Jun 20, 2018

El legado de Marc Chernick para los constructores paz

In memoriam

Momentos antes de morir caminábamos y conversábamos. La calle empinada por la que subíamos se hizo más aguda y exigió de nosotros una respiración más a fondo y un andar más pausado, sin prisa, en el que las palabras se dieron al silencio y el corazón a la meditación. Tras esperarlo unos metros adelante, sentí que ya se aproximaba a mí, lo miré, sonreía, pero la muerte, que no tiene pausa, lo arrastraba ya a toda prisa y, por más que corrí con todo mi aliento cogiéndolo con mis dedos por algunos girones de su camisa, no logré rapárselo de regreso. Allí estuvimos juntos, sin saberlo de antes, para esta cita con la muerte; la suya… y yo que también con él moría un poco.

Llevo estos días resucitando y también dejando que Marc resucite en mis recuerdos. En ello he estado, dejando ponerse en flor algunas ideas que quiero compartir, renacientes de tantas conversaciones con él. Marc siempre fue de este modo un maestro. Quiero escribir estas líneas desde el espíritu, desde la sensibilidad humana que nos une; es allí donde todas las cosas valen la pena. He aquí un par de lecciones del maestro:

Comprendo ahora, con más fuerza, que el trabajo apasionado de un hombre, de una mujer, por una causa grande, como lo es la paz, es espiritual. No puede ser desde otro lugar; no puede ser desde el poder, desde el interés material, desde la vanidad individual. Es un trabajo profundo del espíritu. Marc trabajó con pasión más de 30 años por la paz de Colombia; tal fidelidad en este propósito, tal sentido de entrega rigurosa a profundizar en las causas y proponer alternativas sólo es posible desde el espíritu. Desde allí, con el amor que tantos reconocemos de él, fue construyendo comunidad. Su pasión por la paz venía empujada desde este lugar de trascendencia en el que él ahora se encuentra.

Comprendo también, desde este mismo lugar, por qué para un académico de la talla de Marc Chernick lo más importante es la gente. Marc fue un estudioso de Colombia que hizo su carrera a punta de cincel, en diálogo con los campesinos, con los indígenas, con líderes y organizaciones en muchas regiones del país, a la par que con la academia internacional. No fue un académico de escritorio; su diálogo no era con las elucubraciones abstractas, su diálogo era con el sentir de la gente. Su diálogo “académico” fue desde el lugar de lo profundamente humano, buscando comprender anhelos, preocupaciones, sueños de la gente. La sensibilidad de Marc resonaba como una melodía en su chelo. Un acuerdo de paz, un cambio estructural, una transformación política, tienen sentido si tocan la profundidad humana de la gente, si resuelve sus problemas, si crea condiciones para la buena convivencia. Las conexiones de Marc fueron desde el espíritu; pues sólo desde allí se dimensiona la profundidad del ser humano.

Y comprendo ahora, a la postre, por qué Marc siempre sonreía. Se deriva de allí; pues la expresión más evidente del espíritu, del amor, es la alegría. Aun en medio de las confesas decepciones de Marc con los procesos de paz en el país, que estudió con tanto ahínco, siempre estuvo allí con esperanza e interés de aportar. Lo hacía feliz compartir con la gente, charlar con todos, escuchar sus historias, conocer su trabajo, indagar por sus apuestas, sus aprendizajes, sus logros en medio de tantas dificultades y conflictos. Marc siempre quería venir a Colombia y correr a las regiones; siempre quería estar con la gente, siempre buscó esta fuente de conocimiento, que en el fondo, desde el espíritu, es fuente de alegría. Todos recordamos a Marc sonriente. Estaba enamorado, por eso siempre quería venir al país, y ese amor lo hacía feliz. Fue lo último que hablamos momentos antes de morir. Le pregunté cómo se sentía en Colombia, cómo estaba pasando este tiempo, ya como residente. Y me respondió con su voz calmada y profunda, con tanto regocijo, que hasta yo mismo sonreí: “Estoy muy feliz”.

Marc, ahora respiro profundo, resucitado, con serenidad. Ahora estamos unidos en una gran comunidad. Que nos mueva el espíritu. Eso somos. Eso necesitamos.

 

Fernando Sarmiento Santander

Bogotá, 24/04/2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Modificado por última vez en Lunes, 21 Mayo 2018 17:26