Apr 22, 2018

Esta semana analizamos el impacto del conflicto armado colombiano en el medio ambiente y el despojo que se ha generado como consecuencia.

 Junto a los expertos:

  • Johanna Herrera - de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, del Observatorio de territorios étnicos y campesinos Pontificia Universidad Javeriana  
  • Juan Sebastián Ospina - Equipo Conflicto, Estado y Desarrollo Centro de Investigación y Educación Popular CINEP / PPP
  • Luis Horacio Muñoz - Director Jurídico y asesor de Dirección General de la Unidad de Restitución de Tierras

 

el análisis que realizamos en Rompecabezas sobre la implementación de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial.

 Con los expertos:

- Luis Briceño, economista y consultor en temas de desarrollo rural.

- Emilio Huertas, Director de la ONG Lutheran World Relief en Colombia. Asesor Ministerio De Salud Y Proteccion Social.

- Lorena Carrillo, investigadora del Cinep Programa Por la Paz del equipo Conflicto, Estado y Desarrollo.

 

En junio y julio, el Centro de Investigación y Educación Popular/ Programa por la Paz (Cinep/PPP), el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) y la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) dictaron el taller Ciudadanía y Democracia a excombatientes de las Farc en ocho Zonas Veredales.

Cada taller contó con el acompañamiento de cinco facilitadores de las instituciones aliadas y el apoyo de excombatientes de las Farc que hacen parte de la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final (CSIVI).

Del 6 de diciembre de 2016 al 15 de agosto de 2017 cerca de 7.000 hombres y mujeres, excombatientes de las Farc, vivieron en 20 Zonas Veredales Transitorias de Normalización, donde entregaron las armas a representantes de Naciones Unidas.

Julio Villavicencio integrante del SJR en Latinoamérica y el Caribe, quien presenció la entrega en la Zona Veredal El Oso, en Planadas Tolima, recuerda: “muchos de ellos salían de esa fila tras entregar el arma y se ponían a llorar. A uno de ellos le pregunté: ¿Por qué duele tanto?, y me respondió: ‘Nosotros nos sentíamos guerrilleros y siendo guerrilleros teníamos un rol, un sentido en nuestras vidas, y ahora ¿qué somos? no sé qué somos ‘”.

Aunque en el marco de la implementación del Acuerdo de paz se planeó que serían 180 días —del 6 de diciembre de 2016 al 31 de mayo de 2017— de residencia en las zonas veredales, desde marzo se conocieron posiciones de las Farc —hoy organizada como el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común — y funcionarios del Gobierno quienes señalaban que se necesitaría más tiempo para la culminación del proceso de reincorporación a la vida civil.

Diversos sectores llegaron por esas fechas a la misma conclusión. Por ejemplo, para Juan Carlos Merchán, investigador del Cinep/PPP, los excombatientes necesitaban tiempo y trabajo para superar temores que tenían. “Hay temores, en primer lugar, por su seguridad porque sabían que estarían rodeados por fuerzas que los quieren muertos sin tener un fusil para defenderse; en segundo lugar, de que se los coma vivos el sistema político y el sistema económico; y, tercero, la conformación del partido político para responder a la política colombiana”, señala Merchán.

Esta reflexión dio vida a un proyecto planteado en conjunto por el SJR, la ESAP y el Cinep/PPP para el desarrollo del taller Ciudadanía y Democracia, que a partir de junio impartirían a los excombatientes en ocho zonas veredales.

Dichos territorios tenían la particularidad de ser espacios que, en mayor o menor medida, estaban rodeados por los rezagos de la guerra. En Charras, Guaviare, se vivía este escenario: en un lado está toda la disidencia porque se mantiene parte del Bloque Primero que no se desmovilizó y, por otro lado, la permanencia de diversos grupos paramilitares. En este lugar, de 200 excombatientes, 50 asistieron al taller; la mitad pertenecían a mandos medios y altos. Como Albeiro, excomandante del Bloque Oriental, un hombre con una figura imponente la que, según Merchán, recordaba a los comandantes clásicos de la guerra, del calibre de un ‘Mono Jojoy’, del ‘Negro Acacio’.

Lo que contrastaba con otras zonas pues la edad de la población que participó en los talleres era diversa; entre jóvenes, adultos que estuvieron 20 o 30 años en la guerra, e incluso niños. “En Marquetalia había un niño de 8 años, Ezequiel” resalta Angélica Aguilar, excombatiente de este grupo guerrillero, quien acompañó los talleres como parte de la CSIVI. A su vez, era notable la presencia de mujeres, quienes estuvieron empoderadas y activas, según cuenta Doris Hernández, coordinadora de la Maestría en Derechos Humanos, Gestión de la Transición y Posconflicto de la ESAP.

Zonas Veredales visitadas, memorias del taller Democracia y Ciudadanía

 Para dar inicio a los talleres en cada zona, se entregaba a los excombatientes la Constitución Política de Colombia. John Jairo Montoya, S.J., investigador del Cinep/PPP quien fue uno de los principales gestores del proyecto, señala el significado de este gesto: “en las ocho Zonas donde estuvimos ese fue un momento muy importante. La gente decía: ‘¿Esto existe? yo no sabía’. Algunos se sorprendían por el parecido con el reglamento que tenían en las Farc”.

El asombro del que habla Montoya se debía a la sorpresa de que, en palabras de Angélica Aguilar, “todo está muy bien en el papel, pero en la práctica estos derechos son casi nulos”, otros decían, según Juan Carlos Merchán: “de ahora en adelante la Constitución y los Acuerdos de Paz serán como una biblia para nosotros, y debemos trabajar para que se cumplan”.

 Para las actividades, algunos se organizaban en grupos, discutían, conversaban, pensaban sobre los temas y luego elegían a una persona que representara al ‘comando‘, como ellos aún en su lenguaje acostumbrado de guerra decían; palabras que les eran familiares, entre otras, como ‘avanzada‘  que la empleaban para repartirse e iniciar el trabajo del taller. Expresiones que el excomandante les reprendía “por qué habla así, este no se ha salido del monte todavía” o “este no se ha quitado las botas”, continuamente poniéndoles de presente el contexto de reincorporación que vivían.

En Charras una mujer reservada, nerviosa, quien parecía intentar adaptarse para “dar la talla”, al tomar la vocería de su ‘comando‘ evidenció los esfuerzos y cambios que enfrentaban en el proceso de adaptación. Merchán, narra su impresión al saber de quién se trataba: “ella era una de las comandantes más difíciles, agresivas, e incluso sanguinarias de la zona. Supe eso y me contrastó con esa señora nerviosa, sin fusil, tratando de expresar bien una idea”.

 Las reflexiones en torno al tiempo y formación que necesitaban los excombatientes, planteadas en marzo, cada vez eran más claras para las más de 40 personas que acompañaron los talleres. Julio Villavicencio del SJR tuvo la oportunidad de presenciar lo difícil que eran esos primeros pasos de transformación: “Me tocó la metamorfosis. Fue todo un proceso de una guerrilla que se fue convirtiendo en un grupo de campesinos que también eran víctimas de una historia de guerra”. A su vez, Doris Hernández señala que “el taller fue oportuno para su transición a la vida civil; fue mostrarles con lo que se iban a encontrar en el ejercicio de ciudadanía”.

Por otro lado, los excombatientes percibieron que esa transformación era en doble vía. Angélica Aguilar menciona el impacto que tuvieron frente a la presencia y enseñanzas de académicos e   investigadores: “creo que lo que más me impactó de ellos fue la forma como dejaron a un lado también los prejuicios, porque entiendo que son 53 años de propaganda, de escuchar, de interpretar, de muchas preconcepciones que se desaprendieron en estas visitas”.

Décadas que, como señala Angélica, generaron rasgos difíciles de romper; la vida comunitaria en Farc es uno de ellos. “A mí me impresionó compartir el saber de lo que es la vida comunitaria, porque me pasó hace 21 años que entré a la Compañía de Jesús. El ir cambiando la mentalidad de que uno pertenece a un colectivo donde se comparte prácticamente todo”, cuenta Jhon Jairo Montoya, S.J., lo que, señala, se hizo evidente a lo largo de los talleres en el servicio comunitario que tuvieron los excombatientes donde si uno cocinaba ‘el ranchero‘ otros servían, y cada quién sabía dónde o en qué debía colaborar con los otros. 

Estos rasgos, que son casi imposibles de resumir y nombrar en totalidad, solo hacen parte de una comunidad de hombres y mujeres que vivieron la guerra, para quienes uno de los mayores pasos del camino a la reincorporación fue el reencuentro con su nombre y apellido.

Al finalizar el taller cuando fueron entregados los diplomas, que tenían los nombres civiles de los excombatientes, nadie sabía quién era quien. “Uno mencionaba un nombre y todo el mundo se miraba y decía ¿Quién es esa persona?”, afirma Juan Carlos Merchán, quien recuerda ese momento, y enfatiza en un caso particular: “yo tomé un cartón y dije ‘Elmer’ nadie sabía quién era Elmer, y salimos del suspenso cuando se puso de pie el comandante Albeiro y todo el mundo se paró y aplaudió, todos nos reímos. Ellos estaban realmente emocionados”.

 Los facilitadores que eran cinco en cada zona entre profesores y estudiantes de la ESAP, investigadores de Cinep/PPP y acompañantes del SJR, en su mayoría, concluyen que los ocho talleres no dejaron conocimientos elaborados o ideas claras sobre ciudadanía y democracia para los excombatientes, lo que es casi imposible en tres días, pero sí preguntas, inquietudes y un profundo intercambio de experiencias desde dos ángulos de la historia completamente diferentes, como lo definió Angélica Aguilar. El encuentro evidenció que “ellos están dando un salto de fe”, concluye Merchán, y permanecen dándolo. Un salto de fe que no deben dar solos teniendo a un país con el que firmaron la paz.

El 5 de diciembre representantes del Cinep/PPP y SJR entregaron la cartilla Ciudadanía y Democracia, producto de dichos encuentros, a directivos de la ESAP. Puedes descargar la cartilla aquí.

 

María Gabriela Novoa
Equipo de Comunicaciones

 

El “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” representa una oportunidad de transformación para la sociedad colombiana en varios puntos que se identificaron como neurálgicos: desarrollo agrario integral; participación política; problema de las drogas ilícitas; reparación de víctimas; y la reincorporación de los guerrilleros de las FARC. Si bien las experiencias internacionales auguraban un año difícil en la implementación de dicho Acuerdo, la visión de las partes parecía inclinarse por un voto de confianza mutuo, bajo el cual, muchas de las dificultades eran en esencia una cuestión de tiempo para que el Estado y la sociedad en su conjunto comprendieran el tamaño y la importancia del acuerdo logrado.

Sin embargo, tras un año de implementación de los acuerdos de paz, el marco legislativo y normativo requerido para la implementación de cada uno de los puntos acordados en La Habana – algunos de ellos bajo el mecanismo vía fastrack-, no han surtido el efecto esperado. Quizás el problema más grave en la implementación de los Acuerdos entre gobierno y FARC, es la violación sistemática a derechos humanos y el asesinato de líderes comunitarios, indígenas, campesinos y afrodescendientes en los últimos meses. El escenario anterior, parece tener en jaque los acuerdos de paz, en la medida que parecemos ser testigos de excepción frente a una dramática renovación a los leitmotiv de nuestras violencia(s) territoriales.

Por esta razón, el número 210 de la Revista Controversia, plantea para su próxima edición, la recopilación de artículos que permitan un análisis crítico de la implementación de los acuerdos de paz de La Habana, a partir de los problemas territoriales, legislativos y normativos, sociales, económicos, y aun de violencia, que han impedido avanzar en la implementación; así como los nuevos retos y perspectivas que deben pensarse como parte de la construcción de renovados esfuerzos de paz con enfoque territorial.

Editor encargado del dossier: Carlos Duarte, Instituto Estudios Interculturales Universidad Javeriana, Cali.

Fechas

Apertura: 15 de diciembre de 2017

Cierre: 1 de abril de 2018

Publicación: junio de 2018

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 https://www.revistacontroversia.com

 

Luego de un largo proceso de elección, el comité de escogencia presentó los 11 elegidos que conformarán la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición contemplada en el acuerdo final de paz. Como presidente de este órgano fue elegido el exdirector e investigador del Cinep/PPP Francisco de Roux, de quien presentamos su perfil, que lo llevó a presidir este importante órgano.

Francisco de Roux nació en medio de una de las familias más prestantes de Cali. Es sobrino de un exministro de guerra, uno de sus hermanos fue Ministro de Salud, otro fue consejero en derechos humanos de la Presidencia de la República y luego concejal de Bogotá y su otro hermano fue vicerrector académico de la Universidad Javeriana en Cali. Sin embargo, su vocación religiosa lo llevó a optar por los menos favorecidos y llevar una vida apartada de los lujos. Ingresó a la compañía de Jesús de La Ceja, Antioquia, a sus 16 años y desde entonces ha vivido y trabajado al lado de comunidades pobres.

Estudió filosofía y letras, y teología en la Universidad Javeriana, y una maestría en economía en la Universidad de los Andes. En 1975 se ordenó como sacerdote. Luego de trabajar unos años como investigador del Cinep en proyectos de empresas comunitarias, viajó a París, donde hizo un doctorado en economía en la Universidad de la Sorbona. En 1980 viajó a Londres para adelantar sus estudios de maestría en el London School of Economics and Political Science.

En 1982 regresó al Cinep, donde se desempeñó como subdirector e investigador hasta 1986, año en que fue nombrado director del centro de investigación. Pacho le aportó al Cinep la mirada académica, investigativa rigurosa y de gran compromiso social y humano. Le aportó también mucho liderazgo en la mediación de los conflictos”, recuerda Marco Fidel Vargas, actual subdirector el Cinep/PPP.

En 1995 y luego de varios años de investigación sobre las causas de la violencia y la pobreza en la región, de Roux creó el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, (PDPMM); para muchos su obra más grande y reconocida. Logró mediar entre la Unión Sindical Obrera, la Diócesis de Barrancabermeja, el Cinep y la Sociedad Económica de Amigos del País para construir un proyecto local y regional de paz territorial desde las iniciativas de las mismas comunidades. Allí articuló los pueblos que están sobre el río Magdalena en Santander, Cesar, Bolívar y Antioquia.

Sobre el PDPMM habla Juan Carlos Merchán, investigador del Cinep/PPP. Se atrevió a sentar en la misma mesa al Gobierno nacional, agencias de cooperación, Banco Mundial, Unión Europea, partidos políticos, centrales obreras, pastorales sociales y empresas para sacar adelante el proyecto del Magdalena medio. “Ese era un proyecto supremamente ambicioso y difícil, pero era la mejor manera de llevar a la vida real toda la teorización económica que él hizo desde el Cinep tiempo atrás”, señala Merchán.

El Programa de Desarrollo y Paz consiste en proyectos de economía campesina y asociación de comunidades para adquisición de créditos que permiten a las comunidades rurales generar proyectos productivos tanto individuales como conjuntas que facilitan el retorno de comunidades desplazadas y hacer frente, de forma pacífica, a los grupos armados de las regiones. Hoy en el país hay 26 Programas de Desarrollo y Paz que se articulan en la Red Prodepaz y que surgieron de la experiencia del Magdalena Medio.

Pacho, como es nombrado por las personas que trabajan con él, es recordado con especial cariño por los pobladores del Magdalena Medio. “Pacho fue siempre un consejero. Nos ayudada desde los problemas de administración de la pesca y el cultivo hasta los problemas familiares que teníamos”, dice Isolina Quintero, pobladora del municipio de Gamarra, Cesar. “Su compromiso con nosotros, la población rural, marcó todo su trabajo. Era capaz de citar a los líderes de los grupos armados para reclamarles y pedir que no nos hicieran daño”, añade.

La capacidad de diálogo de Francisco de Roux sobresale constantemente cuando se habla de él.  “Él se tomó el riesgo de ser un mediador entre comunidades campesinas, organizaciones sociales y actores armados, legales e ilegales. En el contexto de hace unas décadas esto era una situación muy peligrosa y lo que denota es una capacidad enorme para la mediación”, dice Juan Carlos Merchán, quien además recuerda una de las situaciones más difíciles en tema de seguridad que vivió junto a De Roux: “Hacia finales de 2002, cuando los paramilitares acordaban, con el gobierno, su desmovilización, habían prometido una tregua navideña. Eso nunca lo cumplieron y en esa navidad entraron a la Serranía de San Lucas, por lo que decidimos con Pacho subir a estar con la comunidad. En esos días hubo enfrentamientos entre los paramilitares y el ELN, y la población civil quedó en medio. Pacho fue muy valiente e inteligente para demostrarle a ambos bandos que no estábamos del lado de ninguno, sino del lado de la comunidad. Menos mal él habló, pues de lo contrario, no estaríamos”.

En 2008 es nombrado Provincial de la compañía de Jesús en Colombia. Desde entonces ha seguido trabajando en temas de paz, desde los medios de comunicación, en conferencias y como mediador ante grupos armados. Estuvo presente en el acto de dejación de armas de las Farc y se ofreció para intercambiarse por Odín Sánchez, quien estaba en muy mal estado de salud en su secuestro por el ELN, propuesta que no fue aceptada por la guerrilla.

En julio de 2017 una noticia, de la cual fue protagonista, causó gran revuelo en la opinión pública dada su improbabilidad: de Roux logró sentar en una misma mesa a los Jefes de las Farc y a exjefes paramilitares, actores que años atrás eran enemigos a muerte. En un diálogo que duró más de tres horas acordaron poner a las víctimas como actor principal en la implementación de los acuerdos y dejar los odios del pasado para trabajar por la paz del país. Este hecho histórico demuestra no solo la credibilidad que tiene de Roux en los diferentes sectores de la sociedad, sino su capacidad de mediación, incluso entre enemigos de guerra.

Finalmente, fue elegido por el comité de escogencia para presidir la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. Desde su postulación fue candidato favorito para ocupar este cargo pues es tal vez el único que se ha sentado a hablar con todos los bandos involucrados en el conflicto armado colombiano. Según el mismo comité de escogencia, fue elegido por su conocimiento de las regiones, del conflicto que allí se vivió, y por su capacidad de medicación para con los diferentes actores.

 

 

Miguel Martínez
Equipo de Comunicaciones