Este jueves la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) recibieron el Informe ‘Violencia, racismo y conflictos socioambientales: el despojo de tierras en el Consejo Comunitario de los ríos La Larga y Tumaradó’, por parte del Centro de Investigación y Educación Popular, CINEP.

Esta rigurosa investigación fue presentada de manera virtual a la Sala de Reconocimiento de Verdad, de Responsabilidad y de Determinación de los Hechos y Conductas de la JEP y a la Comisión de la Verdad; y documenta las relaciones de complicidad y colaboración entre paramilitares y élites políticas, sociales y económicas del Urabá antioqueño para la apropiación ilegal, por medio de la amenaza y el asesinato, de grandes extensiones de tierra al interior de un territorio étnico y de cómo el desplazamiento masivo y el despojo del territorio del que fueron víctimas las comunidades negras de La Larga y Tumaradó en el municipio de Riosucio (Chocó) generó vulneraciones de derechos de índole económico, social, cultural y ambiental, afectándose en forma desproporcionada a estas poblaciones y aumentando su marginalidad.

Según Juan Pablo Guerrero Home, coordinador de la Línea Gestión del Territorio en el Pacífico del CINEP y coordinador de este Informe: “La incursión paramilitar de los 90 generó el vaciamiento del territorio colectivo, un 93% de la población abandonó sus tierras. Al día de hoy, el 95% de las tierras productivas se encuentran concentradas en manos de 8 personas ajenas al territorio, esto ha generado que alrededor de 856 familias de las 1.747 que actualmente residen en el territorio colectivo solo hagan uso y goce efectivo de muy pocas hectáreas, mientras que existen terceros que hacen uso entre 9 mil y 10 mil hectáreas”.

Según el CINEP, hay una clarísima situación de desprotección sobre el derecho de las comunidades afrodescendientes a su territorio colectivo y una transgresión a los procesos organizativos de comunidades negras en la subregión del bajo Atrato “que ha conllevado a violaciones al derecho a la vida, a la integridad, a la existencia digna, a la alimentación, al agua, a la salud, a la educación, así como a derechos básicos, como el derecho a la identidad cultural, el derecho colectivo a la integridad cultural, o el derecho a la supervivencia colectiva de las comunidades y sus miembros, situación que manifiesta un etnocidio no físico, pero sí simbólico de la diferencia que es considerado por CINEP como una discriminación estructural y una exclusión social basada en una violencia racializada”.

Con este informe fue presentada también una solicitud de medida cautelar ante la JEP de protección territorial a favor de las 49 comunidades que componen el Consejo Comunitario de La Larga y Tumaradó, que podría proteger 107.064 hectáreas de tierra y favorecer a 5.832 personas.

Para Julián Salazar Gallego, investigador del CINEP, “la medida cautelar permitirá blindar y conjurar los riesgos que pueden tener el sujeto colectivo por su participación en la JEP, más cuando el Consejo Comunitario ha sido acreditado como víctima colectiva en el marco del caso 004”.

Por: Comunicaciones CINEP/PPP. 

Este es nuestro más reciente editorial, compartido en el programa Notas humanas y Divinas que se emite todos los domingos por la Cadena Básica Nacional de RCN.

Es inadmisible que la construcción de la paz en Colombia nos lleve a reeditar la violencia y el conflicto armado. Fue lo primero que los jóvenes que votaron por el sí y por el no a la paz quisieron expresar los días posteriores al plebiscito por la paz en 2017. Sin embargo, lo que estamos viviendo en estos días en Colombia por parte de sectores del gobierno y del partido Centro Democrático es una estrategia que se basa en oponerse, de manera tajante, a que el Acuerdo de Paz se desarrolle y eche raíces en la sociedad colombiana. No hay voluntad política, si bien se hicieron muchos de los cambios exigidos por ellos luego del Plebiscito. Ese fue el Acuerdo Final que se firmó y el Congreso confirmó. 

Existen varios hechos para afirmar lo anterior: no hay gestión ni priorización de recursos para financiar el Acuerdo de Paz, lo que se está invirtiendo es en gran parte el presupuesto normal. No hay una estrategia efectiva de seguridad para parar el genocidio en contra de los excombatientes del partido FARC. Tampoco se avanza en el punto de reforma rural integral, ni de participación política, ni se aplica la sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito y, como si fuera poco, se ataca con vehemencia y con argumentos inconsistentes el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR) para las víctimas. 

Hemos sido testigos, en las últimas semanas, de la presión que ha recibido la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad (CEV) y especialmente, su presidente el Sacerdote Jesuita, Francisco de Roux Rengifo, de manera directa por miembros del partido de gobierno levantando acusaciones infundadas cuyo fin es poner en tela de juicio un trabajo difícil en un país que ha vivido sesenta años de violencia. 

La verdad que se pretende construir sobre el conflicto no puede ser una verdad filosófica, ni tampoco religiosa, ni ideológica, ni científica. Tampoco puede ser una verdad que solo sea la versión de un solo sector de la sociedad. La verdad que se busca es una verdad histórica, compartida, que surge de la confianza de múltiples actores, que se teje con los finos hilos de acuerdos profundos y transparentes y con agujas de confianza y honestidad, por parte de todos los sectores sociales. Una verdad que no es absoluta, ni taxativa ni cerrada, sino una verdad que nos dé la posibilidad de hacer la justicia restaurativa que necesitemos y no una justicia punitiva para el castigo de algunos que se los haga ver como únicos culpables. Una verdad que repare a las víctimas y les restablezca sus derechos como ciudadanos. Una verdad que nos dé la oportunidad reconciliarnos para hacer justicia social, que genere los cambios necesarios para que seamos reconocidos y respetados como ciudadanos y ciudadanas. Una verdad que no puede ser puesta en el marco de los dividendos políticos, ni de sus mezquinos intereses. 

El evangelista Juan nos dice: "y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres". Esta verdad es una experiencia de seguimiento a Jesús, en la que el creyente genuino experimenta la verdad como un acontecimiento de libertad y de amor. El criterio para discernir y vivir la verdad es todo aquello que conduce al proyecto del Reino de Dios, el cual es: que la historia, la creación en su conjunto y los seres humanos, en comunión, vivamos en camino hacia la plenitud de la justicia, de la libertad y del amor gratuito con Dios. 

Luis Guillermo Guerrero Guevara.

Director General CINEP/Programa por la Paz

Les contamos cómo está trabajando y avanzando la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad durante el confinamiento y cómo avanza en la construcción de la reconciliación y el diálogo social para la apropiación de la verdad.

Aunque estemos en confinamiento la Comisión de la Verdad no se detiene. Sin embargo, la entidad que se creó en abril de 2017 y tiene una duración de 3 años enfrenta grandes desafíos en esta coyuntura. Uno de los mayores retos para la Comisión pero también para el SIVJRNR en general es mantener a las víctimas del conflicto en el centro de las políticas públicas a nivel nacional, regional y local evitando caer en una “competencia” mal entendida con las nuevas víctimas de la pandemia. 

En términos operativos, la Comisión de la Verdad concentra sus esfuerzos en el procesamiento, análisis y contrastación de los testimonios de los informes y ajusta su plan de trabajo para seguir cumpliendo su mandato. Además, está desarrollando nuevas estrategias de trabajo en los territorios, en especial con las comunidades indígenas, altamente vulnerables a la epidemia.

En medio de la crisis social y sanitaria que viven Colombia y el mundo, en la Comisión surgen varias inquietudes con relación al papel que jugará el tema de la paz en la vida social, política y económica del país. Preocupan:

  • La crisis fiscal que vivirá el país y el impacto que traerá en los presupuestos para el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR) y la implementación de los acuerdos de paz.
  • El papel que ocupará la paz en los planes de desarrollo que también se verán afectados por la crisis sanitaria.

Por otro lado, la Comisión ha hecho un llamado a los actores armados a una tregua, a un cese de la violencia, que permita a la sociedad y a las comunidades enfrentar la pandemia. Y el presidente Francisco de Roux ha invitado a la reflexión sobre las enormes desigualdades sociales que ha evidenciado el COVID y cómo impacta a los más vulnerables, en particular a las víctimas del conflicto armado: 

“El conflicto armado ha matado más gente en Colombia de lo que el Coronavirus ha matado en el mundo. Colombia también tendrá que hacer cambios estructurales muy hondos para parar la pandemia del conflicto armado”.

Avances

Les compartimos algunas cifras que permiten evidenciar los avances de la Comisión a dos años de puesta en marcha. En lo que tiene que ver con  la gestión del conocimiento para la producción del informe final, la Cev nos cuenta que ha realizado a la fecha 8.392 entrevistas a 15.665 personas (la mayoría víctimas y testigos directos de los hechos en diferentes territorios). Además, hay 29 Casas de la Verdad en funcionamiento, una estrategia de trabajo con la población en exilio y un modelo de investigación sobre causas, dinámicas e impactos del conflicto armado en los pueblos.

Se han realizado también 4 Encuentros por la verdad, 6 Diálogos para la no repetición con, un espacio de escucha con excombatientes de la antigua FARC-EP, tres contribuciones a la verdad: dos con Ernesto Samper y una con Jaime Caycedo, 10 procesos culturales y artísticos, cinco encuentros nacionales con los Pueblos Étnicos, entre muchos otros eventos donde la reconciliación y la convivencia han estado en el centro.

En el siguiente video la comisionada Alejandra Miller informa sobre los retos de la Comisión durante la cuarentena en Colombia:

 

Por: Katalina Vásquez G.

Luis Guillermo Guerrero, director de Cinep/Programa por la Paz comparte 10 ideas principales para entender la importancia y los alcances que tiene la Comisión de la Verdad como bien público de los colombianos y colombianas. Este decálogo hizo parte de su intervención en el evento De común Acuerdo y fue publicado en el semanario de la organización Viva la Ciudadanía.

 
 

 

 

Luego de un largo proceso de elección, el comité de escogencia presentó los 11 elegidos que conformarán la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición contemplada en el acuerdo final de paz. Como presidente de este órgano fue elegido el exdirector e investigador del Cinep/PPP Francisco de Roux, de quien presentamos su perfil, que lo llevó a presidir este importante órgano.

Francisco de Roux nació en medio de una de las familias más prestantes de Cali. Es sobrino de un exministro de guerra, uno de sus hermanos fue Ministro de Salud, otro fue consejero en derechos humanos de la Presidencia de la República y luego concejal de Bogotá y su otro hermano fue vicerrector académico de la Universidad Javeriana en Cali. Sin embargo, su vocación religiosa lo llevó a optar por los menos favorecidos y llevar una vida apartada de los lujos. Ingresó a la compañía de Jesús de La Ceja, Antioquia, a sus 16 años y desde entonces ha vivido y trabajado al lado de comunidades pobres.

Estudió filosofía y letras, y teología en la Universidad Javeriana, y una maestría en economía en la Universidad de los Andes. En 1975 se ordenó como sacerdote. Luego de trabajar unos años como investigador del Cinep en proyectos de empresas comunitarias, viajó a París, donde hizo un doctorado en economía en la Universidad de la Sorbona. En 1980 viajó a Londres para adelantar sus estudios de maestría en el London School of Economics and Political Science.

En 1982 regresó al Cinep, donde se desempeñó como subdirector e investigador hasta 1986, año en que fue nombrado director del centro de investigación. Pacho le aportó al Cinep la mirada académica, investigativa rigurosa y de gran compromiso social y humano. Le aportó también mucho liderazgo en la mediación de los conflictos”, recuerda Marco Fidel Vargas, actual subdirector el Cinep/PPP.

En 1995 y luego de varios años de investigación sobre las causas de la violencia y la pobreza en la región, de Roux creó el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, (PDPMM); para muchos su obra más grande y reconocida. Logró mediar entre la Unión Sindical Obrera, la Diócesis de Barrancabermeja, el Cinep y la Sociedad Económica de Amigos del País para construir un proyecto local y regional de paz territorial desde las iniciativas de las mismas comunidades. Allí articuló los pueblos que están sobre el río Magdalena en Santander, Cesar, Bolívar y Antioquia.

Sobre el PDPMM habla Juan Carlos Merchán, investigador del Cinep/PPP. Se atrevió a sentar en la misma mesa al Gobierno nacional, agencias de cooperación, Banco Mundial, Unión Europea, partidos políticos, centrales obreras, pastorales sociales y empresas para sacar adelante el proyecto del Magdalena medio. “Ese era un proyecto supremamente ambicioso y difícil, pero era la mejor manera de llevar a la vida real toda la teorización económica que él hizo desde el Cinep tiempo atrás”, señala Merchán.

El Programa de Desarrollo y Paz consiste en proyectos de economía campesina y asociación de comunidades para adquisición de créditos que permiten a las comunidades rurales generar proyectos productivos tanto individuales como conjuntas que facilitan el retorno de comunidades desplazadas y hacer frente, de forma pacífica, a los grupos armados de las regiones. Hoy en el país hay 26 Programas de Desarrollo y Paz que se articulan en la Red Prodepaz y que surgieron de la experiencia del Magdalena Medio.

Pacho, como es nombrado por las personas que trabajan con él, es recordado con especial cariño por los pobladores del Magdalena Medio. “Pacho fue siempre un consejero. Nos ayudada desde los problemas de administración de la pesca y el cultivo hasta los problemas familiares que teníamos”, dice Isolina Quintero, pobladora del municipio de Gamarra, Cesar. “Su compromiso con nosotros, la población rural, marcó todo su trabajo. Era capaz de citar a los líderes de los grupos armados para reclamarles y pedir que no nos hicieran daño”, añade.

La capacidad de diálogo de Francisco de Roux sobresale constantemente cuando se habla de él.  “Él se tomó el riesgo de ser un mediador entre comunidades campesinas, organizaciones sociales y actores armados, legales e ilegales. En el contexto de hace unas décadas esto era una situación muy peligrosa y lo que denota es una capacidad enorme para la mediación”, dice Juan Carlos Merchán, quien además recuerda una de las situaciones más difíciles en tema de seguridad que vivió junto a De Roux: “Hacia finales de 2002, cuando los paramilitares acordaban, con el gobierno, su desmovilización, habían prometido una tregua navideña. Eso nunca lo cumplieron y en esa navidad entraron a la Serranía de San Lucas, por lo que decidimos con Pacho subir a estar con la comunidad. En esos días hubo enfrentamientos entre los paramilitares y el ELN, y la población civil quedó en medio. Pacho fue muy valiente e inteligente para demostrarle a ambos bandos que no estábamos del lado de ninguno, sino del lado de la comunidad. Menos mal él habló, pues de lo contrario, no estaríamos”.

En 2008 es nombrado Provincial de la compañía de Jesús en Colombia. Desde entonces ha seguido trabajando en temas de paz, desde los medios de comunicación, en conferencias y como mediador ante grupos armados. Estuvo presente en el acto de dejación de armas de las Farc y se ofreció para intercambiarse por Odín Sánchez, quien estaba en muy mal estado de salud en su secuestro por el ELN, propuesta que no fue aceptada por la guerrilla.

En julio de 2017 una noticia, de la cual fue protagonista, causó gran revuelo en la opinión pública dada su improbabilidad: de Roux logró sentar en una misma mesa a los Jefes de las Farc y a exjefes paramilitares, actores que años atrás eran enemigos a muerte. En un diálogo que duró más de tres horas acordaron poner a las víctimas como actor principal en la implementación de los acuerdos y dejar los odios del pasado para trabajar por la paz del país. Este hecho histórico demuestra no solo la credibilidad que tiene de Roux en los diferentes sectores de la sociedad, sino su capacidad de mediación, incluso entre enemigos de guerra.

Finalmente, fue elegido por el comité de escogencia para presidir la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. Desde su postulación fue candidato favorito para ocupar este cargo pues es tal vez el único que se ha sentado a hablar con todos los bandos involucrados en el conflicto armado colombiano. Según el mismo comité de escogencia, fue elegido por su conocimiento de las regiones, del conflicto que allí se vivió, y por su capacidad de medicación para con los diferentes actores.

 

 

Miguel Martínez
Equipo de Comunicaciones