Editorial: Sin tierra no hay paz

El conflicto por la propiedad y uso de la tierra en Colombia es uno de los principales problemas sin resolver. Quizá el más profundo y estructural. Por eso en el Acuerdo de Paz, el punto sobre la reforma rural integral, tiene como desafío resolver este grave problema. Colombia es uno de los países que históricamente ha sido uno de los más desiguales de Latinoamérica en distribución de tierra. Y, esta desigualdad ha sido reconocida como uno de los detonantes en la creación de organizaciones guerrilleras y paramilitares. Si bien esta situación no justifica la terrible violencia, si la explica.

El reciente informe, Radiografía de la Desigualdad en Colombia, elaborado por la Oxfam Internacional, con base en el Censo Nacional Agropecuario, arrojó datos y análisis alertando sobre la dura situación que viven las comunidades rurales del país. Se indica que el 1% de las fincas de mayor tamaño tienen en su poder el 81% de la tierra; mientras el restante 19% de tierra se reparte entre el 99% por ciento de las fincas. Es injusto que el 0,1% de las fincas que superan las 2.000 hectáreas ocupen el 60% de la tierra. La propiedad de la tierra se ha venido concentrando en pocas manos, mientras la tierra de los desplazados y los baldíos de la nación han quedado en poder de personas y empresas terratenientes. En consecuencia, un millón de hogares campesinos viven en menos espacio del que tiene una vaca para pastar. A esto se agrega que el 42,7% de los grandes propietarios dicen no conocer el origen legal de sus terrenos. Respecto al uso de la tierra, los datos hablan del mal uso que se hace de ella: de 43 millones de hectáreas con uso agropecuario, 34,4 se dedican a ganadería y solo 8,6 a la agricultura. El uso debería ser a la inversa: 15 millones deberían utilizarse para ganadería y se usan el doble; mientras 22 millones deberían usarse para cultivar, pero estamos lejos de esta cifra. No hay duda, se necesita un fuerte cambio en el campo si queremos una paz justa, estable y duradera.

En carta enviada por campesinos colombianos al Papa durante su visita a Colombia el año pasado, decían: “Creemos, al igual que el santo padre, que la tierra debe estar al servicio de la vida y la justicia. Que la agricultura, la alimentación y la vida digna de los campesinos son factores indispensables para el presente y el futuro de la humanidad. Que la madre tierra es un don de Dios y no debe ser utilizada por multinacionales extrayendo de sus entrañas y acabando con la vida, favoreciendo solo a unos pocos vulnerando los derechos de los menos favorecidos. Acogemos con gozo y esperanza su mensaje a los campesinos del mundo donde nos abriga con sus palabras llamando a la solidaridad, la justicia y la equidad. Con esperanza y fe en Dios”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director del Cinep/Programa por la Paz

Modificado por última vez en Martes, 08 Mayo 2018 15:03