Entre lo moral y lo político
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Por: Vladimir Caraballo Acuña1

Imagen tomada de: www.colombianosporlapaz.com
El colectivo Colombianas y Colombianos por la Paz (CxP) ha tenido que sortear dos lugares discursivos desde los cuales los actores han jugado en el escenario del conflicto armado colombiano. Uno referido al espacio de lo moral y lo emotivo, que enmarca el dolor, la indignación y la solidaridad y otro dedicado a lo político, que incluye causas, salidas y orígenes del conflicto. ¿Quiénes han hablado desde uno y otro lugar? ¿Quiénes han estado autorizados para hacerlo en uno o en otro? ¿Qué ha ocurrido cuando determinados actores rompen los guiones y transitan de los espacios morales a los políticos o viceversa? La intención de este artículo es dar cuenta de estas preguntas, particularmente en el caso del cabo Pablo Emilio Moncayo y los conflictos presentados en los últimos meses alrededor de su posible liberación.
Cercanos a cumplir 12 años del ataque de las Farc a la estación de comunicaciones del Ejército en el cerro de Patascoy –ubicado entre Nariño y Putumayo– la liberación unilateral del cabo Moncayo planteada por el grupo insurgente sigue en vilo.
El 16 de abril de 2009, el secretariado de las Farc comunicó: “ante la reiterada solicitud de la senadora Piedad Córdoba, de Colombianas y Colombianos por la Paz, del profesor Moncayo y de los presidentes Rafael Correa y Hugo Chávez, anunciamos nuestra decisión de liberar unilateralmente al cabo Pablo Emilio Moncayo y entregarlo personalmente a una comisión encabezada por la senadora Córdoba y el profesor Moncayo una vez se organicen los mecanismos que garanticen la seguridad de la operación”.
El presidente Álvaro Uribe declaró entonces: “No vamos a permitir que esa liberación se convierta en un “festín politiquero” del terrorismo, que por un lado, “tortura y arroja sangre” y, por el otro lado, quiere aprovecharse de los medios de comunicación para “engañar” a los colombianos”. “La única institución que queda autorizada para avanzar en ese proceso –continuó Uribe– es la Cruz Roja Internacional, que se puede ayudar, si a bien lo tiene, de la Iglesia Católica” y concluyó: “Compatriotas, firmeza. Resistamos todas las presiones. Que vengan esas presiones del país, de la comunidad internacional, de la crítica, de la oposición. Que se disfracen esas presiones como quieran. Pero, compatriotas, firmeza, firmeza, firmeza. No nos van a coger a ablandarnos ahora”2.
El llamado de Uribe cerró las puertas a la comisión encabezada por la senadora Córdoba y el profesor Gustavo Moncayo, propuesta por las Farc. Tras la insistencia de importantes sectores de la población civil, el pasado 8 de julio, Uribe decidió autorizar de nuevo a Piedad Córdoba como parte de la comisión. Sin embargo, puso como condición la liberación simultánea de los 24 secuestrados de la Fuerza Pública y la devolución de los cuerpos de tres prisioneros que murieron en cautiverio.
Dos campos discursivos configurados
Uribe ha presentado tres argumentos para negar la intervención de CxP en el proceso de liberación. Primero, que las liberaciones no se pueden convertir en un “festín politiquero”, segundo, que las Farc quieren nuevamente “engañar a los colombianos” y, tercero, la consecuente “firmeza” que se debe mantener frente a las críticas venideras. Interesa llamar la atención sobre estos tres aspectos porque representan lo que se ha mencionado anteriormente acerca de la división discursiva entre los dos espacios: el primero de ellos acude a la evocación de la tortura, “la sangre arrojada”, las cadenas en los cuellos, la leishmaniasis, las lágrimas, etc.; posteriormente, de ello deriva “el engaño” del que han sido víctimas los colombianos, para concluir por último en la necesidad de la solidaridad y la firmeza frente a cualquiera que quiera romperla.
Esta cadena argumentativa en la que se acude al “engaño” como principal motivo para mantener la firmeza frente a la guerrilla, que viene alimentándose desde la frustración colectiva producida por los diálogos fallidos en el Caguán (Uribe de hecho acude a este ejemplo como hito de sus argumentos) y que ha pasado por las pescas milagrosas hasta los golpes militares a las guerrillas, se ha convertido en un campo discursivo particular, dotado de palabras determinadas (patria, terroristas, etc.)3 , medios de comunicación, imágenes, resonancia en las emociones de la población civil, etc. Allí han logrado acomodarse muchas de las expresiones que frente al tema de secuestro han aparecido en el último año.
El segundo campo discursivo habla de “conflicto social y armado” e “insurgencia armada de las Farc”, distingue entre “secuestrados” y “prisioneros de guerra” e insiste en una salida política al conflicto. Las cartas de CxP que han derivado en la propuesta de liberación del cabo Moncayo se incluyen en este segundo campo y, por tanto, han contado con menos recursos económicos, sociales, mediáticos y lingüísticos que el primero.

Imagen tomada de: www.cambio.com.co
Conflictos discursivos alrededor de la liberación del cabo Moncayo
¿Qué ocurre en los tránsitos entre los dos campos? El encuentro que tuvo lugar el 2 agosto de 2007 entre el Presidente y el profesor Moncayo, marcó para este último el tránsito del campo en el que las víctimas logran acceder a una mayor cantidad de recursos disponibles por ser certificados oficialmente4 a otro en el que se convierten en “estúpidos útiles”, tal como afirmó el Coronel Luis Alberto Mallarín en El Tiempo el pasado 21 de abril, refiriéndose a Moncayo y a la madre de Ingrid Betancur. A su lado están los casos de Consuelo González de Perdomo, Oscar Tulio Lizcano y Luís Eladio Pérez, quienes terminaron haciendo parte de CxP, y con ello, renunciaron a los recursos culturales, sociales y políticos del primer campo.
Estas negociaciones sobre “quién puede decir qué” y “desde dónde puede hacerlo”, han dado origen a un campo discursivo, controlado por las instancias oficiales, en el que las víctimas de secuestro son certificadas sólo cuando hablan desde el dolor, las penurias y la injusticia del secuestro. Lo contrario ocurre cuando trascienden el campo de lo moral y lo emotivo para insertarse en el político, particularmente si es en una posición crítica frente al Gobierno.
Las acciones de CxP
El CxP se ha esforzado por mantener un diálogo epistolar con las Farc. El colectivo se originó tras la respuesta positiva de la guerrilla en octubre de 2008, a una primera carta firmada por cerca de 150 personas que planteaba la posibilidad de iniciar un intercambio público dirigido a definir una agenda que esclareciera las rutas para un posible entendimiento del acuerdo humanitario. Desde entonces, el objetivo de quienes hacen parte del colectivo ha sido centrar el diálogo en la posibilidad de unos acuerdos humanitarios que sirvan como base para el tratamiento de los problemas que mantienen la guerra en el país.
La primera respuesta de las Farc fue la liberación unilateral de seis “prisioneros de guerra”5 a comienzos de 2009, con la participación de Piedad Córdoba en representación de CxP. Tras esto, una tercera carta de las Farc anunció su renuncia a la exigencia del despeje de los municipios de Pradera y Florida, Valle, como condición necesaria para un canje humanitario. En la carta, el grupo insurgente afirmó que en su poder tenía sólo nueve retenidos por razones económicas6 y que pronto enviaría pruebas de vida de los 20 policías y militares en su poder junto a los restos del mayor Julián Guevara.
El trabajo de CxP no sólo ha permitido dichas liberaciones, sino que ha hecho visible una forma de acción particular que comienza a ser apropiada por otros sectores sociales –por ejemplo el intercambio entre el movimiento indígena y la guerrilla a raíz de la masacre de los Awá7– . Sus acciones han significado la puesta en marcha de una visión alternativa, tanto en forma como en contenido, a la planteada por el Gobierno y, sobre todo, han puesto de manifiesto la presencia de la sociedad civil en los diálogos con las guerrillas.
Sin embargo, como se ha visto, las acciones adquieren sentido en un escenario político en el que se ha negociado lo que cada actor representa, a quiénes representa, y lo que cada uno está autorizado a decir. El cambio que el papel del profesor Moncayo ha tenido desde su encuentro con el Presidente y todo el conflicto alrededor de la liberación de su hijo, representan esas tensiones en la lucha por pensar y hablar sobre conflicto armado en el país. Los reclamos que hace Uribe frente al “festín politiquero” que podría derivarse de liberaciones gota a gota como la de Moncayo, esconden su intención de mantener la división entre los campos: las víctimas serán escuchadas siempre y cuando hablen desde la condena moral, pero nunca cuando decidan ingresar a un campo político adverso al oficial. Las víctimas del secuestro, cuyo lugar de enunciación sigue estando exclusivamente en un análisis moralista del conflicto, son la otra cara de la moneda de la seguridad democrática, esa que le otorga el sustento emocional necesario para alimentar la cadena argumentativa y militar y que evidencia los vínculos entre emociones y política.
En conclusión, tal como ha reiterado Piedad Córdoba: “el asunto de las liberaciones es sin duda un asunto político, más no electoral”. Por eso, uno de los retos más importantes está en politizar el tema del secuestro y a todas y cada una de sus víctimas. En colocar al lado del dolor, las penurias, la solidaridad8 , las lágrimas y el espectáculo mediático, las relaciones de poder y las estructuras sociales, económicas y políticas que siguen reproduciendo un conflicto en el que prácticas como la retención de prisioneros o el secuestro siguen siendo posibles.
Bibliografía
Cartas del diálogo epistolar entre CxP y las Farc: http://www.colombianosporlapaz.com
Cartas del intercambio entre indígenas y Farc: http://nasaacin.org
Discursos del Presidente Uribe: http://www.presidencia.gov.co
Doug Mc Adam, Sidney Tarrow y Charles Tilly. Dinámica la contienda política. Barcelona: Hacer. 2005
Vladimir Caraballo. Tras las cifras del secuestro, En Revista Cien Días, No. 66. Disponible en: http://www.cinep.org.co/node/674
Yamile Salinas. Elementos mínimos de un modelo rural incluyente y de una política de restitución de los bienes usurpados a las víctimas. Documento de discusión presentado para la Cumbre Social y Política. Bogotá: 2009.
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1Investigador. CINEP
2Palabras del Presidente Álvaro Uribe durante el Consejo Comunal en Facatativá. Abril 25 de 2009 (Facatativá, Cundinamarca)
3Recuérdese el “manual de redacción” que el gobierno quería donar a las facultades de comunicación del país, en el que se “sugería” entre otros, escribir Patria con P mayúscula,
4Mc Adam et. al. definen la certificación como “la validación de unos actores, de sus actuaciones y de sus reivindicaciones por autoridades externas”, y la descertificación como “la retirada de tal validación por parte de los agentes certificadores” (Doug Mc Adam et al. 2005: 133)
5El diccionario de la Real Academia Española define solidaridad como: “Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”. Su uso en el tratamiento de las víctimas del conflicto armado ha implicado entonces una adhesión a sus causas y no una obligación originada en responsabilidades concretas: “En el PND se confunde el derecho a la reparación con los programas de atención a la población desplazada, pese a que tienen fuentes distintas: La reparación surge de la comisión de violaciones de los derechos humanos y el correspondiente deber de reparar los daños, mientras que la atención se deriva del principio de solidaridad” (Salinas, 2009: 10).
6La discusión sobre cómo deben ser nombrados quienes se encuentran en poder de las Farc ha sido larga y representa justamente una lucha discursiva de amplias consecuencias. Para el caso concreto, la segunda carta que las Farc envían al colectivo justifica el uso de “prisioneros de guerra” de la siguiente manera: “en un conflicto armado y social como el que vive Colombia […], integrantes de la fuerza pública debidamente armados, entrenados y uniformados combaten diariamente, de distinta manera y en diferentes escenarios, con la guerrilla revolucionaria, presentándose bajas de parte y parte, como ocurre en toda contienda bélica. Finalmente una de ellas obtiene la victoria y toma prisioneros de la parte contendiente. Eso ha ocurrido, ocurre e inevitablemente seguirá ocurriendo, aquí y en todo el mundo mientras persistan los conflictos. Ese tipo de capturados, son prisioneros de guerra. Esa es su categoría dentro de la confrontación”
7Acerca del debate alrededor de las cifras de secuestro ver el número anterior de esta misma publicación
8La carta enviada por los indígenas a las Farc puede ser consultada en http://www.nasaacin.org/noticias.htm?x=9632 ; las respuestas de la guerrilla están en la página de colombianas y colombianos por la paz.














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