Interculturalidad

Interculturalidad (11)

Hablamos con Leidy Laura Perneth del CINEP/PPP sobre los peligros que enfrentan las mujeres por el confinamiento, los aumentos de las violencias durante la cuarentena, y las estrategias de respuesta que deberían tomarse.

La curva de la violencia contra las mujeres en cuarentena tampoco aplana. Según Sisma Mujer, durante este período, aproximadamente cada 25 horas fue denunciado un feminicidio; y cada 10 minutos se realizó una denuncia de violencia intrafamiliar.* Además, según Medicina Legal durante el primer trimestre de 2020 hubo más de 11.000 casos de violencia contra la mujer en Colombia.

Leidy Laura Perneth, investigadora de la línea de Interculturalidad del CINEP/PPP,  presenta un panorama de la difícil situación que viven las mujeres en Colombia durante la pandemia que las ha confinado con sus agresores. Perneth resalta el aumento de llamadas a la línea nacional 155 creada para denunciar este tipo de agresiones que recibió 2.209 llamadas, versus 964 del mismo periodo de 2019, según Sisma Mujer. Las llamadas provienen, principalmente, de Bogotá, Antioquia, Valle Del Cauca y Cundinamarca.

¿Es diferente el confinamiento para los hombres y las mujeres?

Definitivamente el confinamiento no tiene las mismas implicaciones para hombres y para mujeres. La coyuntura que enfrentamos por la pandemia del COVID-19 nos ha expuesto a la agudización de violencias estructurales e históricas. Los movimientos feministas han insistido en reconocer a la familia como una institución donde se reproducen relaciones de poder y de violencias que resultan en que no todas sean espacios armoniosos.

Esto es particularmente importante en la coyuntura porque la idea de la quedarse en casa no es necesariamente lo más seguro para nosotras. La mayoría de las mujeres son asesinadas por su pareja o ex pareja en su casa y el asunto se complica durante el aislamiento social preventivo porque hay más dificultades de acceder a la justicia y hay restricción en las denuncias presenciales. Habría que revisar la premisa de "quédate en casa", qué implicaciones tiene para y preguntarse: ¿Es la casa un lugar seguro cuando se trata de las vidas de las mujeres?

¿Cuáles son las principales formas de violencia contra las mujeres que se pueden presentar durante el confinamiento?

Son muchas. Hay un continuo de violencias físicas y psicológicas que siguen enfrentando las mujeres que conviven con sus agresores, esto se agrava porque hay un desestímulo hacia la denuncia con un sector amplio de mujeres que no disponen de los minutos para llamar ni de los medios para hacer denuncias virtuales. Es bueno anotar la situación de las trabajadoras domésticas, unas confinadas en las casas donde ofrecen servicios sin posibilidad de salir y otras que están siendo despedidas sin garantías por considerarlas cuerpos infecciosos y en ocasiones son expuestas a violencias raciales. Las mujeres además, según Sisma, dedican el doble del tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en sus casas (semanalmente dedican en promedio 50,6 horas, mientras que los hombres dedican 23,9). Durante el confinamiento hay un montón de factores como la virtualización de la educación, el abastecimiento y el cuidado de la salud que pasan a responsabilidad de ellas.

Por otro lado, las lideresas siguen siendo amenazadas y ahora cuentan con dificultades para desplazarse y protegerse, siendo fácilmente localizables si están confinadas. Algunas han manifestado que sienten falta de empatía cuando presentan las denuncias porque la atención está concentrada en el virus. Además, la falta de autonomía económica es un escenario que favorece la violencia porque hay muchas que dependen del trabajo informal que no pueden desarrollar durante la cuarentena. Otro escenario de violencia que es muy importante es la sexual, que resulta en que algunas mujeres queden en embarazo y tengan dificultades para acceder a su derecho a la interrupción voluntaria que no es prioridad en el sistema de salud y puede llevar a procedimientos inseguros o a maternidades no deseadas.

Foto: Consejería para la Estabilización.

El personal del sector salud también está altamente feminizado y por lo menos el 73% del personal que son mujeres que están hoy en la primera línea y que son altamente discriminadas en el transporte, espacios públicos y en sus casas por el miedo al contagio. Otro tipo de violencia es sin duda la que se está ejerciendo en los cuerpos de las personas trans, favorecida por medidas como el pico y género. Este clasifica los cuerpos en un orden binario en el que se exponen al peligro a los cuerpos ambiguos como ya sucedió en países como Perú.

¿Qué opina del aumento en la cantidad de denuncias por violencias contra la mujer y qué estrategias de respuesta recomendaría?  

Efectivamente ha habido un aumento en las denuncias durante este período. Un informe de Sisma Mujer, revela que en la línea 155 (línea nacional de orientación a las mujeres) hubo un aumento del 129,15% de llamadas. Durante este mismo período en el 2019 se recibieron 964 denuncias, y este año se recibieron 2.209. La Fiscalía ha revelado que se han presentado 19 feminicidios y ha recibido 3.069 denuncias por violencia intrafamiliar, entonces estamos notando los efectos del aislamiento en la vida de las mujeres.

Frente a las estrategias de respuesta, son importantes las sugerencias que ya han hecho organismos internacionales como ONU Mujeres y la Comisión Interamericana de las Mujeres que coinciden en la importancia de contar con datos desagregados por género, estrato, etnia y raza. Deben fortalecerse los programas que ya existen para atender a las mujeres y no reducirlos.

Adicionalmente, partir de las experiencias en los territorios, creo que es importante sugerir que la ruta de atención funcione efectivamente y que puedan emitirse medidas de protección que impliquen retirar al asesor de la vivienda y garantizar que estas medidas sean entregadas por actores institucionales. La ONU Mujeres ya ha alertado sobre la violencia contra las mujeres como una pandemia que está bajo la sombra. Es importante establecer redes comunitarias sororas que rodeen a la mujer y pensar en proyectos dirigidos para que las organizaciones de base se sigan consolidando sin obviar la responsabilidad absoluta del Estado.

¿Qué recomendaría que hiciera una mujer que se encuentra confinada en casa con su maltratador? 

Es un escenario complejo y es importante anotar que históricamente una de las estrategias de los agresores ha sido restringir, debilitar e incluso fracturar redes como las familiares, sociales y laborales, es decir, hacer sentir solas a las mujeres y eso puede agudizarse en el marco de esta crisis.

Una primera sugerencia es mantener esas redes por los medios de los que dispongamos para que ayuden a activar la ruta de denuncia y atención porque a veces la propia mujer no puede hacerlo. Debemos afirmar la consigna de que no están solas.

Otro punto es entender la escuela como un espacio que puede ayudar a activar esas rutas. Muchas docentes han sido claves en identificar casos de violencia sexual con sus estudiantes y violencias intrafamiliares. Sugiero también que las mujeres tengan las líneas que han dispuesto las organizaciones porque en ocasiones las líneas institucionales no atienden o están muy congestionadas.

Según su experiencia, ¿cuál es el panorama de esta situación en Cartagena? ¿Cómo se compara con el resto del país?

La situación de Cartagena es similar a la del resto del país, sin duda, hay un aumento en las llamadas a la línea 155 en Bolívar según Sisma Mujer. En el 2019 durante este mismo período hubo 15 llamadas y para este año aumentaron a 70. En Cartagena hay muchísimas dificultades, por ejemplo, las líneas de las comisarías permanentes no funcionan y al inicio hubo mucha desinformación sobre si la atención se prestaría presencial o no.

A eso se suma la dificultad de que aún hoy, a más de diez años de la Ley 1257, muchos funcionarios no tienen formación en el tema y ejercen violencias institucionales desde el cargo que ocupan. Esto es particularmente grave porque se re-victimiza, se desestimula la denuncia y hay un ejercicio patriarcal.

Además, en Cartagena viene operando un hogar de acogida para mujeres víctimas bajo la coordinación de la Secretaría de Participación y Desarrollo Social y desde enero no concreta la contratación y ha resultado muy difícil para mujeres en riesgo en sus casas que necesitan salir, ser recibidas en este hogar. Hay una reacción tardía de la policía que además, tiene movilidad completa por la ciudad a diario y que es una institución patriarcal. A esto se suma que en Cartagena, que es una ciudad empobrecida en medio de la riqueza, se requieren con urgencia políticas de redistribución porque hay una brecha salarial por lo menos del 35% entre hombres y mujeres.

Foto: ONU mujeres.

¿Cómo pueden ayudar las organizaciones sociales o de mujeres durante esta cuarentena a quienes estén siendo violentadas?

Las organizaciones sociales deben mantener la comunicación con los procesos que se llevan en los territorios y deben indagar con las mujeres cómo la están pasando en la cuarentena. Muchas de estas mujeres han creado un vínculo cercano con las organizaciones y encuentran en ellas una posibilidad de alertar frente a situaciones de violencia.

También, en la medida de lo posible y si los recursos de las organizaciones lo permiten, deberían disponerse asistencias humanitarias sobre todo para las mujeres que dependen del día a día. De hecho desde el Cinep, en el proyecto específico de educación intercultural, gestionamos con Gobierno Vasco para poder destinar parte de los recursos del proyecto para apoyar a comunidad de la Sierra Nevada de Santa Marta, el Sur de La Guajira y Cartagena porque trabajamos con sectores históricamente excluidos.

A nivel nacional, las organizaciones de mujeres nos hemos seguido coordinando para acompañar en organización jurídica, psicológica, en activar rutas para la atención cuando se presentan casos de violencia y proporcionando información importante. Producimos información cualitativa y cuantitativa sobre las situaciones a las que se están enfrentando las mujeres para presionar la toma de decisiones. Y tenemos que seguir insistiendo en demandas más profundas: en que tenemos que tumbar el sistema patriarcal que está vigente, en la redistribución del cuidado, en la renta básica para mujeres y leer las desigualdades que se han construido a partir de la generalización de los cuerpos.


*Datos con corte del 25 de marzo al 23 de abril de 2020.

 
Por: Paola Llinás Aragón.

Una de las enseñanzas que le marcó la vida a Jenny Ortiz, coordinadora de la Línea de Interculturalidad en el Cinep/PPP la tuvo de una autoridad indígena del Amazonas. Ella estaba trabajando en la Chorrera con los Huitotos, al terminar el taller se sentó al frente rio a ver el agua correr. Tenía que tomar una decisión transcendental para su vida y mientras pensaba en eso, una autoridad se acercó y le preguntó “bueno profe, ¿usted que es lo que está viendo?”. Ortiz le empezó a hablar de la belleza del río, pero terminó contándole lo que le sucedía. Entonces la autoridad le dijo:  

“?Miré, la vida es como el río, usted no la controla, entonces en algunas veces hace meandros largos, meandros cortos, o sea, curvas largas, curvas cortas ¿cierto? y va armando su recorrido por donde considera que debe ir. En su interior alberga muchas vidas, y uno solo empieza a entender que la vida tiene este fluir cuando uno deja que la vida tome un curso por donde debe ir, uno va contra la corriente cuando quiere crear, cuando quiere producir algo nuevo, cuando quiere dar nueva vida; como muchos peces que van a nadar contra la corriente a poner sus huevos cuando van a dar nueva vida”.

La línea de Interculturalidad ha venido trabajando con pueblos de la Sierra Nevada, Cartagena y el sur de la Guajira y desde 2016 se ha enfocado en problematizar las desigualdades históricas, económicas, epistemológicas que han vivido los excluidos en el país. Su trabajo se ha centrado en educación interculturalidad y propia, los extractivismos, la discusión sobre memoria y memorias étnicas, la articulación de la escuela, comunidad y movimiento social y la reflexión sobre el enfoque de género en el territorio, las demandas de los pueblos, la epistemología, el lenguaje y su compresión.

Desde la línea se plantean tres aproximaciones para pensar la interculturalidad con los pueblos indígenas: la primera, desde la realidad de situaciones y contextos específicos de los sujetos, “tú como pueblo indígena entiendes el mundo de una manera, porque lo has construido de esa manera y yo lo entiendo de otra; no voy a imponer, ni tú me vas a imponer”; la segunda, considerando que hay unos espacios y unos tiempos propios de las comunidades, “esto implica empezar a romper la idea que solamente el conocimiento experto pasa por la universidad y la academia, sino que este pasa también por otros registros y otras experiencias vividas, transitadas y reflexionadas” y, la tercera, reconociendo otros territorios y otros contextos, esto implica que “la interculturalidad no es armónica, es profundamente conflictiva y creemos que de ese conflicto, esa contradicción, podemos crear más cosas”.

Los años que ha trabajado con comunidades indígenas y afrodescendiente, le han dejado a Ortíz muchas reflexiones personales como la importancia del trabajo espiritual dentro de los proyectos que realizan con los pueblos, el poder de la palabra: “cuando dicen ‘me comprometo a…’, lo hacen efectivamente. No es a la ligera, como nos acostumbramos nosotros; por ejemplo, ‘esta tarde me tomo un tinto contigo’ y nunca pasa esa tarde, ni el tinto”. Y el pensamiento integral, “si bien ellos reconocen que hay unos elementos de la experticia del conocimiento, ellos dicen que el conocimiento es integral, tú no puedes ver de manera aislada cada lugar del conocimiento, sino que todo es integral, porque la vida es integral”. 

Estas consideraciones han llevado a cumplir la meta de Cinep/PPP en su opción preferencial por los excluidos. La interculturalidad, según Ortíz, puede aportar a una sociedad justa, sostenible y en paz, misión de Cinep/PPP, al continuar hablando de problemas como el extractivismo en territorios étnicos, el racismo, la discriminación racial y las violencias epistémicas que viven los pueblos comunidades indígenas y negras; también estudiando el conflicto armado y los conflictos territoriales que se experimentan en los  territorios rurales que habitan.

En ese sentido, Cinep/PPP debe enfrentar retos  importantes como compaginar los tiempos de las comunidades con las lógicas de la  cooperación; aplicar la complejidad del pensamiento integral y del entendimiento de las movilizaciones indígenas como “esta gotica constante, que sigue ahí hasta que logre abrir camino o abrir un huequito en la tierra”.

Día Internacional de los Pueblos Indígenas

Las lenguas indígenas fueron el tema escogido en el 2019 por las Naciones Unidas para celebrar el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Al respecto, Ortíz indica que “lo primero que hay que decir es que no hay lenguas,  son idiomas, del mismo estatus del español o  el inglés” y en ese sentido, señala, estos son sistemas de pensamiento con variables dialectales, es decir, con distintas maneras de hablarlo.

Esta misma idea la comparte Jon Landaburu, lingüista y autor de la clasificación de las lenguas de Colombia, para él “una lengua no es simplemente un instrumento de comunicación” sino es una adaptación de una cultura, del espíritu". Landaburu reconoce que existe un reto considerable en hacer prevalecer las lenguas en el mundo, “si consideramos que en este momento hay como 6000 lenguas distintas en el mundo, el 97% de la población habla solamente 10 lenguas”

Entre los escenarios que ponen en riesgo la extinción de estos idiomas, Ortíz menciona a la escuela y explica: “cuando un niño es obligado a ir a la escuela a muy temprana edad se pierde el idioma porque este se aprende vía materna hasta los siete años”; el conflicto armado, debido al asesinato de muchas autoridades indígenas que son los conocedores del idioma y formadores en la comunidad; el desconocimiento en la sociedad, “si nosotros entendiéramos que somos muy afortunados de tener al menos 63 idiomas vivos, pues entenderíamos su importancia”; procesos de normalización lingüística, generados por diferentes institutos para la creación de un alfabeto común generando pérdidas en las variables dialectales -manera en la que se habla el idioma-; y la castellanización.  A estas amenazas se unen las reconocidas por Hortensia Estrada, investigadora del Instituto Caro y Cuervo, como el contacto con poblaciones vecinas, la transmisión en el idioma dominante por parte de los medios de comunicación y la poca utilización de la lengua por parte de las nuevas generaciones.

Para Miguel Rocha, Doctor en Lenguas y Literaturas, el rescate de las lenguas depende de su utilidad para los hablantes, el trabajo con los procesos de colonización, los espacios o plataformas donde las lenguas adquieran un estatus   y las políticas públicas que se establezcan. 

Para Ortíz, reconocimiento a las llamadas lenguas indígenas como idiomas y, en consecuencia, a  sus formas de vida y enseñanzas son el camino que se debería tomar para reconocer no solo a las comunidades indígenas, sino a los afrodescendientes y las comunidades gitanas como parte de la construcción de país. 

 

 

Lida Bocanegra
Equipo de Comunicaciones 

 

Organizaciones nacionales e internacionales que trabajamos por los derechos humanos, el territorio y el agua en el departamento de La Guajira alertamos a todas las instituciones garantes de los Derechos Humanos en los municipios de Albania y Maicao, en el departamento de la Guajira y a toda la comunidad nacional e internacional por anuncio de desalojo por fuerza de la comunidad indígena wayuu de El Rocío para estos días 23 al 24 de julio de 2019. 


 

 
 

El 2 de mayo el stand de la Universidad Javeriana en la Feria del Libro se convirtió en el escenario en el que Cinep/PPP lanzó una de sus más recientes publicaciones: “De encuentros y desencuentros: reflexiones sobre la educación intercultural desde una experiencia en el Caribe colombiano”. El libro, escrito por Leidy Laura Perneth, Jenny Paola Ortiz, y Andrea García, da cuenta del proceso investigativo en el proyecto “Educación intercultural por la defensa de los derechos de los grupos étnicos” implementado por Cinep/PPP durante el 2016 y 2017 en el Sur de La Guajira, Sierra Nevada de Santa Marta y Cartagena.

La riqueza cultural de Colombia es evidente, y estos tres territorios son testimonio de la confluencia de múltiples grupos étnicos diferentes entre sí, pero habitantes de la misma tierra. Por esta razón, el proyecto tenía el objetivo de construir una mirada en conjunto de la región y contribuir al reconocimiento de los derechos de los grupos étnicos. 

Durante el lanzamiento, Perneth habló sobre la importancia de la interculturalidad, pues ésta permite analizar las relaciones de poder. Planteó, además, que una de las discusiones más importantes que surgió durante el proceso fue sobre si el sistema educativo realmente está atendiendo a las demandas de las comunidades, o si sólo busca institucionalizarlas.

El libro, como lo aseguró Eduardo Restrepo en el lanzamiento, hace énfasis en aspectos étnicos, raciales y de género. Y es que son precisamente esos temas los que han permitido jerarquizar las diferencias entre diversos grupos. Perneth agregó que este énfasis se hace porque es desde la educación intercultural que se pueden cuestionar a los sujetos y así comprender la construcción de una sociedad desigual.

El lanzamiento contó con una exposición fotográfica que mostró a los diversos actores que hicieron parte del proyecto. Los espacios pedagógicos se enfocaron en formación a profesores en educación intercultural, formación política dirigida a líderes sociales, y formación en investigación local participativa para jóvenes.

Para Martha Cecilia García, investigadora de Cinep/PPP, este “es un libro muy valioso porque junta práctica y acción. Plantea tres problemas en contextos muy diferentes pero que afectan a las comunidades de Cartagena, La Guajira y la Sierra Nevada”.

Eduardo Restrepo mencionó la valentía que tuvieron las autoras al hacer dos cosas esenciales: no cortar la voz de las comunidades y lograr un libro “de crítica y autocrítica, pues no sólo cuestiona las problemáticas sociales a las que se enfrenta, sino que también es sincero con el lector sobre el mismo proceso investigativo”. Esto lo hace en referencia a la observación que hacen quienes lo escribieron sobre las dificultades que implica tener un enfoque de género riguroso en una investigación.

A partir de esas experiencias, las autoras concluyeron en la publicación que la educación intercultural “es un campo permanentemente abierto y conflictivo, sin posibilidades ni aspiraciones de clausura”. Por esto, consideran esencial seguir ahondando y creando ejercicios que permitan la reflexión sobre temas que de allí se derivan. 

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Laura Cristina Vasquez
Equipo de comunicaciones 

 

El pasado 6 de abril culminó el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias: “Lecturas críticas, voces diversas y horizontes políticos en el mundo contemporáneo” en Bogotá. Durante tres días un público variado y de diferentes lugares de América Latina reflexionó sobre la memoria y la historia oral, sus usos, metodologías, experiencias, procesos investigativos, en un ambiente lleno de contradicciones. Además del Encuentro, los investigadores y académicos se reunieron con diferentes grupos sociales, campesinos, afrodescendientes, indígenas en varios lugares de  Colombia y suscribieron la siguiente carta en donde hace un llamado de solidaridad con el mantenimiento de la implementación del Acuerdo de Paz. 

El 4, 5 y 6 de abril se desarrollará en Bogotá el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias: “Lecturas críticas, voces diversas y horizontes políticos en el mundo contemporáneo”. Durante tres días un público variado y de diferentes lugares de América Latina reflexionará sobre la memoria y la historia oral, sus usos, metodologías, experiencias, procesos investigativos, en un ambiente lleno de contradicciones.

Este encuentro estará a cargo de las organizaciones miembro de la Red Latinoamericana de Historia Oral (RELAHO), entidad académica de Latinoamérica y el Caribe para la articulación, intercambio y difusión de la investigación. Este año, Colombia celebrará el Bicentenario de su independencia por medio de ceremonias institucionales, oficiales y gubernamentales, lo que hace que este tipo de encuentros tengan una relevancia en un país como Colombia en donde se están dando actualmente varias tensiones y disputas por el tema de la memoria.

Como Colombia será país anfitrión, se darán a conocer nuevos trabajos sobre lo que distintas comunidades han expresado acerca de la violencia política por el incumplimiento de buena parte lo que se acordó con las Farc. Así, se reflexionará acerca de distintas investigaciones sobre el pasado reciente que se abordan desde la historia y la memoria con diferentes formatos comunicativos y artísticos como la danza, la literatura, la fotografía, los videos y el teatro.

Entre los invitados están:  Vera Carnovale, doctora en Historia, docente de la Universidad Nacional San Martín e investigadora Adjunta del CONICET; Raúl Zibechi, escritor, periodista y activista uruguayo que se ha dedicado al trabajo con movimientos sociales en América Latina; Pere Petit, presidente de la Asociación Brasilera de Historia Oral (ABHO) y Josefina Vásquez Awad, trabajadora Social de la Universidad Industrial de Santander, con maestrías en Antropología y Antropología Visual  de Universidad Católica de Lima, entre otros.

A propósito del contexto latinoamericano, investigadores sociales se están planteando preguntas sobre el modelo neoliberal en el continente, las crisis económicas que han tenido varios países y el aumento de propuestas políticas neoconservadoras que llegaron al poder y que no han temido en utilizar cualquier método para mantenerlo. Con estos cambios también han surgido transformaciones, como las pérdidas de las conquistas de los trabajadores a principios de siglo XX o el cambio del sueño americano a una pesadilla para millones de latinos. La Historia que se está escribiendo a partir de esos cambios pasará inevitablemente por la oralidad.

Muchos investigadores, comunidades, docentes, entidades, universidades y colectivos utilizan la historia oral en su amplia gama de posibilidades para realizar investigaciones. Es por eso que el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias será un espacio en el que se podrá fortalecer la construcción de redes de trabajo sobre estos temas, establecer un espacio para la divulgación de los aportes de la investigación y la enseñanza de historia oral y memorias y debatir los horizontes políticos de América Latina a la luz de las lecturas críticas sobre la historia en el mundo contemporáneo.

Para conocer más sobre el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias consulta: http://colectivohistoriaoral.org/

 

Laura Cristina Vásquez

Equipo de Comunicaciones

Una de las riquezas de Colombia es su enorme diversidad cultural. Dentro de una región, relativamente pequeña, puede existir una amplia variedad cultural en las comunidades. Un claro ejemplo de esta situación se da en la región Caribe. Allí confluyen múltiples grupos étnico raciales que se diferencian en muchos aspectos, pero que comparten un territorio. Frente a este panorama desde hace varios años, el equipo de Interculturalidad del Cinep/PPP viene acompañando a algunas de estas comunidades en procesos de fortalecimiento organizativo tanto al interior como en articulación con otros grupos poblacionales de la región.

Así surgió el proyecto en educación intercultural por la defensa de los derechos de los grupos étnicos. Funcionó en tres nodos territoriales: Cartagena, Sierra Nevada y sur de La Guajira y se trabajó con distintos grupos étnicos: indígenas Wayuú, Wiwa, afro Cartagena, afro Guajira, población palenquera y mestizos. Durante el proceso participaron líderes de organizaciones sociales, jóvenes investigadores y docentes de instituciones educativas.

El proyecto se organizó en tres grandes acciones: primero, un proceso de formación en educación intercultural, investigación local participativa y ejercicios de exigibilidad de derechos; segundo, producción de saberes y contenidos de conocimiento; y, tercero, ejercicios de sensibilización e incidencia política. Estas acciones, que se dieron a partir del proyecto, estuvieron encaminadas a generar encuentros entre las comunidades que permitieran diálogos desde los saberes de cada población. “Empezar a encontrarse, no solo es la posibilidad de tejer redes de articulación sino de contrastar constantemente visiones, perspectivas, sensibilizarse de lo que les ocurre a los otros”, afirmó Jenny Ortiz, investigadora del Cinep/PPP del equipo Territorio, Movilización e Interculturalidad y coordinadora del proyecto.

Uno de los objetivos y puntos clave de este proceso fue construir una mirada en conjunto de la región. Para esto se promovió el diálogo de saberes a través del cual las diversas comunidades discutieron y trabajaron juntas en la problematización de sus contextos en distintas escalas. Así lo explicó Ortíz: “Empezamos a salir del problema muy local y conectarlo con lo que está pasando en la región. Esto, en términos de megaproyectos, del modelo económico, de la violación de derechos. Se trata de una articulación de demandas pero sobre todo de la articulación de ejercicios de resistencia ante las múltiples problemáticas”.

Juventud y género, las miradas diferenciales del proceso 

Durante el proceso se abordaron varios enfoques diferenciales. Uno de ellos fue el de los jóvenes y su rol dentro de sus comunidades. Para Jenny Ortiz el trabajo con los jóvenes es un ejercicio muy preliminar desde la educación popular y busca empezar a transformar la idea de que son los expertos los que tienen el conocimiento. Los líderes de organizaciones sociales son jóvenes que se hacen preguntas sobre su contexto y es importante vincular al joven en la acción política.

Para lograrlo una de las estrategias fue brindar  herramientas metodológicas a los jóvenes para trabajar con sus comunidades, así se reconoció desde cómo hacer una entrevista y una cartografía, hasta un mapa de actores y una encuesta. Luego ellos realizaron un proceso de acompañamiento para aplicar las herramientas en la problematización de los diferentes contextos.

Otro de los enfoques diferenciales importantes del proceso fue el de género, una apuesta problemática considerando las características culturales de las comunidades de la región. En este sentido, primero se abordó el tema del rol de la mujer dentro de los grupos. En estas discusiones salieron a flote muchas historias de abuso sexual intrafamiliar, violencia, acoso yabuso en medio del conflicto armado. El momento no solo sirvió para conocer una realidad que nos suele difundirse, sino paraque las mujeres pudieran sanar un poco esas heridas. El trabajo dentro del proyecto aportó a la construcción de miradas de género desde los distintos contextos, así “que los Wiwa comiencen a preguntarse sobre las Sagas, que son mujeres de sabiduría ancestral. Que los afro comiencen a interpelarse por otras construcciones de género”, son algunos de los resultados que resalta Jenny Ortiz.

Dentro de las metodologías implementadas en el proyecto se incluyeron tres seminarios regionales que reunían a las poblaciones. El primero de ellos se hizo en Barrancas, sur de La Guajira; el segundo, en Cartagena, y, el tercero, fue en la Sierra Nevada de Santa Marta. “En los seminarios quisimos darle este giro de no llevar solo a los expertos a que le enseñen al otro sino que los sujetos se empoderaran un poco y fueran los gestores de lo que ya habían hecho”, explica Ortiz. Con esta premisa, durante estos encuentros se oyeron las voces de la academia, el liderazgo social, la docencia y la juventud cada uno aportando a los debates desde su propia experiencia y experticia.

Docentes de la zona caribe hablan sobre la importancia de la interculturalidad en la educación escolar.


Un cierre en el territorio sagrado, Achintukua. Para el cierre del proyecto se concertó con las organizaciones sociales y las comunidades hacer el seminario en Achintukua, capital del pueblo Wiwa de la Sierra Nevada de Santa Marta. Este lugar fue elegido por su importancia intercultural, pues muy cerca de allí, se dio la evangelización de la comunidad indígena por parte de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Este procedimiento llevó a la pérdida de la cultura propia de los Wiwa por mucho tiempo. “El vestido ya no se estaba usando, el idioma ya algunos lo han olvidado. La música propia ya los niños no la bailan como se bailaba, solo hay unos mayores que la bailan”, comenta  Otilio Chimusquera, docente Wiwa, y añade “ya más reciente nosotros le hemos propuesto que nosotros tenemos que reconocer nuestra identidad y por eso entre nuestra comunidad ya hay poquita evangelización, pero podemos vivir con otras comunidades de esas religiones sin ningún problema”.

Dada la importancia espiritual que tiene este pueblo para los Wiwas, desde un mes antes a la realización del seminario, se inició un  trabajo espiritual con el Mamo Chelo, máxima autoridad de Achintukua. Él inició un trabajo para que el territorio acogiera a todos los visitantes, teniendo en consideración que eran de distintas partes de la región y del país, que hubiera una armonización y que además hubiera una protección espiritual.

Terminado el proceso del diplomado, varios de sus participantes enuncian sus aprendizajes más importantes.

 

 

 La represa del Cercado, el monstruo de cemento en el corazón del territorio ancestral Wiwa

Para entender la problemática que generó la construcción de la represa del Cercado en el territorio hay que hacer una revisión en retrospectiva. En 1934 se autorizan las primeras concesiones de uso del agua a través del drenaje. Luego se arrancan las obras para hacer distritos de riego. A inicios de la década de los 2000, se empieza a ejecutar la obra de la represa. La intención original del proyecto era construir el distrito de riego, llevar agua a los municipios del sur de La Guajira y construir la represa para la generación de energía. El primer impacto para el pueblo Wiwa fue que uno de los tres lugares culturales más importantes para la comunidad donde se desarrolla el ejercicio de gobernabilidad quedaba ubicado justo en medio de la represa.

Seguido a esto vino un momento crítico para la situación de los derechos humanos del pueblo Wiwa: en el sector conocido como La Llegua – Yacanal, en la parte baja de la cuenca del río, asesinan al primer dirigente del pueblo Wiwa. En la parte alta, el pueblo Wiwa sufre la persecución de la guerrilla y desaparecen varios de sus líderes. “En el 2005 inicia la construcción de la represa, lo que generó desestabilidad política, cultural y organizativa para el pueblo Wiwa por la acción de los grupos armados que operaban en la cuenca del río”, relata Pedro Loperena, encargado de la comisión de derechos humanos de la comunidad. “En ese tiempo fue imposible reaccionar por la forma como se atacó al pueblo Wiwa por los diferentes actores en confrontación: grupos paramilitares, autodefensas, guerrilla y hasta las mismas fuerzas militares”, agrega Loperana.

El 4 de febrero de 2005 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorga las medidas cautelares ante la crisis humanitaria del pueblo Wiwa, allí establece que el Estado debe tomar todas las medidas necesarias para cesar los hechos de violencia en contra de la dirigencia del pueblo Wiwa. Además, ante la construcción del muro que retiene las aguas del río Ranchería, las cuatro comunidades indígenas que viven en la Sierra Nevada afirman no haber sido consultadas y luego de las pocas acciones de protesta que realizaron asesinaron a varios de sus líderes: “Casi 30 ejecuciones extrajudiciales en la cuenca del río nos hace pensar que el conflicto estaba ligado a la construcción de la represa”, dice el líder indígena.

Sin poder frenar la construcción de la represa, un fallo judicial en su contra manifiesta que no interpusieron los recursos legales a tiempo, pero sus líderes argumentan que no tenían el conocimiento y la amenaza armada no los dejaba actuar. “Ante la violencia que vivimos nos tocó consolarnos a nosotros mismos. Nos tocó recoger a nuestros muertos y hacer nuestros trabajos espirituales. Nosotros mismos nos tuvimos que llenar de valentía para poder afrontar esa situación y defender nuestros derechos. El proceso organizativo nos tocó reconstruirlo a nosotros mismos”, declara Loperena. 

Tras ocho años de su inauguración, y casi 15 desde el inicio de su construcción, las comunidades manifiestan no sentirse a gusto con la obra. Informes de los órganos de control demuestran que la represa no cumple con los cuatro objetivos con los que fue construida. Versión que fue ratificada por una de las funcionarias del consorcio que administra la obra al afirmar que en la actualidad solo sirve para evitar las inundaciones y surtir los acueductos de algunos municipios cercanos.

“Actualmente estamos buscando documentación porque sabemos que viene una segunda fase de la represa”, afirma Loperena. Y aunque el daño espiritual y material a la comunidad ya está hecho, se apoyan en organizaciones nacionales y extranjeras para evitar daños mayores en la segunda etapa del macroproyecto.

Producción editorial

Resultado de los proyectos de investigación de los participantes del diplomado, se elaboraron tres cartillas, en los que se desarrollan las investigaciones y problematizaciones de la educación intercultural en cada región. En estas se sistematizan las investigaciones en los temas priorizados en cada zona. A demás, se publicaron cartillas elaboradas por los jóvenes investigadores con formatos que se adaptan a las necesidades de sus comunidades.

Caminos interculturales en la región Caribe I 

Es una agrupación de experiencias de maestros, donde se plantean preguntas comunes sobre identidad y diferencia en la escuela, con el objetivo de transformar las prácticas pedagógicas.

Caminos interculturales en la región Caribe II 

Se enfoca en el reconocimiento del territorio y de los impacto del modelo de desarrollo minero-energético, por parte de los estudiantes de instituciones educativas de La Guajira y el espacio turístico de Cartagena.

 

Caminos interculturales en la región Caribe III 

Presenta los talleres realizados en el aula de clase por parte de los maestros de La Guajira y Cartagena para reconstruir las historias de los territorios y de las comunidades, con el objetivo de que éstos valoren y practiquen las tradiciones culturales que se están transformando o perdiendo en los territorios.

Identidad Cultural y memoria. Investigaciones participativas de jóvenes wiwas de la Sierra nevada de Santa Marta

Investigación de los jóvenes de la comunidad Wiwa, ubicados en la Sierra nevada de Santa Marta. Se recoge información sobre las tradiciones y la cultura de esta comunidad indígena.

 
 

Memoria, territorio y participación. Una mirada de los y las jóvenes a Cerro de La Popa

Investigación que analiza los cambios en el territorio y cómo estos afectan a la comunidad que lo habita, por parte de los jóvenes de la comunidad en Cartagena.

Agua y mujer. Historias, cuentos y más sobre nosotras y Kasolü en el Resguardo Wayuu Lomamato

Jóvenes, mujeres, investigadoras expresan la importancia que tiene el agua para la comunidad Wayuu desde la memoria , la tradición y el reasentamiento.

 
 

Huellas del destierro: Memorias sobre la reducción del territorio de las comunidades afro en el Sur de La Guajira

Las comunidades del sur de La Guajira narran cómo su forma de vivir y relacionarse con el territorio se modificó debido al reasentamiento por la mina del Cerrejón.

Sabores y saberes de mi Tabaco

Recetas tradicionales de los pueblos reasentados hacen parte de este documento, que muestra las modificaciones que sufrió la cultura culinaria de dichas comunidades debido al cambio de territorio.

 

  

Galería

 

La interculturalidad, el centro de discusión en el Caribe colombiano 

 

 

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Equipo de comunicaciones

Coordinadora de comunicaciones: Mónica Osorio Aguiar
Coordinadora de publicaciones: Margareth Figueroa Garzón - Ana María Castillo
Comunicador gráfico: Miguel Martínez
Asistente de publicaciones: Alejandra Mouthon

Su piel es negra como su palabra. Mary Grueso, tiene la voz fuerte de sus ancestros y a cada sitio que llega, resuenan historias de resistencia y libertad. Nacida en Guapi -Cauca- esta maestra, poeta y narradora afrocolombiana recorre las aulas buscando el autorreconocimiento de la raza negra dentro de las aulas, a través de la literatura y los juguetes.

La tradición oral que comparten muchos afrocolombianos hace parte hoy de los libros ilustrados para niños que la escritora Mary Grueso crea con el propósito de hacerla permanecer en el tiempo.

Nacida el 16 de abril de 1947, a lo largo de su carrera ha sido reconocida con diferentes premios que destacan el valor de su trabajo por la literatura afrocolombiana en el país. Entre esos, el premio a la Dedicación del enriquecimiento de la cultura ancestral de las comunidades negras, raizales, palenqueras y afrocolombianas del Ministerio de Cultura de Colombia.

Esta ‘Almanegra’ como suelen decirle a Mary, creó unos talleres para niños y niñas menores de 6 años a través de una lectura compartida con sus madres del libro Muñeca Negra. En los talleres, niños y niñas aprenden a hacer muñecas de trapo mientras leen junto a sus familias y maestros y de alguna manera, todos comienzan a formarse en un entorno libre de discriminación.

Desde el equipo de Movilización, territorio e interculturalidad del Cinep/Programa por la Paz se realizó un recorrido por algunos colegios del norte de Cartagena junto a la narradora Mary Grueso. En este recorrido tuvimos la oportunidad de verla recitar su poema Negra soy, dirigir los talleres de Muñeca Negra e intercambiar algunas palabras y preguntas.

¿Cuál es la importancia del auto reconocimiento en un país como el nuestro?

Es muy importante autoreconocerse porque en la medida que usted lo hace, los demás lo van a reconocer. Si nosotros no nos reconocemos como negros en este país vamos a restar en vez de sumar y vamos a darles a los otros las herramientas para que nos sigan atropellando, para que sigan creyendo que somos una población minoritaria. Tenemos que reconocernos para que sepan que aquí estamos y somos bastantes.

¿Cómo  a través de la lectura se transforman prejuicios y se afirman identidades?

La literatura es una buena herramienta para transformar prejuicios y estereotipos. Por lo que nos han dicho o por la tradición de quienes somos los negros, no tenemos una buena referencia sobre ellos, pero si usted nos lee se va dar cuenta que es muy diferente a la impresión inicial que usted tenía, porque claro, nosotros no hemos contado nuestra historia.  Nuestra historia la han contado otros desde su perspectiva, desde su visión de mundo, desde su manera de ver y desde sus propios prejuicios. Entonces si usted lee la literatura afro va a cambiar la forma de pensamiento porque va encontrar que son personas que están leyendo desde adentro desde lo que sienten, desde lo que son. Estamos hablando ahora, de una generación de negros que están trabajando para dejar bien sentada las bases de quienes somos los negros en este país.

¿Qué sucede con el tema de la mujer afro en la literatura?

Es un trabajo que me he propuesto desde mi óptica de mujer, desde mi visión de mujer. Porque como usted lo dice, las mujeres negras no escribíamos, entonces el pensamiento que se conocía era el del hombre, entonces estamos con otras rompiendo esquemas y posicionando el pensamiento de la mujer de este país desde lo que somos. El sentimiento nuestro es diferente al del hombre, como mujeres escribimos desde el ser madre, compañera, desde la trabajadora comunitaria, estamos hablando desde todos los ángulos. Lo que expreso en mis textos, ya sea en poesía o sea en cuento es para que vean el pensamiento de la mujer, de cómo nos hemos sentido y cómo nos vamos a sentir de aquí en adelante. Estoy dejando las huellas para que las nuevas generaciones continúen trabajando porque ya no estamos como ciudadanas menores de edad, ya somos ciudadanas colombianas con derecho, con voz y con voto.

 

Laura Inés Contreras Vásquez

Equipo de Comunicaciones

En colaboración con Leidy Laura Perneth Pareja

 

Desde hace un año comenzaron en Cartagena y en el sur de la Guajira los talleres de formación política a comunidades de esos territorios. Hablamos con Jenny Ortiz y Luisa Fernanda Rodríguez, investigadoras del Cinep/Programa por la Paz que han estado al frente de este proyecto en representación de la organización. 

¿Cuál era el objetivo principal para la realización de estos talleres? 

Jenny Ortiz: Los talleres de formación política tienen la intención de aportar al proceso organizativo de las regiones en donde nosotros trabajamos. En este caso, Cartagena tenía un proceso anterior con la Escuela de Derechos Humanos y se decide seguir trabajando con la Mesa por la Defensa del Cerro de la Popa y construir colectivamente con ellos ocho talleres referentes a mecanismos de participación, derecho al territorio, género, diversos temas que le apuntan a fortalecer a la organización.

En la Guajira, se trabaja con organizaciones sociales y comunitarias y la idea es eso,  generar mecanismos de formación en procesos de participación política, en defensa de los derechos de los grupos  étnicos, en fortalecimiento de las propias organizaciones. Y los talleres tienen esta particularidad y es que se construyen colectivamente, surgen de las necesidades del contexto y de las necesidades de las organizaciones.

¿Cuál ha sido la importancia de trabajar en cada uno de estos territorios?

Luisa Rodríguez: En el sur de la Guajira, el proceso se lleva acabo con miembros de comunidades afro y de comunidades indígenas wayuu.  De las comunidades afro está Chancleta, Patilla, Roche, Tabaco, Las Casitas y de las comunidades indígenas wayuu las participantes invitadas por  Fuerza de Mujeres Wayuu, una de las organizaciones más fuertes en el sur de la Guajira y que ha trabajado el tema de los procesos organizativos frente a los impactos de la mega minería en los diferentes territorios y comunidades como El Rocío, la Horqueta y sobretodo el resguardo Lomamato.

Se trabaja con estas comunidades porque son las principales afectadas por la minería de Cerrejón, porque son las que conocen su territorio.  Además,  en el caso de las comunidades afro, están en proceso de inter reconocimiento como comunidades étnicas para ampliar las posibilidades de su territorio frente al Estado. Y ahí entra otro de los objetivos de este proceso de formación, frente a la ausencia del Estado en la Guajira pero además frente a la falta de reconocimiento como comunidades con derechos especiales, hace falta todo un proceso de formación en derechos étnicos, por eso se trabaja con estas comunidades y además todas coinciden que lo principal a defender es el territorio. 

J:  En ambos lugares coincide que es un proceso de formación política frente a un modelo de desarrollo. En el caso del sur de la Guajira, es el asunto del extractivismo. En el caso de  Cartagena, es el modelo de desarrollo turístico.

Las cuestiones diferenciales frente al sur de la Guajira son que  en Cartagena la mayoría de la población es afro y pobló el cerro de la Popa desplazada de Montes de María, de María la baja, del sur de Bolívar. Pero además al ser un sector urbano Cartagena, no hay reconocimiento de derechos territoriales. La esencia del territorio ahí no está amparada por un resguardo o un consejo comunitario como en el caso del sur de la Guajira sino que está amparada con procesos organizativos populares, juntas de acción comunal, trabajo organizativo de base. 

Esto se afronta con acciones jurídicas frente al despojo que ha habido en los asentamientos urbanos producto del modelo de desarrollo turístico. Y esto se convierte en un modelo de ciudad para el turista blanco, europeo, etc.  Por otro lado, se encuentran en un estado de vulneración de sus derechos. Viven en contextos urbanos pero sus necesidades básicas no están garantizadas, como el acceso al acueducto, al alcantarillado, a las basuras, la electricidad.   También ha sido muy fuerte la discusión de género,  hay muchas mujeres en condiciones de profunda vulneración de derechos y hay un proceso organizativo fuerte  desde la base y que pretende transformar las relaciones de género.

Otro componente transversal es la defensa del medio ambiente. Importante para ellos conocer cuáles son los proyectos de desarrollo que vienen para la región, y cómo se pueden articulan en defenderla, en conocerla y en saber cuáles son los impactos ambientales.

¿Cuál es el balance al cierre de los talleres de formación, cómo se ha visto ese progreso de las personas y las organizaciones?

L: En ese sentido, en la Guajira los temas tratados en los talleres fueron consulta previa, derecho al consentimiento, consulta autónoma, fundamento de los derechos étnicos, derecho al territorio, entender cuáles son los impactos del extractivismo en  las mujeres y por qué es diferente a lo que viven los hombres.

El tema de los reasentamientos que en el caso de la Guajira son 5 comunidades reasentadas parcialmente. Frente a toda esta variedad, el balance podría ser, que se aclara para ellos - para la diversidad de participantes que vienen de diferentes comunidades-  cómo organizarse de la mejor manera para defender algo común que es el territorio. Además de esto, poder analizar de manera crítica procesos que se creen que son positivos como la consulta previa, por ejemplo.  Y mirar todos los matices que tienen esos procesos al igual que en los procesos de reasentamiento. En términos generales es darles una serie de herramientas para que ellos puedan decidir frente a todo un proceso de interlocución y negociación que es totalmente desequilibrada con la empresa.

J: Podemos hacer un balance en dos sentidos; en el caso de Cartagena, hay dos factores que son interesantes y un reto que añadiría y es el proceso que han tenido los encuentros.  El primero fue en Barrancas y los líderes de las diferentes organizaciones presentaron al resto de los participantes sus problemáticas en el sur de la Guajira.  Y ahora que fueron a Cartagena,  los líderes de las organizaciones sociales dieron ese contexto de qué es lo que está pasando en Cartagena.  Fue muy interesante porque en  ambos nodos de formación empiezan a conocer qué es lo que está pasando en los otros territorios y al mismo tiempo comienzan a encontrarse, a sugerirse y a asesorarse.

Eso lleva al primer reto y es empezar a articular como región estas problemáticas.   Ir buscando las formas de tejer y de relacionar estos procesos y eso para nosotros es muy importante para comprender la región.

Y otro reto tiene que ver con la asesoría jurídica.  Son comunidades que han luchado y se han organizado y han aprendido políticamente en el camino, pero hay una alta exigencia de asesorías jurídicas. Es un reto muy significativo que hay que seguir trabajando porque entonces empieza también a dar unos niveles de exigencia.

Y un segundo asunto que justo es resultado de este último taller en la Guajira es el tema del género. Tanto en Cartagena como en la Guajira cuando se hace el taller de género las mujeres somos las interpeladas las que hablamos, las que nos empoderamos y por los hombres no pasa nada.  Y es un reto para el proyecto, empezar a construir y reflexionar sobre las masculinidades en estos contextos. Cómo se construyen estos hombres nuevos, cómo las concebimos en la reflexión porque atraviesan todas las cotidianidades, de las mujeres, de los hombres y de las comunidades.

L: Un balance positivo sería que este proceso de formación política es como una gran semilla para empezar a construir y fortalecer procesos en los que ellos se constituyan como sujetos y sujetas políticas de derechos frente a problemáticas territoriales, y conflictos territoriales que son comunes en la región y pues frente a eso encontrar estrategias tanto individuales como colectivas de defensa del territorio. Que el proceso de formación política que se dio acá ayuda a que los sujetos y sujetas tengan un proceso de construcción de defensa del territorio. 

 

Laura Inés Contreras Vásquez

Equipo de comunicaciones

En el marco del segundo seminario regional de interculturalidad desarrollado en Cartagena, Sandra Raggio, docente de la Universidad Nacional de la Plata y Directora general de la Comisión por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, participó con profesores de la región caribe en la discusión sobre el papel de la memoria desde la escuela. 

¿Por qué es importante hacer ejercicios de memoria?

En principio la memoria es una construcción social que existe y que tiene que ver con la conformación de los grupos sociales, de las comunidades. La activación de los procesos de memoria en comunidades que han sido atravesadas por procesos de violencia, que han desestructurado las relaciones sociales, tiene que ver con poder reconstruir esa comunidad y reconstruir los lazos en clave de poder vivir juntos y de otra manera. Esta es la memora como un trabajo social, cultural y político. La memoria es profundamente política en el sentido en que la memoria puede ser usada para consolidar el poder de determinadas minorías que legitiman la dominación, que reivindican la violencia o puede ser una memoria ligada a los sectores populares, a las grandes mayorías, que les permitan pensarse en relación con ese poder. Las secuelas de los periodos de violencia son muy largos y difíciles de superar y la memoria es el trabajo de las comunidades por superar ese pasado.

¿Existe una forma correcta de hacer memoria?

Si, claro está, no de validez universal. Uno se posiciona desde algún lugar, porque la memoria siempre implica una posición, no hay memoria desde un lugar neutral, pero para uno hay una memoria que es la correcta. Esa memoria es aquella que es capaz de construir y generar nuevas expectativas de futuro que tengan que ver con vivir mejor, con superar los pasados duros, asociadas a los procesos de democratización de la sociedad que  es a fin de cuentas la conquista de derechos.  La memoria correcta tiene que ver con poder asociarse, y que esos procesos de memoria estén asociados con los procesos de democratización y con procesos de ampliación de derechos.  Hay algunos usos de las memorias que no se orientan a responder a los derechos de las mayorías. En ese sentido, sí hay algunas formas correctas de hacer memoria.

¿Cómo deben las comunidades apropiarse de esas memorias para exigir la reivindicación de sus derechos?

En principio, la primera demanda de las víctimas es la exigencia del reconocimiento del daño, es decir, ser reconocidos como víctimas. La memoria como trabajo, como acto voluntario, implica hacer cosas: juntarse con otros, testimoniar, conversar, registrar, narrar, tener actos colectivos. La memoria no es solo un relato o un registro de los hechos sino que eso tiene que construir sentido, tiene que clamar por justicia. No solo una justicia punitiva, puede ser una justicia restaurativa, una justicia reparadora. La memoria tiene un efecto reparador sobre la comunidad. Un simple registro de los hechos no tiene valor por sí misma. Adquiere valor cuando repara a la comunidad que necesita que lo que le hicieron sea reconocido, sea visibilizado, no sea negado, no sea silenciado.

 Esos son actos de reparación. El muerto no volverá, pero por lo menos se le reconoce que su muerte fue injusta y eso no es menor. La memoria tiene mucho para que las comunidades vuelvan a ser comunidades. El trabajo de la memoria es volver a repensarnos colectivamente, la pregunta, después de la violencia, es ¿Quiénes somos?  Porque la violencia afecta profundamente las identidades.

¿Qué hacer frente a los actores estatales que son sentenciados a hacer actos de perdón, pero que realmente no sienten ninguna intención de hacerlo?

La función del Estado no es solo enunciar, sino que debe actuar. No se trata solo de reconocer un acto. Debe realizar otro tipo de acciones para reparar a las comunidades que se vieron afectadas por los actos de sus miembros. Esa formalidad de actos de perdón, no repara a nadie. Capaz que repara más el hecho de que sean obligados a hacerlo que el mismo acto formal.

¿Se puede lograr un relato unificado del conflicto?

Es difícil hablar de una única memoria o una versión consenso. La dinámica de la memoria es básicamente la disputa. La memoria existe en la medida en que disputa y se enfrenta con otras. Los regímenes totalitarios siempre imponen una mirada única del pasado, para borrar el futuro. Más que crear un relato unificado, hay que construir un piso, una base de dónde partir. En Argentina eso se hizo con la producción de la verdad jurídica. Uno puede tener muchas discrepancias con la forma en que la justicia narra los hechos, pero hay un reconocimiento de que esos hechos sucedieron.  Cuando el Estado no reconoce lo que hizo, o lo que dejó de hacer, es muy difícil que la memoria que se construya sea creíble.  Lo principal es que el Estado reconozca su participación y luego cree el relato de qué hicieron los otros. Eso, por lo menos, es lo que hace particular el caso argentino, que hay una clara responsabilidad del Estado en el ejercicio de la violencia. Hay que diferenciar también las características de cada país. La violencia colombiana no es comparable con los procesos de violencia argentina.  Cada actor involucrado debe hacerse cargo de su responsabilidad, y en el caso colombiano es lo que complica el proceso, que el Estado es uno más.

¿A qué se refiere el término de la memoria feliz?

Es un proceso de recuperar las historias de lucha, de una organización, de lo que  vino a destruir la violencia. Es pensar uno qué ha sido, para plantear en qué quiere convertirse. La memoria feliz es poder repensarse antes de la violencia, porque uno de los primeros efectos de la violencia es borrar las identidades anteriores, entonces hay que repensarlo. No para volver a ser lo que fuimos, sino para incorporarlo a nuestra propia identidad. Hay que pensarse memorias mucho más largas independientemente de la violencia. Las comunidades indígenas, los pueblos originarios tienen memorias así, no de 30 o 40 años sino de 100 o 200 años. Estas memorias más cortas hay que lograr incrustarlas en las más largas para construir los relatos locales y así llegar a un relato nacional.

¿Cómo es hacer memoria en Argentina?

Es siempre un desafío. La memoria siempre trae desafíos. Hoy estamos en un momento histórico muy diferente al de hace 10 años y hace 20 años. La violencia marcó tanto al pueblo argentino que constantemente están reactualizándose, están en la agenda política, y atraviesan a la cultura, la trama social y sobre todo están atravesando a las nuevas generaciones.  La dictadura empezó hace 41 años y aún, a los jóvenes que nacieron en la democracia, la dictadura es un proceso que les sigue significando, siguen interesados en saber qué pasó y se siguen viendo implicados en la dictadura.

¿Qué consejos dejaría a los colombianos para trabajar la memoria?

A mí me parece que más allá de las posibles limitaciones del acuerdo, hay una memoria de abajo y hay una dinámica de las comunidades que es sumamente interesante y que sería muy importante activarla, más allá de las políticas del Estado. Me ha parecido muy interesante en el caso colombiano la participación que tiene  las mismas comunidades locales para reconstruirse. Esa territorialización de la memoria es muy importante que no se pierda. Ojalá que el acuerdo de paso a esos proceso locales de las comunidades para construir memoria y para repensarse hacia el futuro. Otro consejo es que no asuste que la memoria es un conflicto y una disputa permanente. La memoria no es un remanso. Pero puede haber disputa en otros términos que no sean tramitados por medio de la violencia.

 

Miguel Martínez

Equipo de comunicaciones