Noticias Institucionales

Noticias Institucionales (139)

Desde la segunda mitad del siglo XX la sexualidad se ha convertido en un elemento de disputa para los movimientos sociales. La discusión pública de algo que anteriormente se consideraba privado abrió un debate político que hoy en día ha llegado a ser protagónico en todo el mundo. Numerosos y diversos grupos han entablado luchas que han cuestionado la heterosexualidad hegemónica, el binarismo de género e incluso la salud sexual y reproductiva. En Colombia y América Latina en los últimos años la presencia de estos grupos en el escenario público ha suscitado todo tipo de debates, incluso críticas a la institucionalización de los mismos, tanto de la mano de sectores progresistas como reaccionarios. De esta manera es posible registrar que la sexualidad se ha convertido en un escenario de disputa heterogéneo, donde la multiplicidad y complejidad de los actores en movimiento implica un reto para las investigaciones.

En esta nueva convocatoria del número 215 de la Revista CONTROVERSIA se busca reflexionar sobre estas movilizaciones sociales, reconociendo tanto visiones hegemónicas como alternativas acerca de la diversidad sexual en Colombia y en América Latina.

Como en ocasiones anteriores la revista tendrá una sección de tema libre para la cual se reciben contribuciones de calidad académica que atiendan a los ejes temáticos de Controversia.

Fechas:

  • Apertura: 1 de diciembre de 2019
  • Cierre: 28 de febrero de 2020
  • Publicación: julio de 2020
  • Editor del dossier: Felipe Caro
  • Correos: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Consulta aquí el Manual de publicación para autores

Revista Controversia

23 de noviembre, 2019

El Comité Directivo y los Centros Miembros de CLACSO (Colombia) nos solidarizamos con las amplias, diversas y multitudinarias manifestaciones desarrolladas por la sociedad colombiana en el marco del Paro Nacional del pasado 21 de noviembre y la movilización social que continúa.

Este Paro Nacional ha sido convocado por el conjunto del movimiento social, sindical y popular colombiano en rechazo al gobierno del presidente Iván Duque, al neoliberalismo y la guerra. Las consignas de los y las manifestantes en las calles han sido claras: La defensa de la paz y el derecho humano a la protesta social; la protección de la vida de los líderes y lideresas sociales y defensores de DD.HH.; el cuidado de los bienes comunes y de la naturaleza; el repudio al despojo, la exclusión y la precarización, pilares fundamentales del modelo neoliberal; la exigibilidad al cumplimiento de los acuerdos firmados por el gobierno con el magisterio y el movimiento estudiantil y profesoral universitario; el rechazo a todas las formas de violencia contra la mujer y la infancia; entre otros asuntos.

Esta sociedad ha expresado su cansancio con una guerra sistemática que sufre desde hace más de cinco décadas. Guerra que no ha podido frenarse por la reticencia del Estado Colombiano y, particularmente, de este Gobierno, para dar cumplimiento al Acuerdo Final de Paz. También es una manifestación contra los altos niveles de concentración de la riqueza (entre los más elevados de la región) y el deterioro de las condiciones de vida de la gente.

Estas proclamas expresan un sentir colectivo por la defensa de la vida digna de las comunidades y de sus territorios. Millones de mujeres y hombres se han juntado en las plazas públicas, en sus barrios, con sus vecinos, amigos y desconocidos en un grito de esperanza que no vivía Colombia con tanta intensidad desde hace décadas, al decir de muchos solo comparable con el paro cívico de 1977. La juventud ha sido la fuerza vital de este encuentro. Las cacerolas y los cacerolazos han llenado de alegría las calles de Colombia.

La legitimidad de la protesta social y las justas exigencias del movimiento han sido repelidas, estigmatizadas y criminalizadas por la institucionalidad estatal. El Gobierno del presidente Iván Duque ha privilegiado un tratamiento militar en contravía del diálogo. La fuerza pública del país, especialmente la fuerza represiva del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) ha desplegado una campaña reaccionaria contra los y las manifestantes; las agresiones han sido múltiples y de diverso orden y han dejado un saldo humanitario lamentable.

En las últimas horas algunos mandatarios decretaron toques de queda y en articulación con el Gobierno Nacional han militarizado las ciudades, desatando una campaña de miedo individual y Pánico Colectivo que deslegitime la protesta y contenga la vitalidad de la resistencia que se expresa en el paro.  

El Comité Directivo de CLACSO y los Centros Colombianos, expresión del pensamiento crítico comprometido con la búsqueda de la justicia, la paz, la defensa de los derechos humanos y la vida digna, rechazamos el tratamiento militar a la protesta y la estigmatización de la que ha sido objeto a través de diversos medios, especialmente de las redes sociales y los medios de comunicación masiva. Repudiamos la campaña de estigmatización contra los migrantes venezolanos que hoy residen en Colombia; la migración es un derecho humano. La violencia, los saqueos y el pillaje no son expresión de la protesta masiva y ciudadana que hoy se vive en Colombia. 

Hacemos un llamado al Gobierno Nacional de Colombia a generar todas las garantías para que se continúe desarrollando la movilización pacífica y la libre expresión y que adelante una mesa de diálogo con garantías reales y efectivas sobre las demandas expuestas por el conjunto del movimiento popular.

A pocas horas de la apertura de las urnas, el Movimiento Defendamos la Paz:

 

El Cinep/Programa por la Paz lamenta profundamente el fallecimiento de uno de sus fundadores y colaboradores más cercanos, Gilberto Gómez Arango. Extendemos nuestra solidaridad con su familia y compartimos su dolor ante su partida. Presentamos este pequeño homenaje a la vida y obra de un hombre que, décadas atrás, dejó sentadas las bases para lo que es y ha sido el Cinep/PPP durante estos años.

Gilberto Gómez ingresó a la compañía de Jesús en 1955. Hizo su pregrado en filosofía y letras en la Pontificia Universidad Javeriana. Terminó la maestría en economía de la Saint Louis university en Misuri. Para finales de los 60 existía el Centro de Investigación y Acción Social, CIAS como apuesta de la compañía en varios países. Tras la renuncia de los directivos de este centro, pasó a denominarse Centro de Investigación y Educación Popular, Cinep. En este proceso el papel de Gilberto fue clave. Asumió la parte administrativa y organizativa y le tocó terminar de construir el edificio, apenas estaban los cimientos y la construcción generó muchas resistencias. A inicios de 1972 los jesuitas de la época realizaron una misa de inauguración cuando el edificio no estaba terminado. En el evento participó el embajador de Holanda, porque se construyó con el apoyo de la iglesia holandesa, y llovía más adentro que afuera, recuerda un asistente. Gilberto fue quien sentó las bases sólidas del Cinep en términos administrativos y de organización. Durante este periodo asumió la búsqueda de recursos que patrocinaron al centro durante los primeros años.

En 1975 recibió su título de licenciado en teología de la Frankfurt/M. y Doctor en economía de la Universidad de Londres. Ese mismo año ingresó al Cinep como investigador, año en el que también asumió la subdirección. Desde 1977 fue asesor financiero del Cinep/PPP, labor que seguía haciendo durante este año. Tras varios años de gerencia de los fondos de Cinep, inició su carrera por fuera. Tuvo una carrera muy exitosa en el sector financiero con diferentes entidades.

Dentro de la producción de textos de Gilberto en Cinep, se encuentran:

• El nuevo orden económico internacional y la trilateral. Revista Controversia n.º 68-69 (1978).
• El sector informal en el desarrollo de la economía colombiana. Informe final consultoría del Cinep para el PMUR
• Socialismo y Cristianismo [coautor] (1971). Documento de trabajo 4.
El nuevo orden económico mundial y la trilateral en Revista Controversia Núm. 68-69 (1978)

“Una juventud que históricamente ha sido vulnerada”, así tipificó Julián Rodríguez Sastoque, candidato joven a la lista del Concejo de Bogotá por el Partido Alianza Verde, el papel de los jóvenes en la política colombiana en la Mesa de Trabajo: “Los jóvenes se toman la política”, un encuentro de jóvenes políticos con jóvenes investigadores del Cinep/PPP en el que intercambiaron visiones sobre la política y reflexionaron sobre la situación de los jóvenes políticos en Colombia.

Esta vulneración se demuestra con las cifras de desempleo, asesinato y estigmatización, en específico, en los jóvenes rurales. Según Diego Bulla, Tatiana Bahamón y Camila Carvajal, investigadores del Cinep, los jóvenes ruralles alcanzan las tasas más bajas de escolaridad donde la mitad no alcanza a superar el quinto grado, poseen condiciones precarias de trabajo, el 8% de los hombres y el 42% de las mujeres hacen parte de los llamados nini (ni estudian ni trabajan), 40% vive en situación de pobreza y el 16,7 % en condiciones de indigencia. Adicionalmente, sufren condiciones de inseguridad y desprotección que los hacen dejar su territorio, debido a distintos factores como la persecución por consumo de sustancias psicoactivas, los repertorios de violencia selectiva y la estigmatización.

Para subsanar este hecho, se creó la Ley 1622 de 2013 que buscó establecer un marco institucional de la ciudadanía juvenil, el goce efectivo de los derechos, la adopción de políticas públicas necesarias para su realización, protección y sostenibilidad y el fortalecimiento de capacidades y condiciones de igualdad de acceso que favorezcan su participación e incidencia en la sociedad.  Sobre este asunto intercambiaron opiniones los distintos candidatos que participaron del espacio que coincidieron en que la Ley ha sido insuficiente.

En este sentido, Julián Rodríguez afirmó que “la ley creó el sistema nacional de juventudes, creó todas las instancias para reivindicar los derechos sociales y culturales, pero dejó el vacío legal en el tema de cómo elegir los concejos [de juventud]”. Esto generó, según el joven político, que estos cargos dependieran de relaciones clientelistas del político de turno “entonces ponen al hijo del alcalde a que maneje el tema de juventudes o al hijo o sobrino de un político que tiene mucho poder”.

Ahora bien, la aplicación de la ley también presenta complicaciones, pues se necesita la creación de políticas públicas que hagan posible el paso del papel a la realidad. Para  Jorge Calero, candidato al Concejo de Buga, Valle del Cauca, “el rol y la tarea importante que tenemos como jóvenes es intentar establecer en las agendas municipales y departamentales, incluso desde las campañas, la construcción de políticas públicas que entren a solucionar problemas de fondo y no se den únicamente en la dimensión de indicadores [como pasó en su departamento donde] se estableció una política para medir cuál era el rol de la participación de los jóvenes y eso es simplemente un trabajo de investigación”.

Con la ley también se brindó la oportunidad de acceder al goce efectivo de los derechos a los jóvenes de manera independiente; sin embargo, para Felipe Ramírez, integrante de la Red Juvenil Cuma de Soata, Boyacá, la aplicación de esta es inefectiva si no se conoce, “cómo van a pelear sus derechos, cómo van a saber sus deberes si no hay una socialización y, sobre todo, en zonas rurales de los departamentos”.  

Por su parte, Gabriel Prada, dos veces concejal y candidato a la alcaldía Zipacón, Cundinamarca, concuerda con la visión de Calero, “de nada nos sirven las políticas públicas si en la realidad estas no se aplican”; sin embargo, Diego Valero, candidato a edil en la localidad de Ciudad Bolívar, Bogotá, piensa que la política pública es un “ejercicio de doble vía, no únicamente el ejercicio de voluntad política por parte del Estado que tiene la obligación de que se materialice la política pública, sino que también por parte de la ciudadanía”.

Para Valero, “lo realmente importante es hacer un ejercicio participativo en la construcción de esa política pública que cambie realmente la voluntad de la gente [para que] sientan que el Estado a ellos también les toca”. Desde su ejercicio práctico en Ciudad Bolívar, donde los jóvenes no están pensando participar en política, el reto es también cómo involucrar a la juventud para que participe y empiece a pensar en cambiar su realidad y la de su localidad.  

La participación política, entre el clientelismo y la corrupción 

“A los 23 años quería ser alcalde de Fusagasugá y lo que me decían es que yo tenía que hacer fila y esperar 20 años. La única opción que tuve en ese momento fue salir a recolectar firmas porque no encaje en las estructuras políticas que obligan a los jóvenes que tienen que bajar la cabeza”, así relata Jairo Hortua, candidato a la alcaldía de Fusagasugá por el Alianza Verde, su participación en la política.

La estructura política es una de las dificultades que encuentra el joven al momento de participar, “a no ser que tenga que encajar en la estructura, hacerse amigo del alcalde, senador, representante regional”, aclara Hortua; sin embargo, eso genera un problema para el joven que ve la política desde otro ángulo y piensa diferente a las personas de su partido, pues en este se “obliga absoluta obediencia”.

De esta manera, la estructura política se ve como un desafío para la participación en la política debido a que su sistema genera una relación clientelista en los partidos o un reto económico si la persona decide lanzarse independiente. Por ello para Hortua, se necesita “empezar a generar otro tipo de relación en los partidos políticos para hacer que más jóvenes ingresen a la política, que suban a los escenarios de poder sin necesidad de que haya parte de una estructura política permitiendo una incidencia real en las políticas públicas”.

En ese sentido, Daniel Caro, candidato a edil de la Comuna 12 de Villavicencio, Meta, ve que la falta de participación política en su departamento tiene que ver con diferentes realidades: primero, “no hay oportunidades en los municipios, no hay en qué emplearse, por lo tanto, los jóvenes se obligan a acompañar a candidaturas de antaño que hacen parte de las estructuras clientelistas”; segundo, “son amenazados” y, tercero, “los jóvenes no tienen la oportunidad para terminar una media básica en el colegio”. Adicionalmente, señala Caro que, en municipios como Mapiripán, Uribe o zonas apartadas, donde hay presencia de grupos armados ilegales, los jóvenes, al no encontrar oportunidades, se vean obligados a desplazarse de sus territorios o unirse a grupo armado al margen de la ley.

 

 

La mujer y la política

“Alguien en algún momento me dijo ‘usted debería estar en una cocina, no acá metida en lo que no le interesa’”, relató Margarit Briseño, asesora de tres campañas políticas y defensora de derechos humanos, su participación como mujer joven en la política. Según Angela Lesmes, en Participación de la mujer en el escenario político colombiano, la representatividad en las mujeres en los cargos regionales para elecciones de 2015, no superó el 20% de personas elegidas y “es evidente que se está muy lejos de alcanzar la paridad en organizaciones públicas” a este nivel.      

Para Margarit Briseño, las causas de la falta de participación política en las mujeres son varías: primero, un proceso histórico que sitúa a la mujer como encargada del hogar, “el hombre puede salir a hacer campaña porque tiene el tiempo y la disponibilidad, la mujer dice ‘bueno yo me voy a hacer política y ¿quién va hacer almuerzo en mi casa? ¿quién va a cuidar los hijos?’”; segundo, las mujeres en los partidos políticos aún son rellenos en las listas de candidatos para poder cumplir la Ley de Cuotas, y tercero, existe un miedo a participar, “porque entre nosotras sabemos que no nos apoyamos”, en especial, en la mujer del campo.  

La ley 581 del 2000, conocida como la Ley de Cuotas, obliga a los partidos partidos a tener dentro de sus listas el 30% de participación femenina, esta ha generado también un debate interno de los partidos y las mismas mujeres. Si bien los asistentes al encuentro coincidieron en que esta participación es necesaria, Gabriela Torres, integrante de la Red de Jóvenes Kolumbien, afirma que esta cuota se convierte en una carga para la mujer y el partido y opina que “a mí no me parece que tengan que ‘obligar’ a las mujeres, si no quieren. Qué mejor que las que realmente participen sean las que quieren y están interesadas”.

Otros políticos jóvenes reconocen la falta de participación de las mujeres en la carencia del fortalecimiento en los procesos de base, como por ejemplo Diego Valero, candidato a edil de la localidad de Ciudad Bolívar, quien indicó que “hay que hacer de alguna manera que las mujeres pierdan el miedo de liderar los procesos en el territorio, de nada nos sirve una lista con el 30% de mujeres si al momento de hacer el ejercicio político siguen intimidadas por ese contexto machista que lo que hace es señalarlas”.

Según Sebastián Sánchez, candidato a edil de la localidad de Kennedy por el Centro Democrático, comenta que su partido es un gran ejemplo para observar la participación política de la mujer desde el ángulo de las dinámicas del poder. “El Centro Democrático es el partido con más mujeres dentro de su bancada y no es porque precisamente se haya trabajado en el empoderamiento de las mujeres, sino simplemente porque las dinámicas del poder han permitido que mujeres que tienen detrás suyo un gran padrinazgo, una gran cantidad de dinero o una gran familia hagan parte de esa participación”.

El rol del político joven

Desde la visión de estos jóvenes que participan activamente en la política electoral es claro que la reflexión sobre su participación está ligada a la vulneración que han sufrido. Esta se ve inmersa en dinámicas de clientelismo intrínseca dentro de los partidos y la falta de oportunidades laborales que tienen los jóvenes, en especial de la Colombia profunda, para buscar alternativas para su incursión en el mundo político.

Es de reconocer, que ser joven político en Colombia representa un reto, pero al ser mujer política joven el desafío es mayor por las dinámicas machistas presentes actualmente en la sociedad y que permean el ejercicio político. Es por eso que, para John Montoya, S.J., investigador del Cinep/PPP, “los políticos en este país deberían ser un puente entre el Estado y la sociedad civil para que hagan políticas públicas, expidan normas y manden atendiendo al bien público, el bien común”.

Adicionalmente, la función del joven político es “servirle a los más pobres, a los más desvalidos, a los más marginados de la sociedad”. Por ello, “un político que llega a un cargo de elección popular, es sobre todo un pedagogo, que ayuda a construir sociedad civil fuertemente participativa; en últimas, la función de un político es construir democracia”.

Lida Bocanegra
Equipo Comunicaciones

 

En la versión del XIX Congreso Colombiano de Historia, Fernán González, S.J. fue elegido como historiador destacado de esta edición y recibió la distinción “Jaime Jaramillo Uribe”. La comisión otorgó esta mención por su larga trayectoria intelectual y liderazgo académico, además del impacto de sus recientes publicaciones.

Este año, la sede del evento fue en Armenia, Quindío a propósito de los 130 años de la fundación de esta ciudad y como un homenaje por lo que representa su desarrollo cafetero en el país. Así mismo, se celebró el Bicentenario de la Campaña Libertadora de 1819. La Asociación Colombiana de Historiadores (ACH) lleva 32 años siendo parte de este Congreso y se creó en el marco del VI Congreso Colombiano de Historia en 1987.

 

Fernán González S.J. ha sido investigador del Cinep/PPP por más de 45 años, es Licenciado en Filosofía y Letras, con maestrías en Ciencia Política y en Historia de América Latina. Entre sus publicaciones más destacadas se encuentra “Poder y Violencia en Colombia” que fue declarada en 2015 como obra fuera de concurso por la Fundación Alejandro Ángel Escobar. Fernán González, S.J. ha recibido otros reconocimientos a lo largo de su vida, como Investigador Emérito en 2016 por parte de Colciencias. Así mismo, es reconocido como un referente de la ciencia política y la historia en Colombia.

María Fernanda Vera

Equipo de Comunicaciones

 

Desde Cinep/Programa por la Paz lamentamos profundamente el fallecimiento de Camilo Castellanos, incansable defensor de los Derechos Humanos y constructor de paz. Camilo fue investigador de este centro por más de 10 años y director de la revista Cien Días. Extendemos nuestra solidaridad con su familia en estos momentos de dolor y hacemos un pequeño homenaje a partir de los recuerdos de sus colegas y amigos que se cruzaron por su vida en esta infatigable lucha de búsqueda de la paz y la justicia social. También hacemos mención a algunas de sus publicaciones y del conversatorio por los 30 años de la Revista Cien Días. 

 Algunas de sus publicaciones:

Una semana que trasciende el espacio y el tiempo. Después de 32 años Semana por la Paz busca declarar a Colombia territorio de paz. Cinep/PPP refrenda su misión y su voluntad de vivir y actuar por una sociedad justa, sostenible y en paz.

La historia de una Semana

Sin saberlo, la historia de la Semana por la Paz la empiezan a construir los jesuitas desde 1700 cuando encargan al artesano santafereño José de Galaz la elaboración de la Custodia de la Iglesia San Ignacio de Bogotá, conocida como ‘La Lechuga’. Más de doscientos años después y tras la venta de esta pieza al Banco de la República nace el Programa por la Paz, una obra concebida por la Compañía de Jesús con el objetivo de apoyar iniciativas de paz de la sociedad civil y en cuyo seno se originó la Semana por la Paz.

Exactamente fue un 9 de septiembre de 1987, en el marco del Día Nacional de los Derechos Humanos, que se desarrolló la primera versión de Semana por la Paz, un proyecto de promoción de la paz para visibilizar, aportar y promover las iniciativas de paz en el país. Luego, en 1993, la coordinación de este proyecto quedó a cargo de la Red de Iniciativas Ciudadanas por la Paz y contra la Guerra (Redepaz); para 1995, por invitación de la Provincia de la Compañía de Jesús, se unió la Pontificia Universidad Javeriana; y, posteriormente, en 2006, tras la unión del Cinep con el Programa por la Paz el Centro se suma a las organizaciones que integran el comité de impulso. Desde el 2011, Semana por la Paz adquirió una identidad propia y se convirtió en un espacio de la sociedad colombiana comprometida con la paz.

Según Luis Guillermo Guerrero, director del Cinep/PPP, “durante estos 32 años hemos insistido, persistido y resistido a todos los embates del conflicto para crear símbolos pedagógicos, para que respiremos por lo menos en un momento y pongamos a reflexionar acerca de la pregunta ¿Qué es la paz y cuál es su contenido?”. En estos 32 años de existencia se han realizado cerca de 32.000 actividades en los 16 departamentos del país.

“Somos territorio de paz”

En 2019, Semana por la Paz con el propósito de declarar a Colombia como un territorio de paz toma el lema “Soy y somos territorios de paz” para dejar atrás la polarización constante que se vive en el país alrededor de este tema. En esta Semana participaron más de 70 organizaciones, corporaciones, asociaciones y entidades gubernamentales, entre otras.   

Cinep/PPP también se sumó y, el pasado 3 de septiembre, se declaró territorio de paz a través de un acto simbólico donde más de 70 trabajadores de la organización entregaron sus “armas”, representaciones simbólicas de actos que los alejan de la paz, y firmaron un acuerdo con el fin de construir este ideal desde la cotidianidad.

Para el director, Luis Guillermo Guerrero, Cinep/PPP hace esta declaración “porque queremos dar ejemplo de que se puede construir paz hasta en lo más pequeño y de ahí en adelante”, esto significa, “dar el testimonio y uno que sea desde la profunda convicción de que si la paz no empieza también en esos pequeños territorios, bien sean geográficos o simbólicos, no estamos realmente empezando a tocar el germen de dónde está la base de la paz”. Esta base se encuentra en las relaciones con otros, con su entorno y con las demás especies donde se establece “cómo comemos, de qué comemos, de qué usamos, de qué compramos”. 

Por su parte, Andrés Aponte, investigador del equipo de Estado, conflicto y desarrollo, considera que “Cinep no se está declarando como tal como un territorio de paz, sino que está refrendando precisamente esa postura y visión que tiene de sociedad frente a la realidad colombiana que se ha vivido por más de 50 años”. Según Aponte, “es más que todo un respaldo a una misión y visión institucional que se compromete más allá de la coyuntura, pero que sin duda alguna está respaldando las transformaciones que se vienen dado en la sociedad con los Acuerdos de la Habana”.

Para conocer más sobre el sentido de la Semana por la Paz para Cinep/PPP escuche el siguiente podcast:

Un “proceso de paz” al interior

El proceso de declaratoria en Cinep/PPP tuvo dos momentos: uno personal y otro grupal. El momento personal se desarrolló una semana antes. En los pasillos y carteleras de la institución se platearon preguntas y reflexiones sobre aquellas problemáticas internas que se viven en el trabajo cotidiano y que impiden hacer de la paz una forma de vida. Durante una semana el equipo humano del Cinep/PPP escribió sus ideas y mensajes para enfrentar esas situaciones y elaborar una “agenda” de la negociación que sería insumo fundamental del “acuerdo de paz” que sería firmado en el acto simbólico.

Por su parte, el momento grupal se realizó en dos partes, primero, con los equipos de trabajo y, segundo, con toda la institución. Para el primero, cada grupo se tomó un tiempo de reflexión y diálogo sobre esas acciones o actitudes que se convierten en “armas” en la cotidianidad y que serían entregadas en la ceremonia como un compromiso para mejorar las relaciones con otros. Esta actividad se basó en la propuesta metodológica de la Semana por la Paz.

Finalmente, el segundo, fue la ceremonia de declaración, que se dio en las instalaciones de la institución y fue presidida por Jorge Julio Mejía, S.J., quien a partir de canciones invitó a la reflexión colectiva que se concretó en la ‘dejación de armas’ y la ‘firma del acuerdo de paz’. En el siguiente video conocerás un poco más sobre como Cinep/PPP vivió la Semana por la Paz:

 

Texto: Lida Bocanegra
Video: Miguel Martínez 
Crónica: Deivyd Manrique
Equipo de Comunicaciones 

 

 

El anuncio de “la continuación de la lucha guerrillera” por algunos excomandantes guerrilleros "Iván Márquez", "Jesús Santrich", y alias "El Paisa" junto con, aproximadamente, 17 hombres y mujeres, conocido el 28 de agosto pasado, no supone una crisis, una parálisis o una ruptura del proceso de paz. No es de esperar que tenga un efecto negativo sobre el proceso de implementación del Acuerdo Final, como tampoco un efecto de repudio a los compromisos del Acuerdo por parte del Gobierno nacional u otras instituciones estatales. Por el contrario, podría ser una oportunidad y servir de catalizador para que el Gobierno nacional y los gobiernos departamentales y municipales aceleren la implementación a nivel operativo.


 

 

 
 

"Hemos estado en la retadora tarea de ser un equipo con la misión de trabajar en  nuestro complejo país por una sociedad justa, sostenible y en paz. Hemos logrado, desde cada equipo, importantes resultados, hemos afrontado desafíos, con limitaciones y desaciertos, con incertidumbres, pero, afortunadamente, con el ánimo de seguir luchando y aportando para que este país supere sus inequidades, sus desigualdades, exclusiones y prosperen los procesos de desarrollo y paz con justicia social."  Luis Guillermo Guerrero, director de Cinep/PPP.

Presentamos a nuestros aliados de sentido el informe de gestión del año 2018. Encontrarán el reporte de publicaciones, las lecciones aprendidas, las acciones por área, la síntesis de logros entre otros procesos que resumen nuestro accionar del 2018.