieron del país después de esos años, lo que se interpreta como “una relación directa entre la autocratización del régimen o del gobierno y el aumento de la migración, o sea, que lo político sí incide sobre la social y lo económico”.

El ELN en la frontera  

Esta crisis se ve agravada por la presencia de actores armados en la frontera colombo-venezolana quienes desean apropiarse de tráfico en la zona. María del Carmen Muñoz Sáenz, coordinadora e investigadora de la línea Escuela de Paz y Convivencia Ciudadana, afirma que “hoy, por los vacíos territoriales que no copó la guerrilla colombiana y por la fragilidad de la institucionalidad venezolana tenemos cerca de 17 actores armados, bien organizados”. Esta organización se representa en el uso de redes, inteligencia y discursos para sacar ganancia de la situación actual.

Uno de los grupos armados presentes es el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Su presencia agrava la situación política del país a nivel internacional, así lo comenta Francisco Alfaro, “Venezuela se ha convertido de alguna manera en el problema político de la región con esa deriva autoritaria que de algún modo está actuando en convivencia y en aceptación del ELN dentro del territorio venezolano”. Este grupo que estaba operando en la zona suroccidental (Estado Táchira  y el Municipio Páez del Estado Apure) ahora se extendió a la Zona del Arco Minero (Estado Bolívar, Estado Amazonas y parte del Estado Delta Amacuro) donde se disputan el control de los recursos con militares que controlan empresas mineras, con grupos irregulares locales de Venezuela.

Alternativas para salir de la crisis

Ante esta situación Francisco Alfaro plantea cuatro posibles alternativas para salir de la crisis:

  • La primera, es la maduración del conflicto “ambas coaliciones (la de gobierno y la opositora), consideran que pueden vencer a la otra y cuando uno cree que puede derrotar al otro, ¿para qué negociar?, si estoy convencido de que al final le voy a ganar al otro; entonces es necesario que se entienda que por una vía impuesta no se va a solucionar el conflicto”.
  • Segunda, hay que seguir potenciando los mecanismos de diálogo y negociación. “En Venezuela hemos tenido cinco mecanismos desde el año 2002 y el que está en curso temporalmente suspendido es el Mecanismo de Oslo. Creo que ese mecanismo es el que hay que fortalecer porque ambas partes lo reconocen, al igual que la comunidad internacional y de los países de potencia, al menos tácito”.
  • Tercera, partir de los aprendizajes del pasado sobre la salida a la crisis. “Una salida electoral por sí sola, no garantiza una salida democrática sostenible en el tiempo; es decir, hay que pensar la salida electoral con otros elementos que acompañen esto” como el reconocimiento y trato a las minorías y la necesidad retomar el principio de independencia de los poderes y de pluralismo.
  • Y finalmente, la cuarta, es tener a las víctimas y el drama social como tema principal en la mesas de negociación. “Los que más sufren son los ciudadanos de a pie, los ciudadanos que llegan caminando a Colombia sigue a pie hasta Ecuador, unas travesías impresionantes”. Debido a esto, para Alfaro es fundamental el equilibrar paz, estabilidad y democracia con justicia y reparación de las víctimas. De igual manera, no se puede hacer uso de la justicia tradicional debido a la necesidad de incorporación de los actores a la vida democrática. Desde su opinión, “la justicia transicional, que es un experimento que se está haciendo en Colombia, nos puede enseñar [a los venezolanos] mucho sobre salidas judiciales a los victimarios y en términos generales Colombia nos puede mostrar lo que implica un conflicto y sus consecuencias”. 

 

El impacto de la situación venezolana en la región

La crisis venezolana en la región, para Francisco Alfaro, mostró la falta de gobernanza hemisférica. Esta hace referencia a la manera de lograr acuerdos políticos, económicos y sociales que tengan un verdadero impacto en el continente. Esta crisis evidenció “que el sistema interamericano y sus organismos de alguna manera no lograron cumplir su rol mediador y preventivo”.

Aparecieron nuevos organismos como el Grupo de Lima, el Mecanismo de Montevideo y Grupo de Contacto Internacional para mediar en la crisis. Muchas organizaciones se trancaron como la Organización de los Estados Americanos (OEA); fracasaron, el caso de Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA); murieron, Petrocaribe; se dividieron, Comunidad Andina o se crearon otras con el mismo enfoque, Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Por ello, dice Alfaro que es de esperar que “los países se empiecen a preguntar ¿qué es lo que estamos haciendo?, ¿hacia dónde debemos apuntar nuestra visión como continente? Hablamos mucho de integración de palabra, pero en los hechos es prácticamente nulo”.

En el marco de una iniciativa ciudadana

La Escuela de Paz y Cultura Ciudadana nace con el fin de construir un proyecto con las comunidades más afectadas por el conflicto armado colombiano a petición de la Conferencia Episcopal y la Provincia de los Jesuitas. En 2010, cuando por parte de los investigadores se había cumplido el ciclo del proyecto, la Conferencia Provincial para América Latina de los Jesuitas (CPAL) y la Conferencia Episcopal realizaron la petición de formar a la sociedad en ámbitos de civismo, institucionalidad, gobernanza en marco de la dignificación del ejercicio de la política y la ciudadanía. 

Así, en alianza con el Instituto Pensar de la Universidad Javeriana, se construyó una malla curricular en un diplomado que se orienta a fortalecer el tejido social, la participación ciudadana, la incidencia política y el empoderamiento. En paralelo a ello, el equipo estaba en misión en la frontera colombo-venezolana donde coincidió con que el obispo de Cúcuta, Monseñor Jaime Prieto, otros obispos y los jesuitas de Venezuela pensaban en un proceso pedagógico binacional de fortalecimiento de capacidades para la democracia, el desarrollo humano y el fortalecimiento del tejido social. 

Con ello se conformó una plataforma binacional con más de 43 organizaciones de ambos países en los tres ejes de la frontera: Guajiro, Llanero y Andino. Allí se continuó con los diplomados y se decidió hacer una investigación sobre los retos para la construcción de la paz territorial: la visión de territorio y de la paz en la frontera colombo-venezolana con el objetivo de identificar cuáles son las representaciones que tiene la gente en los territorios sobre la paz, territorio y territorio de paz. Ante la crisis en 2018, se creó un frente humanitario y se construyó la Convergencia Ciudadana Colombo-venezolana para contribuir a una salida negociada y democrática en Venezuela donde se enmarcar el evento de Francisco Alfaro con el fin de obtener otras miradas a esta problemática.

Transmisión del evento aquí

 

Lida Bocanegra
Equipo Comunicaciones

Existe una palabra asociada a los diálogos de paz entre el gobierno Santos y el ELN: crisis. Cuando parece superarse una situación crítica aparece otro hecho que tiende a empeorar la situación. Ahora estamos ante una nueva señal de esperanza y es la reanudación de la mesa. ¿Cuánto tiempo durará? ¿Qué tanto futuro tendrá esta nueva etapa de la negociación?

En nuestra última emisión nos acompañaron:

- César Amaya Sandino, analista político y miembro de Rodeemos el Diálogo
- Sergio Guarin, director del área de posconflicto de la Fundación Ideas para la Paz (FIP)
- Andrés Aponte, investigador del Cinep/Programa por la Paz
- Diana Sánchez, directora de la Asociación MINGA

Para avanzar en la mesa de negociaciones es indispensable generar confianzas y pertinente el desescalamiento del conflicto. Luego del inicio de la fase pública de la negociación aún persisten los hechos violentos tanto de parte del Ejército Nacional como del ELN. Desde el Cinep/PPP hemos recopilado algunas noticias que evidencian el aumento de las incursiones y el escaso compromiso de las partes para llevar a buen término las conversaciones.

Para Víctor Barrera, investigador del Cinep/ PPP, "el ELN no le quiere dar la importancia que se merece al tema del desescalamiento, lo que quiere es participación. Para el Gobierno los dos temas son fundamentales, no puede haber participación en estas condiciones de inseguridad”. Según el investigador existe un desacuerdo  en cuanto a la valoración que se hace respecto al desescalamiento y al tema de participación. Eso sumado a  la dificultad de desescalar de manera rápida, dice. Barrera afirma que la naturaleza federada del ELN impide tener certeza sobre  qué tan consistente pueda ser un cese unilateral.  “Hay dudas acerca de si lo que diga el Comando Central va a ser acatado por todos sus frentes y bloques teniendo en cuenta esas variaciones territoriales. La mesa está atrapada en un equilibrio pernicioso para ambas partes, precisamente porque cada una asume que la otra no tiene compromiso real", indica el investigador de Cinep/PPP.

 

Jennipher Corredor
Equipo de Comunicaciones

 

 

 

Tras varios meses de tensión y de incertidumbre sobre el futuro de las conversaciones entre el gobierno nacional y el ELN, el pasado 2 de febrero se destrabó el inicio de los diálogos de paz. Julián Barajas, asistente de investigación del equipo de Iniciativas de Paz, habla de la instalación de la mesa y el inicio de la fase pública de la negociación.

 

Luego de la instalación oficial de la mesa ¿Cómo llegan ambas delegaciones a la negociación?

Julián Barajas Más que cómo llegan, es necesario analizar el proceso que se dio antes de la misma instalación. El año pasado, a pesar de casi tres años de conversaciones exploratorias, fue un año de congelamiento casi total del proceso. Sin embargo, y a pesar de la incertidumbre, se logró solventar ese impase y se instaló la mesa el 7 de febrero.  Si nos remitimos a los discursos tanto de Pablo Beltrán como de Juan Camilo Restrepo, pareciera que a pesar del congelamiento y de los grandes desencuentros que hubo en el 2016, cada delegación internamente reforzó su convicción de iniciar un diálogo con la otra parte. Había un pregunta en ambas delegaciones: ¿qué tanta voluntad de paz tiene la contraparte? Creo las dos nos demostraron el compromiso, tanto del gobierno con los indultos a los dos guerrilleros presos, como del ELN con la liberación de Odín Sánchez, y del soldado que tenían retenido en Arauca.

¿Cuál es su análisis de los discursos que presentó cada delegación en el acto de instalación de la mesa?

J.B. Como toda negociación, cada parte pone su agenda. El discurso de Juan Camilo Restrepo deja ver que al gobierno lo que le interesa es el desarme del ELN. En ese sentido va a abogar para que baje, no sé si la intensidad del conflicto, pero por lo menos la capacidad militar del ELN. Pablo Beltrán por su parte, posiciona lo que para el ELN es el punto crucial, que es la participación de la sociedad civil. Como ya tenemos un punto de comparación, al recordar el discurso de Iván Márquez en la instalación de la mesa con las Farc, a mí me parece que ese discurso de Márquez era mucho más, no sé si radical, pero por lo menos más ambicioso que el presentado por Beltrán el 7 de febrero.

¿Cómo espera ud que sea esa participación de la sociedad civil dentro del proceso?

J.B. Aquí hay una ventaja y es que ya hay una agenda que estipula una participación, y eso ya es un avance, porque parece que va a ser una participación más directa. Este es diferente al proceso con las Farc, porque a pesar de que hubo participación de las víctimas, ese modelo tuvo bastantes críticas, en el sentido que no fue una participación amplia y directa de la población. Frente a ese aspecto se aprendió que en un proceso como estos es necesario involucrar a la sociedad.

Yo aspiro que este sea un experimento para ampliar la participación democrática de la ciudadanía en Colombia. Hay una cierta precaución en el tema de participación y es que el proceso se puede alargar mucho. Eso es verdad, se necesita diseñar una metodología que logre encausarla y que no nos quedemos simplemente en debatir y no concretar nada. Esta es una oportunidad necesaria, y ojalá esta experiencia sea un acumulado para incentivar y motivar la participación de la ciudadanía.

Frente a la negativa de algunos comandantes del ELN de renunciar a la práctica del secuestro ¿Cómo puede afectar este tema a la negociación?

J.B. El secuestro es indefendible. Todo el congelamiento del año pasado fue bajo el argumento del secuestro.  Analizando el tema política y económicamente, las cifras de secuestrados que tiene actualmente el ELN no son significativas. Por lo tanto, el argumento de que el secuestro es una vía indispensable de financiación de la guerra, se cae por la poca cantidad de secuestrados que tienen.

El secuestro lo usan no solo como práctica de financiación sino también sino también como arma política y hoy en día no les funciona de esa forma. Entonces yo sí creo que el ELN debe renunciar al secuestro porque no les representa grandes capitales económicos y tampoco capitales políticos. Ese sería un gesto no solo con el gobierno sino con toda la sociedad colombiana y que además, le quitaría un argumento a los opositores del proceso de paz.

¿Cómo diferenciar el proceso de las Farc con el del ELN?

J.B. Juan Camilo Restrepo de antemano lo dijo en su discurso. El gobierno ha venido entendiendo con el tiempo que este es un proceso distinto al de las Farc en tanto que el ELN es una organización independiente y autónoma, con su propia naturaleza y su propia idiosincrasia. Sin embargo tampoco se pueden cerrar las puertas de interlocución. Claramente este proceso debe aprender y debe tener en cuenta la negociación y la implementación con las Farc. Lo peligroso es que pareciera, por parte del gobierno, que hay una iniciativa de no abrir más los temas de justicia y el tema de dejación de armas. Yo entiendo el argumento del gobierno de tener en cuenta la jurisdicción especial para la paz que se acordó en La Habana, pero el ELN también tiene un argumento muy fuerte y es que ellos no participaron en esa discusión. Yo creo que la vía es que el punto de partida para la discusión de la justicia y la dejación de armas con el ELN sea lo ya acordado con las Farc.

Teniendo en cuenta que el gobierno Santos tiene el tiempo limitado y que la agenda del ELN puede extenderse en su discusión ¿Cómo debe ser el manejo de la negociación?

J.B. En Colombia no va a haber paz si la paz es una política de gobierno y no una política de Estado. Si los colombianos queremos la paz tenemos que asumir que la paz no puede depender del gobierno de turno. La única salida ante este situación es que todos los sectores de la sociedad civil que estamos a favor de la solución política nos unamos para darle continuidad a este proceso independientemente de quien sea elegido como nuevo presidente. El problema no es que se acabe este gobierno. El problema es que hay opositores a la salida política y negociada al conflicto que tienen grandes probabilidades de ganar la presidencia y eso puede hacer que los pasos que hemos dado hacia la paz se pierdan.

 

En su último artículo en la Revista Cien días hacía un llamado a la sociedad civil para presionar a las partes para que instalaran la mesa. Ahora que inicia la negociación ¿cuál es el papel de la sociedad civil en acompañar pero también exigir resultados a la mesa?

J.B. Yo creo que el talón de Aquiles, no solo de la izquierda sino de sectores progresistas, es que nos cuesta trabajar juntos. Cada sector o facción quiere imponer su agenda propia. Ahora lo que necesitamos es una plataforma que reúna todos esos sectores y que abogue por la paz. Generalmente la gente se moviliza ante una injusticia, pero se moviliza mucho más cuando se siente parte o cuando se siente afectado. En ese sentido, este año será crucial para involucrar a la sociedad y lograr un interés nacional por participar políticamente.