Este es nuestro más reciente editorial, compartido en el programa Notas Humanas y Divinas que se emite todos los domingos por la Cadena Básica Nacional de RCN.

La semana pasada se presentó ante la Justicia especial para la paz y la Comisión de la verdad, el informe “Violencia, racismo y conflictos socioambientales: el despojo de tierras en el Consejo Comunitario de los ríos La Larga y Tumaradó en el medio Atrato chocoano. El objetivo de esta gestión es que ocho grandes empresarios ocupantes devuelvan a las comunidades, cerca del sesenta por ciento de más de ciento siete mil hectáreas, en el marco de la ley catorce cuarenta y ocho de víctimas y restitución de tierras. Esperemos que la fe y la esperanza de volver a poseer y usufructuar su tierra sea pronto realidad para los más de cinco mil habitantes de comunidades negras, indígenas y campesinos de este territorio.

En Colombia la tenencia, propiedad, acceso y uso de la tierra es un nudo gordiano sin resolver. Desde que somos república, hace doscientos años, la tierra prometida a los pueblos indígenas, campesinos pobres y comunidades negras no se ha cumplido.

El país vive una de las más dramáticas e injustas mediciones de alta concentración de la tierra en el mundo, junto a países como Brasil y varias naciones centroamericanas. El uno por ciento de las fincas más grandes ocupa el ochenta y un por ciento de la tierra. Según el Banco Mundial, Colombia es uno de los cinco países más desiguales en tenencia y acceso a la tierra del mundo, un título que nos debería dar vergüenza, pero que se volvió parte del paisaje social. A esto se suma que mientras que la propiedad de grandes extensiones de tierra sigue concentrándose en pocas manos, la pequeña está fragmentada en un número mayor de personas. El año pasado el Instituto Geográfico Agustín Codazzi informó que los predios rurales privados del país suman sesenta y uno punto tres millones de hectáreas y están a nombre de cinco punto dos millones de propietarios, pero solo el veinticinco por ciento de esos propietarios son los dueños del noventa y cinco por ciento del territorio.

Pero los problemas de la tierra no se limitan a la desigualdad de la propiedad. La informalidad de la tenencia es otra de las dificultades en los territorios rurales de Colombia. Estudios de Fedesarrollo en el dos mil diecisiete afirman que aproximadamente algo más de ochocientos seis mil hogares rurales, equivalentes al cincuenta y tres por ciento de los que se dedican a actividades agropecuarias, nunca han tenido tierra.

La sumatoria de todos estos factores arroja una compleja situación de la cuestión agraria en el país. La debilidad del Estado en el diseño y aplicación de políticas rurales, la alta corrupción, y los múltiples intereses económicos particulares detrás de las riquezas de la tierra y el subsuelo, siguen interesando mucho más a los gobiernos que las necesidades, las luchas y esperanzas de más de nueve millones de víctimas del conflicto social y armado que ha vivido el país. Una prueba de esto es el bloqueo que se hace del Acuerdo Final que, en el punto uno, quiere avanzar en la solución de una importante parte de los problemas agrarios del país.

El Papa Francisco en el primer encuentro mundial de movimientos populares en el Vaticano, año dos mil catorce, expresó: “Al inicio de la creación, Dios creó al hombre, custodio de su obra, encargándole cultivar y proteger la tierra. Me preocupa la erradicación de tantos hermanos campesinos que sufren el desarraigo por el acaparamiento de tierras, la desforestación, la apropiación del agua, los agrotóxicos inadecuados, son algunos de los males que arrancan al hombre de su tierra natal. Esta dolorosa separación, que no es sólo física, sino existencial y espiritual, está poniendo a la comunidad rural y su peculiar modo de vida en notoria decadencia y hasta en riesgo de extinción”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara.

Con 5.949 casos del nuevo coronavirus confirmados en Colombia, y tras 40 días de cuarentena nacional*, conversamos con el médico y periodista Víctor De Currea Lugo. Que trabajamos con una “foto del pasado” y que la primera línea de atención al Covid está desprotegida, son temas que preocupan al investigador, además de la crisis social que está evidenciando la desigualdad histórica y unas políticas de gobierno al servicio del mercado. Se aproxima un estallido social, según De Currea.

¿Cuál es el balance actual de la pandemia en Colombia desde el punto de vista sanitario?

Hay un problema grave y es que cualquier balance necesita de datos y que esos datos más o menos se acerquen a la realidad. En el caso de una pandemia los datos que uno consolida son como una foto del pasado, de hace dos días o tres días, uno nunca tiene datos al día real. En el caso colombiano el problema, para decirlo de una manera metafórica, es que no tenemos fotos de ayer o de antier si no de hace 15 días. 

Lo que tenemos son fotos de hace 15 días porque ese es el tiempo que está demorando un examen de una persona sospechosa de tener el virus hasta que se confirma o se descarta por medio de un examen. Entonces las demoras en el procesamiento de la muestra, pero además de eso el poco número de muestras, nos impiden tener información reciente y precisa.

Voy a dar un ejemplo: Corea del Sur llegó a hacer 20 mil muestras en un día, Colombia hizo 30 mil en el primer mes. Es decir, nosotros no tenemos datos para saber lo que realmente está pasando. 

Además, hay una nefasta política que pareciera -he dicho pareciera; no estoy afirmando nada- que busca presentar un supuesto aplanamiento de la curva cuando la foto no hace pensar que así sea. Entonces lo que uno ve es que desde el punto de vista sanitario hay información fragmentada pero no hay información total que nos permita saber exactamente dónde estamos. 

Ahora, la mortalidad si ya superó el 4.7 por ciento, es una mortalidad importante. Ahora, hay cosas perversas como los casos de Covid en las cárceles y que han autorizado traslado de presos de una cárcel a otra con lo cual se está creando nuevos focos de infección. Vemos 39 personas del personal sanitario en Pereira contagiadas; en Bogotá en la Clínica La Paz hay 40 funcionarios del sector salud contagiados, al igual que grupos importantes en Armenia, Barranquilla y otras zonas. Se demuestra una gran vulnerabilidad del trabajador el sector salud y la falta de equipos de protección. 

Entonces, podemos decir: 

  1. Que no tenemos datos consolidados
  2. Que tenemos una foto del pasado.
  3. Que no hay una política de protección ni siquiera a la primera línea de contacto con el Covid que es el personal de salud.

¿Y cómo ve la crisis social?

A nivel social lo que se mide no es que el virus haya creado unas nuevas condiciones socioeconómicas. Es que el virus ha evidenciado el hacinamiento y las desigualdades que ya teníamos.

Entonces, Colombia es un país donde hay una supuesta clase media pero resultó que la clase media tiene plata para vivir un mes. Lo he visto es que el hambre llegó mucho antes que el virus. Recorriendo Bogotá he encontrado bloqueos, protestas, cacerolazos y manifestaciones en San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Santa Fe, en el centro de la ciudad, entonces hay una gran precariedad.

Foto: Comuna 13, Medellín. Cortesía Esteban Agudelo- La 4-13.

Un tercer elemento es que el Estado y las empresas apuestan por el mercado. El Gobierno produjo más de 70 decretos ley que le apuestan a aumentar las ganancias de los bancos; se trata de una política que, por ejemplo, apunta a abrir la construcción como si  la gente comiera ladrillos, que apunta a darles la plata a las intermediarias de salud llamadas EPS y no directamente a los hospitales, que permite medidas de flexibilización laboral, como que Fenalco insiste en medidas de recorte de salarios, de recorte de garantías laborales y cosas similares. Tenemos un empresariado que además ha aumentado los precios en las grandes superficies; entonces lo que uno ve es que están todos los elementos para que haya un estallido social.  

¿Y tiene alguna proyección?

No es posible pensar de ninguna manera que los seres humanos del todo el planeta funcionan de una manera y los colombianos de otra. Eso de decir es que aquí no nos va a dar o aquel indicador no es, me parece una soberana tontería que hace parte de la cultura política colombiana de creernos la excepción. 

Lo que vemos a nivel mundial es lo siguiente: en este momento tenemos un promedio de 2.982.688 personas infectadas de las cuales han muerto 210 mil. El Instituto Nacional de Salud proyectó que en el caso colombiano podría haber 3 millones 900 mil personas afectadas; si hacemos caso a la tasa de mortalidad mundial la proyección en Colombia es brutal, o sea que lo que van a haber aquí es muchísimos muertos. Acá no se está aplanando la curva, es más, voy a decir algo más temerario, esto no ha empezado en Colombia, y lo que uno ve es que ya hay una gran crisis social, la fragilidad es terrible. 

Los neoliberales, han actuado al contrario de otros países que han corrido a mirar a Keynes. Dicho de otra manera, los que creían que el mercado lo podía todo, ahora están invocando el Estado, pero en Colombia todavía hay gente que sigue creyendo que el mercado nos salvará; o sea ni siquiera ante las evidencias se retrocede en la política social.

¿Alguna recomendación?

El sector salud debe insistir en su derecho a la salud, su derecho a la vida y a la salud. Es decir, una serie de médicos que trabaje sin equipos de protección es personal de salud que puede morir. Y un internista muerto no sirve para nada. Entonces la lucha por los elementos de protección personal es urgente en Colombia. Dos, el gobierno le sigue apostando a un modelo de salud con intermediación financiera, entonces hay formas de contratación, hay demoras en los pagos salariales y hay condiciones laborales absolutamente indignas. Y tercero hay un afán de las empresas por liberar la cuarentena para garantizar el reinicio de actividades en el sector de manufactura, no es el del sector de la alimentación, no en un incentivo para el campo. Lo que están pensado es con la billetera y eso lo vamos a terminar por medir en vidas humanas. ¿Y a uno qué le queda? Hacer un llamado a que la gente de manera consciente asuma una actitud frente a lo que se está dando, pero pues no deja de ser una cosa anecdótica, por decirlo de una manera. 

 

*Cifras al 28 de abril de 2020.

Por: Katalina Vásquez Guzmán.